Buenos Aires, 20/10/2017, edición Nº 1801

Los vinos con azucar no paran de ganar adeptos

Desde los frizantes de otra época a los espumantes dulces de hoy, el azúcar es un factor que parece seducir al bebedor local. Una movida que llegó para quedarse. (Ciudad de Buenos Aires) Prrimero fueron los frizantes. Después los tardíos. Y ahora llega el turno de los espumantes.Cada vez más vinos dulces salen a la venta en nuestro país y el azúcar parece ganar terreno en las góndolas, en donde...

Desde los frizantes de otra época a los espumantes dulces de hoy, el azúcar es un factor que parece seducir al bebedor local. Una movida que llegó para quedarse.

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(Ciudad de Buenos Aires) Prrimero fueron los frizantes. Después los tardíos. Y ahora llega el turno de los espumantes.Cada vez más vinos dulces salen a la venta en nuestro país y el azúcar parece ganar terreno en las góndolas, en donde pasó de ser un dato vergonzante para los especialistas a una realidad de ventas crecientes que ya conforma un floreciente mercado.

Sin ir más lejos, este año llegaron a la góndola un puñado de espumantes dulces a dar la nota. Norton lanzó su Cosecha Tardía Rosé, Las Perdices puso en la calle su Sweety y Chandon hizo lo suyo a comienzos de año con Délice, su demi sec para coctelería. Tres ejemplos que, antes que reflejar una tendencia de temporada, se suman una góndola en donde el dulzor es la clave del éxito.

Ejemplos numéricos sobran. Como el caso del espumante patagónico Deseado, de Familia Schroeder, arrancó hace siete años con 11 mil botellas y hoy vende unas 700 mil por año –y en pleno ascenso-, sin mencionar que además debió imponer una marca que no existía. Algo que en el caso de Norton es más palpable aún: nada más su Cosecha Tardía tranquilo –una marca que existe desde comienzos de los 90- vende miles de cajas al año, bastante más que toda la línea de varietales de la bodega junta. En ambos casos según fuentes de las empresas.

¿Cuál es el punto en común entre estos vinos con y sin burbujas? El “factor dulce”. Hay un hecho técnico y es que los vinos con azúcar son más sencillos de beber, porque su dulzor enmascara asperezas y defectos que pudieran estar en el producto. Pero con una industria que elabora vinos sanos, las razones para el boom del azúcar hay que buscarlas en otro lado.

Consumidor sweet
A mediados de la década de 1990 los frizantes resultaron una revolución en el consumo. Eran una categoría descontracturada, que lo mismo cuajaba en la previa de un boliche como en una reunión familiar en pleno verano. Desde la aparición de New Age en 1996, los frizantes –vinos dulces con la chispa de unas burbujas muy finas- llegaron a cubrir casi el 1,6% del mercado del vino hasta 20 pesos, con marcas como Frizze y Suá en el top.

Y en esa efervescencia se dio un fenómeno interesante: nuevos bebedores entraron al vino, en especial jóvenes y mujeres que encontraron en el dulzor, en el perfume y la frescura de estos vinos un anzuelo atractivo. Anzuelo que la mayoría de las bodegas buscaron tener en la forma aspiracional de vinos de postre y tardíos, de precio alto y consumo exclusivo, como son Alegoría o Afincado el Yaima Tardío (más de 100 pesos) por citar dos ejemplos perfectos, de la movida local en tardíos.

Pero en la gama media (20 a 30 pesos) sucedió otra cosa a contar de la década de 2000. Vinos dulces naturales como Santa Julia Chenin, el propio Norton Cosecha Tardía -dos ejemplos clásicos- cada año vendían más botellas. La explicación más plausible es la que aporta Norton: los que habían ingresado por los frizantes no saltaron a los vinos secos, sino que cuando la categoría profundizó su veta nocturna -y dejó de seducir al ama de casa- los consumidores migraron a vinos tranquilos y dulces, que compran en supermercados y consumen en su hogar. Lo que explica el boom de estos productos de alta venta, con marcas como Trapiche Dulce Natural, Elementos dulce Natural, o el flamante Valbona Moscalte Dolce que acaba de llegar al mercado.

Y en rigor, los consumidores siguieron prendados del azúcar. A tal punto que ahora incluso hacen el salto aspiracional de la mano de las burbujas, cuyo mercado está en pleno ascenso: con precios que superan los 40 pesos, las burbujas dulces casi representan 1 de cada 10 botellas despechadas –según CCR e INV- y entre 2011 y 2010, crecieron el 45%, con marcas flamantes como Novecento Capriccio de Dante Robino o Callia, de la bodega homónima, o más instaladas como Vivace y Dolce, de Freixenet y La Riojana respectivamente.

El momento dulce
El truco, explican fuentes del mercado, está en que hay dos grandes modelos de consumo. Uno, el femenino, que asocia estos productos a la comida: desde aperitivos a postres. Otro, el de los hombres, que los consumen en la noche, muchas veces combinados con otros alcoholes, como tragos o bólidos con energizantes.

Sin ir más lejos, al cruce propuesto por Délice –con una rodaja de pepino o con unas hojas de albahaca- se suma el perfect serve que propone Aperol –el aperitivo italiano- con una parte de Cosecha Tardía espumoso para su spritz. Más allá de las mezclas de turno, una cosa parece clara en el mercado argentino: el azúcar seduce a una importante cantera de consumidores. No en vano el dulce de leche es tan local como el helado. A ellos se suman ahora frizantes, tardíos y espumantes dulces.

Informe de Planeta Joy

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