Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

Los nuevos coches transformaron a la Línea A en la menos ruidosa

Con menos ruido dentro los vagones que se estrenaron este año, los especialistas afirman que aumentó la calidad de lo viajes. (CABA) Hacía falta un estudio que certifique lo que es una obviedad para los usuarios de la línea A de subtes. Desde que se pusieron en funcionamiento los nuevos vagones chinos, en febrero, descendió el ruido que perciben los pasajeros en el interior de los vagones y ese ramal,...

Con menos ruido dentro los vagones que se estrenaron este año, los especialistas afirman que aumentó la calidad de lo viajes.

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(CABA) Hacía falta un estudio que certifique lo que es una obviedad para los usuarios de la línea A de subtes. Desde que se pusieron en funcionamiento los nuevos vagones chinos, en febrero, descendió el ruido que perciben los pasajeros en el interior de los vagones y ese ramal, que une Flores con Plaza de Mayo, se convirtió en el menos ruidoso de toda la red. La medición fue realizada por un equipo técnico de la Mutualidad Argentina de Hipoacúsicos, que estableció que “el descenso de nivel de presión sonora se redujo al 47% y a un 23% en términos de energía acústica en el interior del vagón. Pero la sensación de intensidad percibida por las personas bajó, en promedio, a un 64%”, según arrojaron los resultados.

Y solo hay que darse una vuelta por el subte para comprobarlo. El sonido desapacible e irritante de las ruedas se queda en los andenes, aunque también es menor que antes. Las ventanas cerradas (porque los vagones chinos tienen aire acondicionado) generan un hermetismo que colabora con el confort sonoro. “Con los vagones viejos había tomado por costumbre escuchar música. El problema era que cada vez subía más y más el volumen. Entre el sonido del subte y el de mi MP3, terminaba saturada”, contó Romina, vecina de Caballito. Encargada en un local de ropa en la calle Florida, toma el A todos los días, incluso los sábados. “Me generó mucha angustia la noticia de que cerraban el subte para cambiar los vagones. Pensé que jamás iba a volver a funcionar. Pero el primer día que me subí a un chino, me guardé mi MP3 en el bolsillo”, agrega.

“Para dar una idea clara de lo que este cambio implica, basta señalar que un descenso del Nivel de Presión Sonora (NPS) de 6,4 Db (decibeles) es equivalente a una reducción de la presión sonora al 47% del valor original, y a un 23% en términos de energía acústica en el interior del vagón. La sonoridad percibida (esto es la sensación de intensidad que tienen la gente), se reduce en promedio a un 64% bajo estas condiciones”, el ingeniero Horacio Cristiani, de la Mutualidad Argentina de Hipoacúsicos, a cargo del estudio realizado entre julio y septiembre, de lunes a viernes y de 11 a 16.

Si bien los ruidos en el subte no generan daños para la audición (excepto que las personas se expongan de manera permanente, como es el caso de los empleados, que por ese motivo tienen jornadas laborales de seis horas), lo cierto es que pueden provocar trastornos. “Pueden impactar en el sistema cardiovascular, la presión sanguínea, en el ritmo cardíaco y respiratorio y en el sistema nervioso central. Se han reportado casos de problemas de estrés y falta de concentración.

El ruido trae efectos adversos en diversos aspectos del ser humano: a nivel psicológico, biológico, inmunológico y hormonal”, destacan desde la Mutualidad. Según los especialistas, un ruido constante durante más de 8 horas, que supere los 90 decibeles, produce daño auditivo. De acuerdo con el estudio de la ONG, en los subtes no se supera ese nivel de sonido.

Con respecto a la renovación de la flota de la red de subtes, que se producirá en forma gradual desde el próximo año, Cristiani opinó que servirá para reducir los ruidos en otras líneas como en la A. “Redundará en una mejor calidad de vida de los pasajeros; pero los beneficios en términos de reducción de ruidos son vitales”, dijo.

“El ruido casi no te dejaba hablar”, contó Raúl Salcedo, que de lunes a viernes viaja a Plaza de Mayo junto a su esposa. Vecinos de Flores, tienen la nueva estación casi a metros de su edificio. “Era subirse y no poder cruzar ni una palabra. Y no tenía ganas de estar gritando. Por eso ahora, cuando viene uno de los trenes viejos, que todavía quedan, lo dejamos pasar. Preferimos esperar y viajar charlando, y aprovechamos para ponernos al día porque después no nos vemos hasta la noche”, contó.

Fuente consultada: Clarín

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