Buenos Aires, 25/09/2017, edición Nº 1776

Los economistas coinciden: el problema es la inflación

Economistas de distinta extracción coincidieron en apuntar en las últimas horas que el problema no es el dólar sino la falta de confianza en el peso como valor de ahorro, y enfocaron a la inflación como el mal que deteriora la confianza en el peso. “El dólar es hijo de la inflación” y “estamos en un lío que va empeorando”, advirtió Juan José Llach ante la consulta de Marcelo Longobardi...

Economistas de distinta extracción coincidieron en apuntar en las últimas horas que el problema no es el dólar sino la falta de confianza en el peso como valor de ahorro, y enfocaron a la inflación como el mal que deteriora la confianza en el peso.

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“El dólar es hijo de la inflación” y “estamos en un lío que va empeorando”, advirtió Juan José Llach ante la consulta de Marcelo Longobardi en su programa radial. “Hay que cuidar el momento en que la gente empieza a sentir miedo por los depósitos bancarios”, advirtió el especialista.

Y dijo que “esto de la pesificación forzosa tiene muchos peligros, sobre todo si se piensa hacerlo de manera no voluntaria”. Advirtió que “el diagnóstico del gobierno no es muy bueno” dijo, y agregó que “el problema cultural de la Argentina es la inflación, no el dólar”.

“No es un problema del dólar, es un problema del peso”, advirtió por su parte Miguel Ángel Broda, quien se quejó de una oferta excesiva de pesos. “O se emite menos o se hace más atractiva la demanda de pesos” mediante la baja en la tasa de interés, “o que baje la tasa de inflación”, sostuvo.

“Hay países que tienen inflación, pero que tienen atracción para que la gente ahorre en moneda doméstica, básicamente indexando algunos tipos de depósitos”, recomendó. Pero insistió en que “tenemos un problema de pesificación y es un problema porque la gente no quiere los pesos, porque hay demasiados y además la tasa de inflación sube”.

Sostuvo que “estamos en recesión” y advirtió que “se terminó el milagro y no tenemos un modelo alternativo”.
Recesión

Alfonso Prat Gay también sostuvo que “ya hay sectores que entraron en recesión por errores sistemáticos del gobierno” y sostuvo que “el problema de fondo es que el dólar está barato, está atrasado. Es lo único que no subió al ritmo de los precios. Los precios crecen, por año, al 25%, y el tipo de cambio al 6 o al 7 por ciento. Tenés inflación en dólares, y eso sólo se puede aguantar uno o dos años”.

Dijo que el gobierno “está ahogando la economía de la misma manera que la ahogaban en el 2001, teniendo los recursos que no tenían en el 2001”. Pero insistió en que “se eligió el mismo camino, que es más atraso cambiario. El gobierno está actuando de manera tal que nos está acercando a una crisis que no nos merecemos y no debiéramos tener. Estamos al borde de la recesión porque las políticas son recesivas”.

Las advertencias de los economistas firman parte de un complejo debate que va atrás de las medidas que viene tomando el gobierno, en orden a una marcha que plantea objetivos pero de la que no se conoce una planificación específica.
Incluso hay economistas heterodoxos que desde la Cepal, así como Paul Krugman y Joseph Stiglitz (críticos de este momento del capitalismo occidental) que han advertido sobre los riesgos de la inflación en la Argentina. “Sin proponerse atacar la inflación todo esto va a ser difícil, en la medida de que se profundicen las medidas forzosas”, sentenció Llach.

Calentamiento

El senador kirchnerista Aníbal Fernández reconoció hoy haberse equivocado al decir que tenía ahorros en dólares porque se le “antoja” y porque hace lo que quiere con su plata, y justificó: “Me calenté, me hicieron calentar”. Además, aseguró que el “vivarachol” que le sugirió tomar la presidenta Cristina Fernández “fue un chiste, no fue un reto como quieren inventar algunos”, y que sus dólares “no los compré ayer, los tengo desde hace tiempo”.

36% se apreció el peso contra el dólar
Desde diciembre de 2007 a la actualidad, según la Fundación Mediterránea. El gobierno mantiene “administrada” la flotación de la divisa mientras aumentan los precios internos. Eso hace elevar los costos de producción nacional, que pierde así su competitividad.

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