Los Dos Chinos fue reabierta en la avenida Callao

Un grupo de empresarios reabrió la tradicional panadería en un nuevo local, con carta de Narda Lepes

(CABA) Las masas, las tortas decoradas primorosamente, el clásico pan dulce y las enormes bandejas de fiambres están en la memoria de varias generaciones. Al igual que sus locales, en algunos puntos emblemáticos de Buenos Aires. Pero, como tantas empresas tradicionales, un día la confitería Los Dos Chinos desapareció. Sólo quedaron los recuerdos de sus sabores y de las anécdotas asociadas a ellos. Ahora la marca volvió, con nuevo local y una carta aggiornada por Narda Lepes.

Los Dos Chinos cerró en 2009. Dos años después, el empresario Ricardo Fernández compró algunos inmuebles que habían quedado a nombre de esa sociedad y se contactó con el arquitecto Víctor Dellavechia. Entonces, se dieron cuenta que el mayor potencial de su inversión no estaba en la compra de las construcciones, sino en que también incluía la marca.

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De esas reuniones, cuentan los socios, surgió también que la marca está asociada a experiencias gratas en la mayoría de los consumidores mayores de 25 años. “La gente nos decía ‘Mi abuela los domingos traía cosas de Los Dos Chinos’, ‘Ahí festejé mis 15 años’, ‘Mi mamá me llevaba a comprar el pan dulce’. Son 10 generaciones que crecieron con esta marca”, dicen.

La historia se remonta a 1862. Y la empezaron a escribir dos mujeres, que como tantas veces fueron olvidadas por los libros. Eran dos cuñadas, esposas de los hermanos Carlos y Juan Gontaretti. Ellas fabricaban productos caseros, dulces y salados, que los hombres salían a vender por las calles empedradas. El 11 de octubre de ese año, abrieron el local en Chacabuco y la todavía Potosí. Las señoras compraron en el puerto dos estatuas de un barco chino y las pusieron en la puerta. Se perdieron con los años, pero le dejaron el nombre indeleble a la confitería.

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“Está inspirada en la original, pero hoy hay platos que no podés hacer”, contó la cocinera en la presentación. Se refiere que hace 80 años se usaban cantidades de manteca, merengues y glaseados que hoy, con una búsqueda de un estilo de vida más saludable, nadie pediría en un bar.

En el nuevo menú hay entonces desde budines varios ($ 50), locatellis ($ 35) y alfajores ($ 33) a sandwiches vegetarianos ($ 95) y una propuesta con principal y guarnición (por ejemplo, bondiola braseada y cous cous) a $ 99. NT