Los vecinos del sur de la ciudad son los que menos van al cine

Según un informe realizado por el Consejo Económico y Social de Buenos Aires (Cesba), cuatro de cada 10 personas no visitó un museo en los últimos seis meses; la oferta de salas en estos barrios es escasa.

(CABA) Las dos se ilusionaron cuando hace unos años circuló el rumor de que en el paseo de compras de la avenida Escalada y Fernández de la Cruz, vértice de Villa Lugano y Soldati, iban a abrir un cine. No ocurrió. “Para ir a ver una película tenemos que ir a Caballito o a Palermo y tomarnos, por lo menos, dos colectivos”, dice Rocío Justa, que cursa el último año del secundario. Su madre, Cristina, se acuerda del último cine que existió en Villa Lugano: El Progreso. “Ojalá volviera. Ahí vimos Harry Potter. Todo el barrio iba. Hoy ni Lugano ni Soldati ni Mataderos tienen cines.”

La lista de barrios porteños con poca o nula oferta cultural propia se concentra en una misma franja: el Sur de la ciudad. Una zona donde también se da otro fenómeno estre-chamente ligado que da cuenta de que los vecinos del Sur son los que menos cantidad de veces fueron al cine, al teatro o a un museo en la primera mitad del año, según un informe realizado por el Consejo Económico y Social de Buenos Aires (Cesba).

En los últimos seis meses, de acuerdo con la encuesta, 6 de cada 10 vecinos del Sur de la ciudad no fueron nunca al teatro, mientras que en el Centro y Norte son 5 de cada 10. Respecto de museos, centros culturales o exposiciones, 4 de cada 10 vecinos del Sur no concurrieron nunca en los últimos 6 meses, mientras que en el Centro y Norte de la ciudad la cifra baja a tres de cada diez. La asistencia al cine también es menor en el Sur, donde 3 de cada 10 no fueron nunca en los últimos 6 meses, a diferencia del Norte y Centro donde son 2 de cada 10.

Incluso, entre los que asistieron una o más veces al cine, teatro o museos, los porcentajes de concurrencia son siempre superiores entre los vecinos del Centro y Norte de la ciudad. El informe, realizado el mes pasado, se basa en un cuestionario a 2200 vecinos de la ciudad, mayores de 16 años. Cuando se habla del Sur se refiere a las comunas 4, 8 y 9, conformadas por los barrios de Liniers, Mataderos, Parque Avellaneda, Villa Lugano, Villa Soldati, Villa Riachuelo, Nueva Pompeya, Parque Patricios, Barracas y La Boca.

Aunque el informe afirma que el porteño es un usuario que cubre un amplio espectro de las ofertas culturales disponibles, también hace hincapié en esa diferencia que existe en la frecuencia de los consumos culturales según la zona, donde el vecino del Sur queda atrás.

Con echar un vistazo al mapa elaborado por el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SINCA), se puede comprobar la concentración de la oferta cultural en el centro y norte de la ciudad. En el caso de las salas teatrales, por ejemplo, de los 288 registros consignados, apenas tres se encuentran en la comuna 8 y 9. La Boca y Barracas son los únicos barrios del Sur con una oferta más amplia.

“El objetivo inicial de la encuesta es realizar este tipo de mediciones para luego tomar decisiones de políticas públicas -dijo Federico Saravia, presidente del Cesba-. Como la encuesta lo indica, es imprescindible reforzar la oferta cultural gratuita en la Ciudad y la difusión de la misma, pero orientándola preferentemente en la zona Sur.”

En el Ministerio de Cultura porteño dijeron que se trata de una cuestión histórica del desarrollo de la ciudad que la gran mayoría de los sitios e infraestructura donde se consume cultura esté en el corredor que forman las avenidas Del Libertador y Corrientes. “Sin embargo, desde hace unos años hay una tendencia de transformarlo, una política que apunta a fortalecer las redes culturales de los barrios -dijo un vocero-. La Usina del Arte, el Proa y el Distrito de las Artes fueron impulsados para modificar eso. Hoy el festival de Tango tiene 42 sedes, el Bafici 27, y durante las vacaciones de invierno estuvo 15 días la carpa del San Martín en Parque Patricios.”

Ricardo Núñez, vecino de Mataderos, de 77 años, cuenta que para presenciar un espectáculo con su esposa debían viajar en un remis hasta al centro. Llegó a aprovechar el fugaz regreso del Cine El Plata a su barrio, cerrado otra vez en diciembre. Por eso, la reapertura del teatro Gran Rivadavia, en el límite del barrio Vélez Sarsfield y Floresta, les devolvió la chance de disfrutar de un estreno de cine o de una obra de avenida Corrientes sin tener que cruzar la ciudad.

El Gran Rivadavia es un ejemplo exitoso de las movidas que inician los vecinos para que salas históricas de los barrios no se conviertan en comercios o edificios abandonados, algo que sucede desde hace más de una década y que margina a los barrios de la oferta cultural.

En esa lucha se encuentra un grupo de vecinos de Parque Patricios que procura la vuelta del Cine Teatro Urquiza, cerrado en los 60. “El Distrito tecnológico trajo al barrio movimiento de oficina, pero falta oferta cultural que es lo que da vida”, dijo Octavio Martin, uno de los vecinos.

La memoria emocional fue la que le disparó a Ammiel Sancho, de 24 años, el interés por el Cine El Progreso de Villa Lugano. Su madre andaba enferma cuando reabrió en 1999 y, como les quedaba cerca, era el único lugar donde ella podía llevarlo. Con su compañero de radio Enrique Ricagno, de 50 años, trabajan en un corto sobre esa sala. Todo sea por, al menos, reconstruir la historia del espacio.

S.C.