Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Logran disminuir un 10% el uso de antibióticos en hospitales porteños sin que aumente la mortalidad

El programa se diseñó en el contexto de la cada vez mayor resistencia de las bacterias a estas terapias.

(CABA) A tres años del primer informe mundial sobre la resistencia de las bacterias a los antibióticos para tratar las infecciones que causan y el mismo año en el que la Organización Mundial de la Salud difundió la lista de las 12 familias de bacterias “más peligrosas” para la salud humana que demandan nuevas terapias, los resultados preliminares de la implementación de programas de uso racional de los antibióticos en 17 hospitales muestran que es posible revertir esta amenaza para la salud pública.

Esos primeros datos de una iniciativa en la ciudad indican que en el mismo período entre 2016 y 2017 disminuyó, en promedio, un 10% el uso hospitalario de esos fármacos sin que aumentara la mortalidad. Esta es una de las preocupaciones que sobrevuelan la decisión de modificar la cultura de uso de los antibióticos en el sistema sanitario.

La medidas incluyen la actualización de conocimientos de los profesionales, la redacción de guías en cada centro de acuerdo con las mejores prácticas recomendadas, el monitoreo de su cumplimiento y el uso de formularios para prescribir ciertos antibióticos cuando no está interviniendo el servicio de infectología, entre otras.

Si se indica un antibiótico para tratar una neumonía, por ejemplo, ese primer uso sin los resultados de laboratorio aún debería ratificarse o rectificarse a las 48 horas cuando los cultivos indiquen qué está causando la infección, según explica Daniel Pryluka, integrante de la Comisión Asesora para el Uso Optimizado de los Antibióticos del Ministerio de Salud porteño.

Tras presentar los resultados el lunes pasado al inicio de la Semana Mundial de Concientización sobre el Uso del Antibiótico, afirma que cada vez son más los desafíos que plantean las bacterias multirresistentes.

La automedicación, la venta de antibióticos sin receta y la prescripción sin tener en cuenta las buenas prácticas recomendadas no hacen más que reforzar un problema que demanda una solución desde múltiples frentes de batalla.

“Se estima que para 2050 morirán 10 millones de personas en el mundo sólo por bacterias resistentes a los antibióticos disponibles. Y si no hacemos algo hoy no vamos a tener con qué tratarlas”, indicó Pryluka, que además es infectólogo del Hospital Vélez Sarsfield.

El escenario más común que ponen los especialistas que se ocupan de librar aquella batalla contra la multirresistencia y cambiar la cultura de uso de los antibióticos es el invierno. ¿Por qué? Porque la gripe y la mayoría de los resfríos son infecciones causadas por los virus estacionales. Por lo tanto, los antibióticos no las curan. “Tampoco sirven para bajar la fiebre -agregó el especialista-. Un médico debe evaluar al paciente e indicarlos correctamente y sólo cuando es necesario”.

Para ejemplificarlo aún más, Pryluka citó un estudio hecho en La Plata. Un grupo de estudiantes de medicina que simularon estar resfriados fueron a las farmacias a comprar algo para aliviar los síntomas. Alrededor del 90% salió del lugar con un antibiótico. “Y también está demostrado que cuando los pacientes insisten en que el médico les recete un antibiótico, la prescripción de esos fármacos aumenta”, indicó Pryluka.

Desde el año pasado, la comisión trabaja en la reducción del uso excesivo de antibióticos en la ciudad, “donde, a veces, los tratamientos se prolongan demasiado o los equipos de salud no son lo suficientemente estrictos con el tiempo de uso como para combatir la multirresistencia”. Diecisiete hospitales están aplicando un programa de uso optimizado de antimicrobianos (PROA) porque “la situación es crítica”, afirmó Pryluka.

Y finalizó: “Cada vez hay más bacterias difíciles de tratar y la producción de nuevos antibióticos es inversamente proporcional a la aparición de la resistencia: se investiga poco en antibióticos. Por lo tanto, tenemos que optimizar el uso, por un lado, y, por el otro, reducir las infecciones en los hospitales. Como le aconsejamos a la comunidad, las medidas para prevenir infecciones, como vacunarse, lavarse las manos, taparse la boca al toser o lavar bien los alimentos, también rigen para los hospitales”.

La comisión que diseñó los PROA con los hospitales depende de la ministra de Salud de la ciudad. “Estamos ante un problema de salud pública poco conocido por nuestra población; este problema tiene que ver con el mal uso de los antibióticos, incluidas las indicaciones médicas incorrectas o la automedicación”, dijo Ana Bou Pérez, titular de la cartera sanitaria. “Si bien aún no se hicieron las mediciones definitivas, estamos observando un mejor seguimiento de los pacientes a los que se les indican los antibióticos de alto impacto”, agregó.

Anticipó que los programas también alcanzarán a los centros de atención primaria y el sector privado. “La resistencia bacteriana no es un problema de un solo lugar, sino que se expande por toda la comunidad. Esta semana, debemos tomar conciencia sobre el uso racional de los antibióticos”, dijo.

Por ahora, en la ciudad, las infecciones en la comunidad están teniendo patrones de resistencia distintos de los que se ven en los hospitales, de acuerdo con el trabajo de la comisión. “En la comunidad hay que trabajar para erradicar la automedicación e insistir en la consulta al médico -sostuvo Pryluka-. Mientras no se considere un problema de salud pública y se legisle para que sea tan difícil comprar en una farmacia un antibiótico como un psicofármaco, la amenaza se mantiene”. NR


Fuente consultada: La Nación

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