Buenos Aires, 16/10/2017, edición Nº 1797

Los PH traen nuevos aires para los barrios porteños

El PH es un modelo nuevo parque gana espacios exteriores, a veces como dúplex. Con la llegada del otoño, el sol desapareció del patio de mi casa. Me da tristeza. Básico: el sol es vital para mi estado de ánimo, me carga de energía. Vivo en una casa chorizo en el barrio de Almagro, en una zona donde todavía los edificios altos no llegaron. Sin embargo, a pesar de que...

El PH es un modelo nuevo parque gana espacios exteriores, a veces como dúplex.

Con la llegada del otoño, el sol desapareció del patio de mi casa. Me da tristeza. Básico: el sol es vital para mi estado de ánimo, me carga de energía. Vivo en una casa chorizo en el barrio de Almagro, en una zona donde todavía los edificios altos no llegaron. Sin embargo, a pesar de que la casa está bien orientada, tendré que esperar hasta octubre para que el sol vuelva a entibiar mis baldosas y las habitaciones de casa.

¿Qué otro tipo de vivienda me permitiría disfrutar del sol más tiempo en el año? Las torres son un invento fantástico. Usan menos suelo urbano y permiten que a todas o a casi todas las habitaciones les llegue el sol, que tengan una agradable ventilación con la posibilidad de brisas cruzadas y mejores vistas o, al menos, más abiertas y largas sobre el paisaje circundante. Claro, para los que viven en ellas son fantásticas; pero un incordio para los vecinos: las sombras que arrojan esas moles, por más bellas o estilizadas que sean, son de terror. Y además, desde arriba, invaden la intimidad de los demás. Se asoman a patios, terrazas y hasta cuartos que antes gozaban del anonimato. Las torres están bien cuando se juntan entre ellas, cuando están en grandes lotes o amortiguadas por grandes espacios verdes, no en medio del abigarrado tejido de los barrios.

Hay otro tipo arquitectónico que funciona muy bien. Son los llamados PH modernos, no son casas ni son torres; tampoco el trillado departamento de propiedad horizontal; mezclan lo mejor de cada uno. En los últimos años, muchos arquitectos jóvenes y de la mediana generación se han volcado a explorar este tipo de solución habitacional con resultados asombrosos. Si en los años 80 y 90 lo hacían buscándole la vuelta a los dúplex y a los tríplex; a partir de los primeros años del 2000 hicieron foco en este modelo de propuestas. Los PH modernos irrumpieron primero en los glamorosos Palermos y luego empezaron a salpicar –cada vez con más frecuencia– el paisaje urbano de barrios como Colegiales, Chacarita, Villa Crespo, Villa Urquiza, Almagro, Boedo, Flores, y Parque Patricios. Inyectándoles nuevos aires a estos barrios, que por muchos años permanecieron adormecidos.

Esta mezcla de departamento y casa, que no supera los seis o siete pisos, tiene una conformación bien atípica. Sus exteriores son más porosos. Las plantas bajas son bastante permeables y salpicadas con espacios verdes. En los pisos superiores tienen grandes balcones terrazas, a veces de doble altura; algunos, hasta tienen parrilla, recordando las de los patios o terrazas. El último piso lo suelen destinar a un dúplex. Y la terraza, a un espacio de recreación común. Cuando la escala da, también puede tener los famosos amenities.

La paleta de materiales que usan ya es un código que los identifica. Suele estar dominada por el hormigón visto, las mallas metálicas donde hacen crecer enredaderas, los decks de madera y los grandes paños de vidrio. Como ya señaló Miguel Jurado en esta columna, las firmes cortinas de enrollar son las grandes ausentes.

La disposición de las unidades suele ser menos estructurada que la de los departamentos. No hay un único palier de acceso ni oscuros pasillos; intentan dar la sensación de que la calle (más precisamente, el espacio urbano) llega hasta la puerta del departamento-casa. Las cocinas son modernas, luminosas y están integradas con el estar. Recomendación: olvidarse de los bifes. Hay estares con doble altura y algunos vienen preparados para ponerle entrepisos. De lo que no hay ni rastro es de la habitación de servicio, ese cuarto que en las últimas décadas había terminado siendo el comodín de la casa.

Los PH modernos también tienen sus detractores. Es que habituados a que la construcción de departamentos sea campo exclusivo de la pura especulación inmobiliaria, cada vez que se va a iniciar uno de estos edificios se arma revuelo, con voces un tanto alarmistas. Porque habrá que demoler una casa chorizo, porque la infraestructura del barrio no banca más, porque explotarán las cloacas, por los ruidos molestos, o porque van a terminar llenando el barrio de “bodoques o adefesios de cemento”.

Sin embargo la ciudad es y debe seguir siendo un organismo vivo. Debe poder renovar su “tejido” creando nuevos tipos arquitectónicos y reciclando los viejos para que se adapten a las nuevas necesidades y a las siempre cambiantes formas de vida. En el mundo se alarman porque el siglo pasado la población urbana pasó del 5% al 50%. Y esperan que para mediados de siglo llegue 75%. En nuestro país, la situación es aún más extrema. Ya el 92% de la población vive en ciudades. Es imperioso: hay que pensar cómo hacemos de este “complejo artefacto” un lugar donde valga la pena vivir.

 

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