Buenos Aires, 14/12/2017, edición Nº 1856

Los tres nuevos ministros de Cultura articularán políticas comunes

Pablo Avelluto, Darío Lopérfido y Alejandro Gómez planean una retroalimentación de las áreas de cultura entre los gobiernos de Nación, Ciudad y provincia.

(PBA) Aunque, por separado, se conocen hace más de veinte años y transitaron juntos lugares comunes, nunca hasta ahora, para esta charla con la nacion, se habían sentado a la misma mesa. Pablo Avelluto, Darío Lopérfido y Alejandro Gómez, flamantes ministros de Cultura de Nación, Ciudad y provincia, comparten orígenes y formación (los años en la carrera de Comunicación y la militancia universitaria), y además crecieron en democracia, rasgo generacional que, según creen, les dejó para siempre una visión pluralista.

“Soy de la primera promoción de Ciencias de la Comunicación, dábamos clases a los más chicos y el «Conejo» Gómez integraba un grupo de Franja”, cuenta Avelluto. “Los tres pasamos por esa facultad que esta vez institucionalmente llamó a votar por Scioli”, sigue Gómez. Lopérfido estudió allí un año y medio. “Iba mucho porque estaba el «Conejo» y el resto de mis amigos”, acota Lopérfido. En la facultad tenían, entre otros profesores, a Jorge Telerman y Ricardo Forster. El fantasma de los años kirchneristas recorre toda la charla. Ahí el unísono generacional se quiebra un poco. Mientras uno de los ministros (el de la Nación) quiere terminar con la “grieta” (“yo no sé a quién vota el señor Duprat”), otro (el de la Ciudad) no deja de señalar la distorsión que, según dicen, generaron estos años en la relación entre cultura y política.

-A lo largo de las distintas campañas, la cultura no ocupó un lugar central en los debates. ¿Cómo viven esa situación?
Alejandro Gómez: Es una muestra más del estado de la Argentina.
Darío Lopérfido: No se pude pensar la campaña como si esto fuera Suecia. Fue una campaña en la que había dos modelos: uno tenía que ver con que la república siguiera funcionando como república, y en el otro el deterioro de la cosa republicana era notorio y se iba a pronunciar mucho más. Eso monopoliza todo.
Pablo Avelluto: Sin contradecirte, creo que en el fondo hubo una discusión cultural aunque no de política cultural. La polarización que se dio fue una manera de entender la cultura democrática. Lo que se opuso es una cultura del siglo XX frente a una cultura política del siglo XXI. Si uno lo mira en términos discursivos, daría la sensación de que había una diferencia significativa.

-Tienen una idea de cultura más cercana a lo antropológico o a lo artístico e intelectual?
Lopérfido: Esa idea de que todo es cultura surgió en los años 50. Se trató de ser inclusivo, bien intencionado. Pero T. S. Eliot decía en un ensayo que si todo es cultura, cultura no es nada. Para mí, tomar mate y tocar la Novena de Beethoven son cosas distintas. Yo no me dedico a pensar lo que significa tomar mate a la mañana.
Avelluto: Hay tres niveles de evolución. Primero, la protección patrimonial. Hay una segunda fase que tuvo que ver con el incentivo a la creación por parte del Estado. Y después vino la tercera, que nos une a los tres que estamos alrededor de esta mesa, que tiene que ver con la innovación, con los recursos de esta época. Las tres coexisten, se reatroalimentan. Eso ayuda a esa definición que buscabas.

-En esta etapa de transición, ¿se reunieron ya con los ministros salientes? ¿Qué encontraron?
Gómez: Debo decir que Jorge Telerman es mi amigo personal y tiene una mirada de la cultura muy afín a la nuestra, más allá de que haya elegido otro candidato presidencial. Jorge es un gestor contemporáneo a nosotros En esa lógica, me armó una autopista, no tuve ningún tipo de inconveniente, que es lo que debería ser.

¿Es una autopista o una ruta sin pavimentar con pozos?
Gómez: Una ruta con pozos, digamos. Me impactaron negativamente varias cosas que tienen que ver con la provincia en sí misma que exceden a Cultura. Por ejemplo, el atraso en la concepción del Estado desde el punto de vista de lo administrativo. Lo que había hace ocho años en la ciudad de Buenos Aires es un avión frente a la carreta que es la provincia. Yo vengo al Colón seguido. El Colón tiene 1200 trabajadores y lo recorrés y encontrás vida, te topás con gente todo el tiempo. Recorrí el Teatro Argentino de La Plata, que tiene alrededor de 900 empleados, si me topé con 30 estoy siendo generoso. Vi un lugar triste.

-El Argentino tuvo un momento, con la dupla Iglesias-Lombardero, en que había conseguido estar un poco más vivo. ¿Cuál es tu idea para el teatro?
Gómez: En el futuro, el Colón y el Argentino van a convivir, acordar políticas. No deben competir, deben trabajar juntos. Ese nivel de diálogo también lo pensamos tener entre el Teatro San Martín y el Auditorio de Mar del Plata.
Lopérfido: La gestión de Iglesias y Lombardero tuvo cosas memorables. Pero la aridez intelectual de 12 años de kirchnerismo hace que la única discusión posible que exista sobre parámetros de gestión normales haya sido la de la ciudad de Buenos Aires. Quiero que por un tiempo no perdamos el eje. Nos pasamos tres meses discutiendo si, por ejemplo, Mario Vargas Llosa podía abrir la Feria del Libro. Ibas al Argentino, teatro lírico, y había un cartel anarajando que decía “Daniel Scioli gobernador”. Eso era prepolítico.
Avelluto: Haber antepuesto las afinidades partidarias, ideológicas a la política cultura fue el principal error de estos años. La política cultural democrática no es eso. Al tipo que vas a contratar no le preguntás a quién votó, es irrelevante.
Gómez: En mi sector, hay músicos que son amigos míos que compraron eso y que me decían que no iban a tocar para Macri, sin entender que iban a tocar para la gente. Y nunca invadimos un escenario con un cartel de Macri. Pero ese discurso prendió tanto que muchos consideraron que debían actuar para un gobierno y no para el otro.
Lopérfido: El kirchnerismo no descubrió nada. La estructura del populismo finalmente siempre fue así en todas las épocas.
Avelluto: Por eso es tan importante en esta nueva etapa no actuar en espejo, no repetir lo mismo con el signo contrario, no buscar a los creyentes de una fe nueva para destruir la anterior y seguir en la misma lógica populista. Nuestra responsabilidad es terminar con eso.

-Es la primera vez que Ciudad, provincia y Nación estarán bajo el mismo color político. ¿Hasta dónde cada una de estas gestiones preservará su marca o buscará gestión homogénea?
Avelluto: En principio no pasará por competencia sino por una política cultural consistente porque los tres compartimos valores. La responsabilidad territorial es diferente. Uno de los déficits que tenemos es la centralidad metropolitana. Es complejo encontrar, por ejemplo, teatros líricos en condiciones en las provincias. Mi trabajo estará en ver lo que sucede en otras regiones porque las desigualdades son muy marcadas. Tengo que llevar la gestión adonde hay pocos recursos porque esta gestión la sostienen los 40 millones de argentinos. Lo bueno es que, junto a mi accionar, van a estar Darío y Alejandro, que tienen cabeza y equipo para alimentar la gestión. Y junto a Alejandro tendremos mucho trabajo en el conurbano, que es, en verdad, el fondo de la grieta socioeconómica de la Argentina.

-Solía criticarse de estos años que el Incaa financiaba películas que no veía nadie. Pero la taquilla no parece ser el mejor criterio para decidir qué proyectos apoyar.
Avelluto: El Estado tiene que garantizar la diversidad, tiene que acomodar la fuerza del mercado para que existan los espacios que van mas allá de esa lógica. A lo que sí me opongo es a que con recursos del Estado se financie propaganda, porque de ese modo achicás el campo de la experimentación. Pero es cierto que el impacto no lo podés medir exclusivamente en términos de audiencia.

-¿Cómo fue el encuentro con Teresa Parodi, la ministra saliente?
Avelluto: Tuvimos una reunión muy cordial. Me esperó con un gran volumen de información que estamos analizando, pidiendo más detalles, estuvimos hablando de programas, de cómo había organizado el ministerio. Me contó algunas situaciones, como la de los andamios del Teatro Nacional Cervantes; por qué no se había logrado licitar el arreglo?

-¿Hay una planta “camporizada”?
Avelluto: No lo sé. De vuelta, hay alrededor de 4000 personas que trabajan para el Ministerio de Cultura, y si son de La Cámpora o de la Ucedé para mí es irrelevante. Lo que sí me interesa mucho es qué hacen, cuándo y para qué fueron contratados. No venimos a sacarle el trabajo a la gente. El mismo caso de Duprat es aplicable a cualquier persona. Sí está el caso del Centro Cultural Kirchner, donde hubo un aluvión de designaciones y nombramientos en las últimas semanas. Tendremos un enorme trabajo de recursos humanos y modernización, como ya se hizo en la Ciudad.

-¿Y en el Cervantes? ¿Siguen Rubens Correa y Gallardou?
Avelluto: Esa gestión tiene cosas que podemos mantener; estamos viendo cuál va a ser el mecanismo. Habría posibilidad de que ellos continúen.
Lopérfido: Y los andamios hay que mantenerlos, son ancestrales…

-¿Y los andamios del Complejo Teatral?
Lopérfido: El problema que tiene el edificio del San Martín es que el hall está usándose como obrador de las obras que están abajo, porque en las salas las obras están terminadas: la Martín Coronado, la Lugones, la Casacuberta están listas. Y en el Alvear ya está terminado el techo, que era el problema más grave. Están con la instalación eléctrica y calculan que en no más de tres o cuatro meses estará terminado. Obviamente mi primer tema en el gabinete va a ser ése, porque para mí el teatro San Martín es el eje clave del teatro de prosa en Latinoamérica. Tengo una afinidad muy particular con ese teatro. Es el teatro al que fui toda mi vida. Aprendí mucho ahí y es un eje clave de mi gestión.

Alejandro Gómez
Presidente del Instituto Cultural de la Provincia de Bs As (reemplazará a Jorge Telerman)
Entró a la gestión pública en 1996 en el área de Cultura de la Ciudad. Fue jefe de Gabinete de Lombardi. Actualmente, es el subsecretario de Gestión Cultural.

Darío Lopérfido
Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires (reemplazará a Hernán Lombardi) y director artístico del Teatro Colón. Fue director del Centro Cultural Ricardo Rojas. En 1996, fue secretario de Cultura. Entre 1999 y 2001, con el gobierno de la Alianza, pasó a ser el secretario de Cultura y Comunicación de la Nación. En tiempos de las PASO, apostó por Rodríguez Larreta.

Pablo Avelluto
Ministro de Cultura de la Nación (reemplazará a Teresa Parodi)
Fue gerente editorial de Torneos y Competencias y director general de Random House Mondadori. Es el coordinador del Sistema de Medios Públicos de la ciudad.

Nombres propios
Aunque no dieron precisiones de los equipos, son casi un hecho las designaciones de Viviana Cantoni y Luciana Blasco como subsecretarias de Cultura de la Ciudad, lo mismo que María Victoria Alcaraz como directora general del Colón. Para el cargo de director del Argentino de La Plata, está confirmado Martín Bauer. Avelluto, por su lado, quiere la mayor cantidad de cargos por concurso.

Las líneas de trabajo
Retroalimentación de las áreas de cultura entre los gobiernos de Nación, Ciudad y provincia.
Puesta a punto del Teatro San Martín y del Teatro Presidente Alvear.
Reformulación de la relación entre la cultura y la política y entre los artistas y el Estado.

ministros de Cultura

Fuente: La Nación

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