Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Llega una nueva edición de Casa Foa

Esta vez será desde las 20 hasta la medianoche. El viernes al 16 de noviembre “La Abadía de San Benito” abrirá sus puertas y arquitectos, diseñadores y ambientadores darán nueva vida a sus antiguos ambientes. (CABA) Ubicada en Gorostiaga 1908, La Abadía fue seleccionada por “su belleza, espiritualidad y una impronta inigualable que asombra en el recorrido de la exposición“, explican los organizadores. Una de las novedades de esta edición...

Esta vez será desde las 20 hasta la medianoche. El viernes al 16 de noviembre “La Abadía de San Benito” abrirá sus puertas y arquitectos, diseñadores y ambientadores darán nueva vida a sus antiguos ambientes.

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(CABA) Ubicada en Gorostiaga 1908, La Abadía fue seleccionada por “su belleza, espiritualidad y una impronta inigualable que asombra en el recorrido de la exposición“, explican los organizadores.

Una de las novedades de esta edición es “Casa Foa Noche“, mediante la cual las puertas del viejo edificio se abrirán cada viernes, desde las 20 hasta la medianoche, para que los presentes puedan apreciar con nuevos ojos espacios llenos de luz y espectáculos musicales preparados para la ocasión.

Tras ingresar por las amplias escaleras del edificio construido en 1924, los espectadores podrán observar el trabajo de paisajismo de Desiree de Rider, quien intervino el jardín con esculturas de aves que se conjugan con el color del exterior para darles la bienvenida.

El recorrido incluye una cama hecha con césped, macetas rojas con corazones de alambre y áreas de descanso que invitan al relax, a cargo de la ingeniera Marta Carena, a la que se accede una vez atravesado el “Pasillo de artes“, que recibe a los visitantes con cuadros de la artista plástica Amalia Amoedo.

Se trata de 45 ambientes, en su mayoría de 20 metros cuadrados, que se abren uno a uno mostrando funcionalidad, diseño y color, como el caso del espacio “Studio” de las arquitectas Lorena Spínola, Marcela Rodríguez y María Ponce Quintero, quienes idearon un ambiente funcional pensado para una persona que vive sola.

En 20 metros diseñamos un lugar para vivir (escritorio amplio, una sala de estar-dormitorio, una cocina con vista a los jardines y placar) porque habitar ambientes chicos es la tendencia mundial y esta propuesta nos parece una escala habitable”, comenta Spínola .

Nos apegamos mucho a las paredes con los muebles e incorporamos un sistema de ‘domótica’ para la iluminación de los distintos ambientes, es decir que todo el esquema puede manejarse a través de una simple tecla que se desprende de la pared y se utiliza de control remoto“.

Otro de los espacio es “Cuarto joven“, a cargo de Sergio Muchnik, quien realizó una habitación bajo la temática “Bullying not cool“, o la cocina ideal para recibir amigos que gusten del buen vino, de Gabriela López, entre otros tan llamativos por el gusto y los colores que armonizan con la estructura delineada en la década del XX por el presbítero Eleuterio González.

Saliendo de los pasillos e ingresando al jardín de la Abadía, se puede observar una pileta de natación con un aspecto muy diferente al anterior, puesto que fue recubierta de madera semejando un gran solárium; y enfrente, en lo que fue la vieja cocina, Adriana Randazzo se apropió de la “Biblioteca“, uno de los lugares que quedará para uso de los habitantes del edificio cedido por la orden Benedictina al movimiento “Sodalicio de Vida Cristiana“.

Se trata de “un espacio concebido para uso público que tenía que funcionar como un centro cultural, por eso imaginamos una biblioteca moderna donde el silencio no sea el protagonista, sino que prime el encuentro, la reunión, el estar conectados para bajar información“, comenta Randazzo.

Al llegar allí, describe, “lo primero con que uno se encuentra es una oficina urbana con un escritorio y una PC, para luego ver la gran la biblioteca – una estructura colgada de la loza del techo- donde jugamos con lo viejo y lo nuevo, lo perfecto y lo imperfecto, a través de una armónica mezcla de vidrios y durmientes; mientras que, por otra parte, desnudamos la pared como una especie de recordatorio de lo que era antiguamente el edificio” que llevó seis décadas construyéndose.

En tanto que un juego de sillones bajos de colores claros iluminan el lugar y un proyector lanza sobre la pared desnuda frases de autores que hablan sobre la revalorización de la palabra escrita“, explica.

Otro de los lugares que quedarán para el uso de sus propietarios es el “Auditorio”, a cargo de Jorge Muradas y Eliana Elesgaray, quienes utilizaron el color blanco para la vieja iglesia de paredes oscuras e imágenes que ahora se alzan sobre columnas blancas, las cuales toman protagonismo gracias a la iluminación de los arcos que los secundan.

Nos atrajo la caja arquitectónica que tenía características sacras y eso es lo que más nos entusiasmó: el estilo ecléctico“, afirma Muradas a la vez que explica que el trabajo que realizaron es un juego con eso de la “elevación del espíritu” que impone el lugar.

La Beca-Studio fue otorgada al espacio Tupperware diseñado por las arquitectas Marysol Kraviez y Alexia Bareusse, quienes separaron con cortinas blancas, los escasos metros para realizar una cocina, una sala de star, baño y sector de duchas independientes.

La historia de Casa Foa se remonta a 1985 cuando Mercedes Malbran de Campos la creó con un objetivo puramente benefactor: recaudar fondos para la Fundación Oftalmológica Argentina Jorge Malbran; de hecho, las siglas de FOA remiten a la fundación creada en 1964 bajo esa premisa.

Fuente: Telam

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