Buenos Aires, 23/07/2017

Los lujosos palacios de Retiro y Recoleta que fueron símbolo de Buenos Aires

En esta zona donde se codean Alvear, Cerrito y Arroyo, mandan el lujo y la elegancia.

(CABA) Es una cuestión de aires. Porque no hay arco del triunfo ni se trata de una sola avenida ni es la más importante de Buenos Aires. Pero como en Les Champs Élysées, en esta zona donde se codean Alvear, Cerrito y Arroyo, mandan el lujo y la elegancia. Buena parte, la mejor parte, de lo que queda de los palacios que fueron símbolo de Buenos Aires, la París latinoamericana.

No sólo tomaron como modelo al neoclasicismo francés y los salones de Versailles. Las influencias llegaron desde Italia o la Inglaterra victoriana, entre otros espacios y tiempos. La combinación de estilos es, se sabe, regla en Buenos Aires.

“Muchos intentaron replicar a París, incluso con edificios más grandes”, apunta Lazzari. “Y para 1910, esta ya era la ciudad más europea del continente”.

El estanciero y médico Celedonio Pereda encargó el Palacio Pereda (hoy residencia del embajador de Brasil) con un modelo en mente: el Museo Jacquemart-André, de París. Y, según cuentan en la Embajada, que para emular los frescos que en Europa habían creado Tiépolo y sus hijos y Pierre Victor Gallanda –“gran representante de la pintura alegórica del Segundo Imperio”–, contrató al español José María Sert, de quien había visto una muestra en el Museo Jeu de Paume.

Así de top eran las cosas. “Una familia podía ser atendida por setenta sirvientes”, agrega Lazzari. Y entre esas paredes pasaban muchas cosas. En el palacio Fernández Anchorena, Evita le preguntó a la condesa pontificia Adelia Harilaos de Olmos cómo convertirse en una noble vaticana. Lazzari cuenta qué pasó, abajo. “Transitar Alvear, entre Callao y Cerrito, es viajar a una Argentina que ya fue… Y, sin embargo, sigue siendo –dice–. Es el recorrido por los palacios del Centenario”

Posible itinerario:

1) “Monumento a la sensatez”. El Palacio Ortiz Basualdo, hoy Embajada de Francia, fue diseñado en 1912 por el arquitecto francés Paul Pater, con rasgos de, justamente, el academicismo galo. “Su suerte fue salvada por el franco espíritu de la conservación”, advierte el historiador Lazzari. “En la década de 1970, debido a las demoliciones que dieron lugar a la Autopista Illia y la 9 de Julio, quedó sentenciado. Pero el Estado francés lo consideró territorio propio y obligó a los planificadores urbanos a desviar el trazado para preservarlo”. Por eso, se convirtió en “un monumento a la sensatez”. En Cerrito 1399.

palacio basualdo

2) A la distancia. El Palacio Atucha fue encargado por el estanciero Luis Atucha en la década de 1920 a René Sergent. Aunque el arquitecto francés nunca estuvo en Buenos Aires, es autor también de los palacios Bosch (Embajada de Estados Unidos), Errázuriz (Museo de Arte Decorativo) y Sans Souci (en Victoria). Fue un maestro del clasicismo –que influyó en Alejandro Bustillo–. “Los herederos de los propietarios originales decidieron dividir el palacio en departamentos y conservar la fachada original”, señala Lazzari. En Arroyo 1099.

Palacio Atucha

3) En especias. El Palacio Pereda, desde 1945 sede de la residencia del embajador del Brasil y espacio cultural, fue encargado por el estanciero Celedonio Pereda en 1917 al arquitecto francés Louis Martin, aunque lo terminaría el belga Julio Dormal. Tuvo un modelo: el Museo Jacquemart-André de París. De ahí, las columnas tipo corintias y cuerpo central, cilíndrico. Su escalera dos alas también tiene una inspiración clara: la del Palacio de Fontainebleau. Y sus techos pintados por el catalán José Del Sert son de leyenda. “Una vez superado el chubasco de la crisis de 1930, muchas familias terratenientes –relata Lazzari– vendieron los palacios. El Pereda fue pagado con barcos de mineral de hierro, antes de la Segunda Guerra. El estallido del conflicto elevó los precios del metal de forma notable”. En Arroyo 1130. Sugerencia: una vista desde la plaza carlos Pellegrini.

pereda

4) Pórtese bien, Evita. “Desconfiadas, avanzaban la charla. Evita le pidió a la condesa pontificia Adelia Harilaos de Olmos que le dijera qué hacer para convertirse en noble vaticana. La respuesta fue corta: ´Portarse bien, portarse bien’”, recuerda Lazzari. Ocurrió en este palacio, el Fernández Anchorena, en 1947, cuando el edificio pertenecía a Adelia, quien lo donó al Vaticano –es sede de la Nunciatura Apostólica desde mediados del siglo XX–. El edificio fue encargado por los Fernández Anchorena en 1907 al arquitecto Eduardo Le Monnier, formado en la Escuela de Bellas Artes de París e influenciado, en parte, por el Art Nouveau. En Alvear y Montevideo.

palacio Fernández Anchorena

5) El último de la Belle Epoque. Así se considera al palacio Duhau, obra de León Dourge, realizada a comienzos de la década de 1930, inspirada en el Château du Marais , cercano a París. Fue de la familia de Luis Duhau, ministro de Agricultura y Ganadería durante aquellos años, cuando en medio de las denuncias de negociados con la exportación de carne de Lisandro de la Torre, asesinaron al demócrata progresista Enzo Bordabehere en el Senado. Más o menos así lo dice Lazzari, y apunta que la película de Juan José Jusid, Asesinato en el Senado de la Nación (1984) cuenta el hecho y marca el clima de época. Hoy el palacio es el sector VIP del hotel Hyatt. En Alvear 1661. NR

palacio Duhau

Fuente: Clarín

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