Buenos Aires, 17/10/2017, edición Nº 1798

Los recortes de la Ciudad en salud afectarán alrededor de 2 mil trabajadores

El recorte en las suplencias de guardia complica sobre todo los servicios de pediatría y salud mental. (CABA) Tras la segunda marcha blanca de miles de profesionales de hospitales porteños, el conflicto por la decisión del gobierno de la Ciudad de reducir suplencias de guardia, sobre todo pediátrica y de salud mental, se acrecienta: quedarán damnificados entre 1500 y 2000 trabajadores. El epicentro está en el Hospital de Agudos Teodoro...

El recorte en las suplencias de guardia complica sobre todo los servicios de pediatría y salud mental.

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(CABA) Tras la segunda marcha blanca de miles de profesionales de hospitales porteños, el conflicto por la decisión del gobierno de la Ciudad de reducir suplencias de guardia, sobre todo pediátrica y de salud mental, se acrecienta: quedarán damnificados entre 1500 y 2000 trabajadores.

El epicentro está en el Hospital de Agudos Teodoro Álvarez, donde hay 98 médicos y 25 servicios afectados. A ese panorama, se suma un incendio que ese centro de salud sufrió en enero del año pasado.

El subsecretario de Planificación Sanitaria, Néstor Pérez Baliño, argumentó que se trata un “reordenamiento” del sistema de guardias, que estaba “sobredimensionado”, y aseguró que “no se van a discontinuar servicios y ningún profesional va a quedar fuera”. Los datos de los trabajadores evidencian lo contrario.

“Todos los hospitales tienen un déficit de personal del 40 por ciento. El problema de las guardias es que no hay nombramientos nuevos y a eso se le suma ahora una reducción del 40% de las suplencias, según el Comité Asesor Técnico Administrativo”, afirmó Oscar Trotta, médico del Hospital Durand.

El grupo de trabajo de Adicciones es uno de los afectados, a pesar de realizar 800 prestaciones mensuales, de las cuales se recortará un 75% entre grupos terapéuticos y talleres de orientación vocacional, fotografía y teatro. Según los trabajadores, tampoco habrá médicos para 50 pacientes del equipo de violencia.

El espacio de Detección y Tratamiento de Niños con TGD y el equipo de anorexia y bulimia de consultorios externos serán discontinuados. En el equipo de adolescentes del Centro de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) no quedarán trabajadores sociales para los chicos de 14 a 18 años.

Una de las psicólogas del equipo de Vulnerabilidad Psicosocial de Niños del Álvarez, que prefirió no dar su nombre, detalló: “Cuando ingresa un niño abusado, se sigue un protocolo que incluye revisación médica, trabajadores sociales y la intervención de una infectóloga para descartar enfermedades de transmisión sexual.

La ginecóloga y la infectóloga no están más. De las cinco psicólogas, quedan dos, que además deben hacer interconsulta en la guardia pediátrica.” Con la resolución, quedan discontinuados los tratamientos en curso de 33 chicos abusados.

En el departamento materno-infantil de ese hospital dejó de funcionar el equipo de diagnóstico prenatal. Hay un ecógrafo nuevo pero ya no hay nadie para usarlo. Tampoco quedó en su puesto la única cardióloga infantil, por lo que se sugiere el traslado de pacientes a otros hospitales. Lo mismo pasa en el hospital de día, que atiende pacientes psicóticos graves: 20 de ellos ya fueron derivados.

La situación también trajo aparejado un paro de personal del SAME, donde corre peligro la mitad de los puestos de trabajo y pueden cerrarse programas como Pediatra en Casa –que asiste a niños en situación vulnerable– o Padu Pediátrico –que trabaja en los colegios.

Otro caso es el del Borda, el Alvear y el Moyano. En este último, por ejemplo, caerán a la mitad las 500 horas mensuales de guardia. Habrá 30 psicólogos y 20 psiquiatras menos para afrontar las 72 mil consultas anuales.

“La mitad de las guardias de hospitales están cubiertas por suplentes”, explicó Guillermo Muñiz, psiquiatra del Álvarez. Apuntó que, a partir de la resolución, el servicio de diálisis, que estaba conformado por tres médicos, hoy sólo cuenta con uno.

Los problemas en ese centro de salud provienen como un karma, sobre todo desde el incendio en la guardia en enero de 2012, que generó que el servicio de traumatología se brindara en el baño. Hace pocas semanas, eso quedó clausurado pero las autoridades porteñas no ofrecieron uno nuevo, lo que implica que deban enyesar pacientes en el pasillo. Mientras la refacción del edificio incendiado sufre una demora inexplicable para los médicos, la actual sala de emergencias desborda de pacientes pero faltan trabajadores.

La guardia de uno de los hospitales de agudos de referencia en la Ciudad no tiene sala de aislamiento y, según contaron a este diario, hace poco llegó un paciente tuberculoso que tuvo que ser tratado en contacto con los demás. El espacio, originalmente una sala de internación de no más de cuatro camas, del pabellón A se complementa con uno de los tres trailers puestos en el patio, que contiene pequeñas cabinas tabicadas que hacen de consultorios.

“Por acá no pasa un obeso ni alguien en silla de ruedas”, se quejó una de las médicas. Todo esto ocurre mientras el espacio original de la guardia, el pabellón D, se mantiene abandonado desde el incendio provocado por un cortocircuito para muchos anunciado.

“No hay salas para asistir a pacientes que tienen que quedar en observación, hace falta por lo menos el triple de camas”, señaló Muñiz, que además es uno de los fundadores del Frente de Recuperación Gremial, una corriente dentro de la Asociación de Médicos Municipales que se opone a la “pasividad” de la conducción actual.

Osvaldo Saleh, médico de la Unidad Coronaria, describió que “a una paciente se le tuvo que hacer un electrocardiograma sentada porque no había camilla. Una chica me dijo que si hacía falta se tiraba al piso”, contó.

La puerta de acceso interno del Pabellón D está cerrada con un alambre. Adentro se respira humedad. Los techos y paredes están descascarados y manchados por el fuego y el agua que lo apagó. La escalera que conduce a los pisos superiores está rajada y amenaza con desplomarse. En planta baja, los cuartos adonde alguna vez se atendieron pacientes se encuentran en penumbras, cubiertos por escombros y polvo.

El clima es fantasmagórico, se ven cajas de medicamentos, pedazos de mampostería, bocas de oxígeno que silban pérdidas, elásticos de camas y colchones arrumbados. Donde funcionaba la oficina de administración del primer piso, parece haber estallado una bomba. Hay documentos y papeles diseminados. “Historias clínicas, información nuestra”, explicará un trabajador. Los médicos dicen que la burocracia diluye todo reclamo. “Nunca hubo respuesta”, afirman.

Fuente consultada: Infonews

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