Buenos Aires, 19/10/2017, edición Nº 1800

Los taiwaneses también festejaron año nuevo en el barrio chino

Miles de taiwaneses residentes en la Argentina y argentinos que practican artes marciales chinas festejaron el año nuevo lunar en la ciudad de Buenos Aires. Los festejos se centraron en la cuadra de Arribeños entre Olazábal y Juramento, epicentro de la comunidad, en la que se presentaron músicas, danzas y otras demostraciones artísticas tradicionales, cuyo momento culminante fue el paso del dragón, representación de lo divino, animado por 25 personas....

Miles de taiwaneses residentes en la Argentina y argentinos que practican artes marciales chinas festejaron el año nuevo lunar en la ciudad de Buenos Aires.
Los festejos se centraron en la cuadra de Arribeños entre Olazábal y Juramento, epicentro de la comunidad, en la que se presentaron músicas, danzas y otras demostraciones artísticas tradicionales, cuyo momento culminante fue el paso del dragón, representación de lo divino, animado por 25 personas.

En ese lugar está la sede de la Asociación de Inmigrantes Taiwaneses en la Argentina, rodeada de comercios fundados por la primera oleada, hace 30 años, de inmigrantes de la provincia china de Taiwán, que no acepta al gobierno de Pekín.

Los festejos atrajeron a vecinos, transeúntes y turistas que además de presenciar los espectáculos, visitaban en la zona los locales gastronómicos y bazares de la colectividad, también decorados para la ocasión.

A Ana Hsu los papás la trajeron de Taiwán cuando tenía meses de vida, hoy más de veinte años después, es la responsable de comunicación del evento.

Ana explicó a Télam que “este domingo se festeja el año nuevo lunar, el 4710 de nuestra era; festejamos la llegada de la primavera, el tiempo de la cosecha”.

“En este festejo lo más importante siempre es la presencia de leones y dragones, presencia divina que ahuyenta malas energías. También en el festejo es muy importante la comida, la cultura taiwanesa le presta mucha atención al arte culinario, donde cada plato que se come tiene un significado especial”, ilustró.

Ana admitió que la suya es “una comunidad bastante supersticiosa”.

“Cumplimos con todas las tradiciones al pie de la letra, se hace una limpieza a fondo de la casa antes del último día del año, y además, los mayores entregan a los niños sobrecitos rojos con dinero en vez de regalos. Es una de las colectividades que más tradiciones mantiene de la cultura mandarín”, informó.

“Los que viven acá en la zona saben que éste es el barrio taiwanés, porque la primera inmigración asiática en llegar es la nuestra, después en los años noventa se da la llegada de inmigrantes chinos en grandes cantidades, pero somos un barrio fundado en familias taiwanesas”, finalizó Ana.

Máximo Lee es el presidente de la asociación, tiene poco más de 50 años y llegó al país en 1982 junto con su mujer y su hija.

Lee le contó a Télam que “tenía un amigo mío que estaba acá, me invitó a conocer y cuando vi me quedé”.

“Acá el aire es muy bueno, puro, y además en esa época no había tanto tránsito pesado y uno podía ir y venir cómo quería, pero lo que más me decidió fue el clima, que es lo más importante para una vida sana”, explicó Lee.

“Empecé con un supermercado, después cuando junté la plata instalé una fábrica de leds, es un país muy bueno para trabajar”, aseguró el emprendedor taiwanés.

“Mi hija estudió acá y el año pasado se recibió de doctora. Siento un orgullo muy grande de ella y agradecimiento para la Argentina”, agregó Máximo.

“Lo que más me gustó de la Argentina es la forma de ser de la gente, es muy franca y directa. Cuando algo le gusta lo dice y cuando no le gusta también lo dice, habla del problema y sigue con su vida feliz, allá es más complicado por las costumbres”, reconoció Lee.

“Yo soy taiwanés, ese es mi país, pero soy feliz acá, con buen clima y con buena gente. Si yo quisiera plata me voy a Taiwán, pero para qué quiere uno plata si no es feliz”, razonó.

Lin Ching Sung tiene 65 años y llegó al país en 1980 a enseñar artes marciales. Contó a Télam que “el Kuo Shu que mostramos hoy es el arte marcial del pueblo chino, pensado para que todos, desde los chicos de tres años hasta los ancianos, puedan practicarlo”.

“El Kuo Shu es un arte, no es para la violencia. Eso se nota en la gracia de los movimientos, que son más de danza que de pelea. La idea es generar paz y crecer física y espiritualmente. Para nosotros el arte marcial es parte de la tradición y de la religión”, añadió el maestro.

El embajador taiwanés en la Argentina, Mateo Lee, dijo a Télam que “la cultura y las tradiciones son necesarias para afirmar las raíces de cualquier civilización”.

“Para nosotros es muy importante que la segunda generación de taiwaneses en la Argentina, los que nacieron aquí, no sólo se adapten a la sociedad argentina sino que se abracen a su identidad cultural taiwanesa”, propuso.

“Hay grandes diferencias entre ambas culturas y es muy difícil encontrar puntos de contacto, pero una de las cosas en las que nos parecemos es en el mate, porque ustedes le adjudican un valor social a las rondas de mate que nosotros allá le damos a juntarnos a tomar té verde”, explicó el funcionario.

Lee ejemplificó que “una de las diferencias culturales más grandes es la horaria, los taiwaneses cenan cerca de las 18 y ustedes a esa hora recién meriendan, y a las 22 cuando nos estamos acostando ustedes se sientan a cenar”.

“Hoy la colectividad taiwanesa ha diversificado mucho su actividad económica. Ya no son tantos supermercadistas, porque han crecido y se dedican a la actividad inmobiliaria o a producción de diversos productos. Por ejemplo, me tocó visitar varios viñedos en Mendoza que elaboran vino para bodegas más grandes y ahora vamos a tratar de que generen una marca propia para exportar a Taiwán”, finalizó el embajador.

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