Buenos Aires, 21/11/2017, edición Nº 1833

Los “garabatos” artísticos de Joaquín Sabina reunidos en un libro

Una nueva faceta.

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(CABA) Joaquín Sabina dice que no son dibujos ni pinturas, sino simples “garabatos“. Lo cierto es que Planeta reunió en un libro parte de las imágenes que él genera en las habitaciones de los hoteles cuando sale de gira, mientras espera en silencio, para no cansar la voz, que se haga la hora de los recitales.

El libro se llama Muy personal y es capaz de sorprender por su calidad plástica. Según le confió a Bebe Contepomi en una entrevista televisiva, tiene más de 30 cuadernos repletos de estos garabatos. De estos cuadernos ha salido el libro, pero, al parecer, hay material para varios volúmenes más. Es cierto que siendo Sabina quien es, cualquier expresión que llevara su firma contaría por anticipado con la aceptación del público. Sin embargo, aun si no se supiera a quién pertenecen estos coloridos dibujos, encontrarían un eco positivo. Según contó en esa entrevista, en una oportunidad compró un libro de dibujos de Bob Dylan sólo porque se trataba de Bob Dylan, así como mucha gente compraría un libro de dibujos de Sabina sólo porque es de Sabina. “A mí me sirvió mucho el libro de Dylan –confesó el cantautor español– porque pude decir ‘pues yo dibujo mejor que él’. En realidad –agregó con cierta modestia– es lo único que hago mejor que él.

Las imágenes tienen la frescura del dibujo rápido y casi inconsciente, como esos que suelen hacerse de manera automática mientras se habla por teléfono. Sin embargo, revelan un conocimiento del dibujo de la figura humana, tienen personalidad y están acompañados de anotaciones escritas con una caligrafía también rápida y espontánea que termina por integrarse y formar parte de los dibujos mismos. En página par, enfrentada a la imagen de un globo aerostático que sobrevuela el Grand Palais, esa caligrafía que tiene el carácter de una imagen más dice: “En la Argentina / los que no me dicen Juaco / me llaman flaco / Sabina,/ yo vengo a brindar el fuego / y no lo niego / y como no soy turco ni polaco / soy el gallego“.

Como no podía ser de otro modo tratándose de quien se trata, en los “garabatos” abundan las imágenes de mujeres, pero hay también ciudades, toreros, hombres, animales, algún barco y también algunos autorretratos. Hay, incluso, un interior colorido que remite a ese goce del color y la línea que es tan característico de Henri Matisse y no falta tampoco algún homenaje a Pablo Picasso. En algunos casos, echa mano del collage y pega una estampilla, unas hojas de comic o una imagen de una revista femenina, pero estos elementos no tienen valor por sí mismos, sino que se integran al dibujo.

En una entrevista realizada por el periodista Juan Carlos Algañaraz en España, el cantautor cuenta de qué forma se gestó el libro: “Había firmado con Planeta un libro de memorias. No una cosa ambiciosa, como las Crónicas de Dylan; más bien, un anecdotario. Pero resulta que soy un inútil para la prosa. Pasé un mes trabajando y no me da vergüenza reconocer que no me salió nada. Estoy muy mal acostumbrado por mi otro empleo, como poeta de guardia, al filo de la actualidad. Para mí, escribir un poema es como resolver un crucigrama: las leyes de la rima te van llevando y así disimulas la falta de grandes ideas“. Entregó entonces a su editora española los cuadernos con sus “garabatos” y la editorial hizo la selección. Sobre el eco que Muy personal pueda tener en el público arriesga: “Con tantos culos y tetas, van a pensar que soy un salido. Bueno, también aparecen muchos gallos y alguien me hará una lectura freudiana. Me basta con que reconozcan que soy mejor artista gráfico que Dylan.

Por su parte, en la primera página la editora advierte: “Para entender este libro hay que pensar en la personalidad de su autor. Joaquín Sabina vive en un luminoso y diáfano piso del centro de Madrid rodeado de cosas curiosas: antigüedades, primeras ediciones bibliográficas, cuadros, tallas religiosas, sombreros, instrumentos musicales, libros y más libros con orden y concierto (estantería especial para ejemplares dedicados por sus autores), recuerdos, el traje de luces de José Tomás en una tarde memorable, una maqueta del Titanic de la época del Titanic, candelabros, delicadas esculturas criselefantinas, y cientos de fotos enmarcadas que le recuerdan a este hombre de creatividad inagotable los mejores momentos de sus ya varias vidas disfrutadas en noches sin fin. En este refugio cálido se encierra el popular cantautor con sus gatos pululando libremente y el eterno humo de un cigarrillo a medio consumir. Cuando no puede hablar por prescripción facultativa o consorte –que viene a ser una prescripción mucho más eficaz– especialmente si tiene conciertos a la vista, sus cuadernos de dibujo se convierten en compañeros inseparables. Es en ellos donde desarrolla toda la creatividad que su cabeza imparable le dicta. Allí vuelca la necesidad de dialogar consigo mismo y se da respuesta a cuestiones que pasan a vuelapluma por su imaginación.

Según consta en una de las solapas del libro, en Sabina surgió antes la vocación literaria que la musical. Eso explica que para empezar el prólogo de su libro haga suyo el conocido comienzo del soneto de Lope de Vega que dice: “Un soneto me manda hacer Violante…” y que termina por constituirse en una suerte de manual de las características de esa forma poética. El cantautor dice en “A vuelapluma“: Un prólogo me manda hacer Planeta / que explique el descontrol de mi paleta / y pues la prosa no viene en mi ayuda / pido a las musas pérfidas que acudan / a salvarme del trance tan ingrato / de buscarle catorce pies al gato / como no debo hablar entre conciertos / para no gastar voz sueño despierto en la penumbra añil de los hoteles/ con Matisse con el Roto con pinceles / piedad para este pobre dibujante que ni siquiera supo ser cantante.

No es la primera vez que el cantautor incursiona en el mundo editorial. En 1976 publicó Memorias del exilio en la editorial Nueva Voz, poemas que dos años más tarde irían a parar a su disco Inventario. También puede mencionarse Romper una canción, Con buena letra, Esta boca sigue siendo mía, En carne viva, A vuelta de correo en que que Sabina se movió como pez en el agua entre la poesía y el espistolario. Quizá porque considera que tiene más trayectoria en la palabra que en la forma y el color, se justifica diciendo que cuando debe someterse a la “tortura nazi” de guardar silencio y se le han acabado los libros que llevaba leer, no le queda otro remedio que ponerse “a dibujar tonterías.

Fuente: Tiempo Argentino

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