Buenos Aires, 22/10/2017, edición Nº 1803

Los mejores lugares porteños para disfrutar de un buen whisky

Llega la temporada justa para hacerse un tiempo para esta clásica bebida espirituosa.

(CABA) El otoño trae a Buenos Aires el fresco y el color de la madera, el mismo que lleva el whisky en su ADN. Regalo de los dioses celtas que revive a los muertos y los defiende del frío. Agua de vida según su etimología, fuente de inspiración y delirio para talentos como Dylan Thomas, Frank Sinatra o Ernest Hemingway. De Escocia, Irlanda, Gales, Japón, Estados Unidos, Canadá, India, Argentina. Single Malt, scotch, blends, bourbon, rye, corn. El psicólogo rubio, según el poeta Fabián Casas. La luz del sol en estado líquido, escribió George Bernard Shaw. Decí whisky. Y sonreí.

Museo del Whisky

Cuando Miguel Ángel Reigosa sube al segundo piso de la increíble casona donde funciona el Museo del Whisky, señala las vitrinas de su colección y dice “está es mi vida”: tres mil botellas de todos y cada uno de los whiskies del mundo, divididos por destilería y con joyas que incluyen un Royal Salute 50 años, botellas en forma del escarabajo de Volkswagen o las que se utilizaron en el vuelo inaugural del Concorde. Se trata de la segunda colección más importante del planeta -la primera pertenece a una destilería escocesa- y ¡están todas llenas!

Visitar el museo es un gran plan para los aficionados a la bebida, pero también para los curiosos. Además de conocer la colección, se pueden comprar botellas únicas en el país o beberlas en una lujosa barra, en las mesas, en el patio descubierto o en alguna de las salas privadas. En el lugar funciona la sede del Whisky Malt Argentina, el club que fundó Reigosa y que cuenta con más de cuatro mil socios y franquicias en todo el interior. “Esta sala, por ejemplo -dice Miguel mientras señala un sector donde unas modernas lámparas colgantes generan un ambiente confortable-, es idéntica a la de Johnny Walker en el Free Shop de Shangai”. El museo, su lounge bar y su restaurante tienen todo el glamour y el confort que un bebedor de whisky necesita para disfrutar de su bebida. Los socios tienen un 40 % de descuento en todos los precios.

La oferta en las que brillan los Single Malt es casi infinita. Basta hacer la cuenta: si probamos uno por día, tenemos para un año. Reigosa insiste. Ya que viniste acá, por qué no probar algo nuevo que no se consiga en otro lado como los Connoisseurs Choice de Gordon & MacPhail ($ 430). Se trata de una embotelladora independiente que compra los mejores destilados sin añejar, los guarda en sus propios barriles de roble y los envejece a conciencia. Hay Craigellachie 97 y 99, Glendullan 01, Tullibardine 93 -un elixir mágico-, entre otros. ¿Maltas? Todas: cuatro tipos de Bruichladdich, todos los The Balvenie, The Dalmore, The Glenlivet, The Macallan, ocho variedades de Glenfiddich, Glen Moray, Jura, Whyte & Mackay yTomatin. Tenga cuidado, al probar estas maltas se dará cuenta de que todo destilado que haya tomado hasta el momento le parecerá agüita sucia. Blends para todos los gustos. Destacan algunas perlitas como el Royal Salute 21 años ($ 400), Ballantine’s 30 años ($ 600) o Buchanan’s 18 años ($ 280). Hay buenos irlandeses entre los que brilla el Connemara ($ 250) y el Tyrconnell Sherry o Port, añejados en barricas de jerez el primero y oporto el segundo ($ 280). Por los precios no se preocupe, que hay cosas más baratas. Importante: Reigosa comercializa La Alazana, el primer Single Malt argentino hecho en Chubut que, según Miguel, deberíamos estar orgullosos de tener. El fanatismo ha llevado al presidente del club a desarrollar un agua oligomineral -William Wallace- de ph neutro y baja en sodio, ideal para abrir un destilado con algunas gotas. Hay pocos platos para hacer fondo y se venden habanos para maridar, en el patio, con las maltas.

Monroe 3980, Coghlan. De martes a sábado, de 17 a 3. clubdelwhisky.com

Wherever

Los porteños tenemos una idea algo distorsionada de lo que significa un bar irlandés. Imaginamos esos sitios bulliciosos donde abunda la cerveza de mala calidad y los turistas se parecen en algo a sus pares celtas. Wherever es un bar que podría estar en Dublin o en Cork, un sitio donde se bebe fuerte y hasta tarde, donde el bartender y sus dueños saben más de whisky que cualquiera de sus comensales. Nicolás y Leonardo giraron durante varios años por las islas británicas hasta volverse fanáticos de las maltas. En 2006 decidieron abrir, en un límite de Palermo, un bar que conservara esa mística. Detrás de la barra, Sergio Agudelo -bartender- maneja las botellas como un farmacéutico: “Aquí las personas vienen a rendir un culto al whisky. Estamos un poco retirados de la zona de bares, entonces sabemos que si un bebedor se acerca y pide una malta, es porque sabe lo que viene a buscar o, por lo menos, es un curioso ilustrado”. Wherever es conocido, también, por ser el lugar donde chefs y gastronómicos de Palermo van a relajarse luego de una jornada dura de servicio.

La carta de Single Malt está armada por carácter. Las hay frutales y picantes como Glenrothes Robur Reserve ($ 250), Oban 14 años ($ 260) y Cardhu 12 años ($ 210); ligeras y florales como Knockando 1984 ($ 350), Amrut -una rareza india- ($ 250) y Longmore 16 años ($ 230); ricas y equilibradas con algún dejo dulzón como las Balvenie Golden Cask 14 años ($ 270) o la Caribbean Cask 14 años ($ 320), Scapa ($ 250) y un auténtico oro líquido, un Glendronach 18 años ($ 450); robustas y ahumadas como el Talisker en sus dos versiones -10 años ($ 210) y Distillers Editions ($ 340)-, el Highland Park 12 años ($ 230) y el superexclusivo Lagavulin 12 años ($ 600).

Hay buenos y varios blends, tanto scotch como irish -varias versiones de Ballantine’s, Chivas y Royal Salute-: Single Grain como el Famous Snow Grouse ($ 95), el Cameron Brig ($ 95) y algunas rarezas como el Green Point, un iralndés que se consigue únicamente en la puerta de la destilería. “Existe cierto prejuicio -dice Agudelo-, sobre todo en el público femenino, acerca de la potencia de esta bebida. Por eso, para el principiante siempre recomiendo los tragos”. Se puede empezar por alguno dulce y refrescante como el Mint Julep -bourbon, menta fresca y azúcar ($ 75)- o el Ignacio -jameson, jugo de pomelo rosado y almíbar de jengibre ($ 75). Hay una excelente oferta de coctelería -clásica y de autor- con whiskies también ordenados en la carta por su carácter. Y buena cocina para acompañar.

Fray Justo Santamaría de Oro 2476, Palermo. Lunes a jueves, de 17 a 3; viernes de 17 a 4; sábados y domingos, de 20 a 4.

Whereverbar.com.ar

Café de los Incas

La esquina de Avenida de los Incas y Tronador solía ser un buen lugar para encontrarse con whiskies y maltas del mundo. Jorge la heredó de su abuelo, un portugués que a principios de siglo hacía, en lo que ahora es la cocina del Café de los Incas, vino casero tal y como sus antepasados lo habían hecho en tierras lusitanas. Con dificultad para reponer el material importado, el propietario, muy a disgusto, tuvo que retirar de la carta la oferta de perlitas. “No puedo poner algo de lo que no tengo más botellas. Imaginate si vas a un bar, te tomás dos medidas, querés una más y no hay”, dice.

Sin embargo -y sin precio, a negociarlo in situ-, el buscador de rarezas todavía puede tomarse un blend en alguna de las mesas de la calle sin hacer mucho barullo. Jorge tiene guardado algo de Abbot’s Choice, Locke’s, Old St. Andrews, Speyside, Ye Franciscan y algunas ediciones especiales como la que destiló Dimple para el Mundial 86, el Golden Jubilee de Cutty Sark y algunos Bell’s, entre ellos, el que se hizo para el cumpleaños de William, el príncipe de Gales, el 21 de junio de 1982.

Si bien no está en su mejor momento, el bar que fue declarado notable por el Ministerio de Cultura de la Ciudad supo tener lockers de madera en los que uno podía guardar la botella que compraba e ir tomándola cuando le daba la gana. Todavía se pueden beber, también, cócteles clásicos a base de nuestro ámbar como un Old Fashioned, un Manhattan o un Rob Roy.

Avenida de los Incas 3909, esquina Tronador, Villa Ortúzar. Desde las 8 al cierre.

 

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