Buenos Aires, 24/09/2017, edición Nº 1775

Los argentinos comen muy mal: exceso de carne y poca verdura

Un informe comparó la dieta promedio con los estándares propuestos por la OMS. Detectó déficits en frutas y lácteos. Y excesos en azúcares y panificados.

(PBA) La dieta de los argentinos presenta un déficit promedio del 60% en hortalizas y frutas y del 40% en lácteos. En contraposición, hay un exceso del 100% en el consumo de carne vacuna y del 120% en azúcares y panificados. Estos datos surgen de un informe elaborado por el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) que arroja como resultado que la calidad promedio de la dieta argentina es inferior a la mitad del estándar que propone la Organización Mundial de la Salud.

Ayer se difundió parte del estudio sobre la alimentación de los argentinos y la calidad de los alimentos procesados, que hoy será presentado oficialmente en conferencia de prensa. Los datos forman parte del Proyecto Observatorio de Buenas Prácticas Nutricionales, dirigido por el licenciado en Nutrición Sergio Britos.

El informe –elaborado con el apoyo de la compañía de agronegocios Bunge Argentina– consistió en un análisis de la calidad de la alimentación de la población argentina promedio, en base a tres ejes: la elaboración de una imagen ideal o promedio de la dieta argentina y su contrastación con las Guías de la OMS; el estudio de la incidencia de la industria de la alimentación en ese contexto; y el costo de la canasta saludable.

En primer lugar, a partir de la compilación de información estadística nacional “originada por diferentes fuentes (gubernamentales, cámaras empresarias y auditoras de mercado)”, se elaboraron las Hojas de Consumo Aparente de Alimentos 2013/2014. En ellas, el CEPEA registró la información sobre la cantidad y los tipos de alimentos disponibles para el consumo hogareño en el país.

Los estudios sobre disponibilidad de alimentos brindan un panorama acerca del problema de la calidad de la alimentación, pero no permiten establecer un diagnóstico preciso ya que no se acercan al problema de la distribución y el acceso a esos alimentos.

Está claro que la simple disponibilidad de un alimento no significa que llegue de manera homogénea y equitativa a todos los habitantes.

El estudio comparó esas Hojas de Consumo con las Guías Alimentarias y las recomendaciones realizadas por la OMS, y así estableció lo que llama “las brechas alimentarias”, que dan negativas en el caso de hortalizas, frutas, lácteos y pastas y legumbres, y positivas (excesos) en el caso de azúcares, harinas refinadas y carne vacuna.

Como parte de este análisis de las “brechas” entre la dieta argentina real y la propuesta de la OMS, el estudio resalta diez características “típicas de la mesa de los argentinos”: excesos en nutrientes críticos, concentración y monotonía de la dieta, alto aporte de calorías de mínima calidad nutricional, bajo consumo y diversidad de hortalizas y frutas, altos consumos de harinas refinadas y azúcares, hidratación poco saludable y deficiencia de calcio por bajo consumo de leche.

En segundo lugar, el estudio hace una velada defensa de la industria de la alimentación, que viene siendo altamente cuestionada por las prácticas de abaratamiento de costos y creciente concentración de la elaboración y distribución en cada vez menos empresas. “Los desvíos poco saludables de la dieta típica argentina no tienen su principal origen en malas prácticas nutricionales por parte de la industria alimentaria”, dice la gacetilla que adelanta los principales resultados del informe. “Por el contrario, el trabajo analizó en qué medida los perfiles nutricionales de alimentos industrializados, en particular su composición en sodio y azúcares, se modificó entre 2012 y 2015, hallando reducciones de sodio en fiambres, pastas frescas, quesos y aderezos, y de azúcar en galletitas dulces, aguas saborizadas y yogures”, agrega el comunicado.

Por último, el estudio de CEPEA analizó el costo de una canasta saludable de alimentos que el mismo trabajo desarrolló en consonancia con las nuevas Guías Alimentarias de Argentina, mensajes consensuados por nutricionistas de todo el país destinados a orientar a la población en la selección y consumo de alimentos y estilos de vida saludables. El análisis de los precios al público de una canasta armada según estas características le dio a los investigadores el costo final de $ 6025 por mes para una familia de cuatro personas.

Conclusiones polémicas

Según el adelanto del informe que se presenta hoy, la dieta media de los argentinos se compone en un 60% de alimentos naturales o de muy bajo nivel de procesamiento, 20% de productos de nivel medio de procesamiento y otro tanto de productos muy procesados. CEPEA, la ONG autora del estudio, dice en su página web: “Entendemos que la docencia e investigación en el ámbito de la universidad se complementa y articula con la iniciativa privada. Por lo que en los últimos años hemos estrechado vínculos con la industria alimentaria, en la perspectiva de su responsabilidad por una mejor alimentación para el conjunto de la sociedad”.

En ese contexto, los autores del trabajo llegan a la conclusión de que los desvíos o brechas que encuentran en la dieta típica argentina tienen su principal origen en “los elevados consumos de pan de panadería, carne vacuna fresca, azúcar en infusiones y bebidas y sal agregada desde el salero. Ninguno de tales productos es excesivamente elaborado por la industria”.

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