Buenos Aires, 21/10/2017, edición Nº 1802

Los seductores rincones de Parque Chacabuco

Un recorrido por los secretos de un barrio donde no hay fotos obligadas ni souvenirs típicos, sólo lugares auténticos.

Por Judith Savloff

(CABA) Hay vecinos que se acuerdan. Lo vieron. Se los contaron. Era en Asamblea y Emilio Mitre, cerca de donde está la escultura del gran Yaguareté (1935), sobre el que sacarse una foto de chico se convirtió en un clásico de generaciones. Por ahí, a principios del 1900, la gente esperaba que abrieran un portón para ir, entre vendedores ambulantes y organilleros con cotorritas de la suerte, al tambo y comprar leche recién ordeñada.

Claro que el Parque Chacabuco cambió. Diseñado en 1903 por el paisajista Carlos Thays –el mismo de los Bosques de Palermo y otras maravillas porteñas- también tenía, por ejemplo, un camino de eucaliptos que quitaron en los ’80 cuando construyeron la autopista 25 de Mayo.

Sin embargo, con su Fuente de los sapitos –más chica y sin los bronces originales–, la calesita de Tatín (1960) casi intacta y el centro cultural Adán BuenosAyres (1984), el Parque sigue siendo “el corazón del barrio”, como afirma Javier Cortese, guía del Ente de Turismo porteño y vecino de toda la vida.

Enfrente, la Iglesia de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (1930) atrae multitudes de fieles los 27 de noviembre y deslumbra con sus 110 vitrales. Pero Cortese muestra la Parroquia de San Lorenzo Mártir (también, 1930), con su rosetón, sus asimetrías y su torre, que se levantó con hierro, cartón y chapas por fuera.

El barrio guarda otros “secretos” para los visitantes. San Lorenzo reúne vecinos en El Modelo (1908), bar, luego almacén y ahora especie de sociedad de fomento, un museo vivo donde a veces se juega a las cartas con porotos y, si hay lugar, pueden pasar “turistas”. (Algo pican. Si no, sobre Asamblea, entre Centenera y Mitre, hay cafés y pizzerías.)

escultura Yaguareté2

El barrio rescata más de su historia. Puede ser en la conservación de alguna casita del “sub barrio” Butteler, pionero entre los obreros (1907), con calles que forman un X y una plaza, la “escondida” -hoy formalmente llamada Enrique Santos Discépolo-, justo en el centro. O un chalecito estilo inglés en el Cafferata (1921), el tercero de, como se decía por entonces, “casas baratas”.

Pero las memorias también se escriben en murales callejeros recientes, como el que homenajea a Sandro, figura de los carnavales en los ’70, en Santander al 500.

Mutó y muta. Pero Parque Chacabuco mantiene un ritmo suave. En el rosedal, donde esta tarde gris el perfume es verde intenso, tres chicas charlan sin relojes y, a metros, un grupo de pibes se junta a practicar boxeo.

Acá no hay fotos obligadas ni souvenirs típicos. Sólo rincones que seducen sin impostaciones, por lo auténticos. Nada menos.

Posible recorrido:
1) Sigue girando. Agustín Ravelo trabajó con su papá desde los 14 años. Diseñaron caballitos de fibra de vidrio y otras figuras que giraron en su calesita de Parque Chacabuco (1960). “Ravelo padre le pidió a Tatín -Tato Cifuentes, cómico chileno que trabajó en la tv argentina de los 60 y 70– que la apadrinara“, cuenta el guía Javier Cortese. Ellos ya murieron. “Pero los vecinos los recuerdan”, afirma Griselda Gómez, desde la boletería. “Muchos venían de chiquitos y ahora traen a sus hijos. Igual, está difícil para las calesitas. Pero queremos mantener los juegos, no cambiarle nada. ¿Para qué? Mirála: es hermosa”. En Asamblea y Miró, dentro del Parque, de lunes a lunes, desde las 14 hasta que se esconde el sol. $ 7.

calesita parque chaca

2) ¡Arre pantera! Así, pantera, le decían y dicen chicos de Parque Chacabuco a la escultura Yaguareté. Fue esculpida en bronce por Emilio Sarniguet (Buenos Aires, 1887-1943) en 1935 y se estima que mide 1,3 metros de largo y medio de alto y que pesa 800 kilos. Sacarse una foto de bebé o chico sentado en su lomo fue un clásico para generaciones de vecinos. Luego, la extrañaron 21 años. Es que, explican desde el Ente de Turismo porteño, en los ’80, por la construcción de la autopista 25 de Mayo, la sacaron y pasó por el zoológico y depósitos de la Dirección de Monumentos y Obras de Arte de la Ciudad. En agosto de 2001 instalaron la obra sobre una base de 3 toneladas. Estaba de vuelta en casa. Sin embargo, sufrió vandalismo. Es un ícono, como la Fuente de los sapitos, también reformada. En el Parque Chacabuco, en Asamblea y Mitre.

3) Fe y fútbol. “El nuevo Oratorio Festivo llevará como patrono al ínclito Diácono Mártir San Lorenzo, cuya devoción en este barrio es muy popular”. La nota que la comisión de Obras Especiales de la Sociedad de San Vicente de Paúl, organización solidaria católica, mandó el 31 de julio de 1928 al arzobispo de Buenos Aires, monseñor José María Bottaro, deja entrever cómo el fútbol se vinculó con la organización de esta iglesia. Hasta el ’28, los “vicentinos” daban catequesis en una especie de carpa y la sede de este templo, desde 1933 hasta 2000, fue de hierro abulonado, revestida de cartón prensado por dentro y chapa afuera, de tipo “para armar”, dice el libro Historias curiosas de Templos de Buenos Aires (Dirección General de Cultos porteña, 2010), compilado por el historiador Marcos Vanzini. Con sus arcos, asimetrías y paredes rústicas, evoca al estilo neorrománico del siglo XIX, es decir, la reversión del románico medieval europeo. En Avelino Díaz 578. Los miércoles, jueves y viernes, a las 19, abre para misa.

 

4) Punto de encuento. Desde 1908, El Modelo fue bar y almacén y hoy oficia como “sociedad de fomento”, donde vecinos juegan a las cartas, por jugar, con porotos. ¿Se permiten “turistas”? ¿Y si no son cuervos? “Sí, si hay lugar”, responde Luciano Leis, hijo del dueño, y se ríe. El local, con un “altar” de fotos, frases y otros objetos, es un museo viviente, agrega un vecino. La fachada es de Santander 487. El timbre está a la vuelta: Doblas 1498.

5) Sandro. En la calesita de Tatín una placa recuerda que allí filmó escenas de la película Quiero llenarme de ti (1969). No es el único homenaje que le hace el barrio. Es que fue clave en los carnavales: artista exclusivo en el Gasómetro. “Durante los de 1972 y 74, llevó unas 50 mil personas“, señala el guía Javier Cortese. En junio de 2014, el Grupo Artístico de Boedo recreó el afiche de 1972 en un mural callejero,Carnavales de Avenida La Plata. En Santander 553.

sandro mural

Fuente: Clarín

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