Buenos Aires, 29/04/2017

Llega la primera edición en aimara de “El Principito”

Pirinsipi Wawa llega de la mano de “tres mosqueteros”: el traductor peruano Roger Gonzalo Segura, el editor Javier Merás y el diseñador editorial Fabio Ares

(CABA) La belleza de una obra perdura más allá del encanto del instante: “Ukhama wali chanini yänakaxa janiwa nayrampi uñjatäkasphati”. Así se escribe “lo esencial es invisible a los ojos” en una de las lenguas hablada por más de dos millones de personas en Perú, Bolivia, Chile y Argentina. El Principito, ese clásico del francés Antoine de Saint-Exupéry, se publica por primera vez en aimara, Pirinsipi Wawa (editorial Los Injunables), de la mano de “tres mosqueteros”: el traductor peruano Roger Gonzalo Segura, el editor Javier Merás y el diseñador editorial Fabio Ares.

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“El principal desafío, al inicio, fue entender el mundo del aviador en desgracia y la presencia inaudita del principito. No podía traducir si no me internaba en la vida de los personajes. Me sirvió leer la versión castellana, aunque antes había leído la traducción del francés al quechua sureño de Lydia Cornejo y César Itier. Esa experiencia trazó el camino que debería seguir en la traducción para poner en práctica la forma en que he escuchado en mi niñez las narraciones fantásticas de muchos cuentos aimaras, de boca de mis amigos de infancia, de mis padres, de mis abuelos, y cómo no recordar aquellos cuentos dramatizados que escuchábamos en familia, en la hora de la cena, todos juntos, cerca de una radio a pilas”, cuenta Segura.

“Cuando comprendí el contenido de la obra, sentí que no había tanta distancia cultural –aclara el traductor–. Sin embargo, para que se entiendan ciertos sentidos de la cultura de origen, tuve que adecuar las palabras a la manera aimara, tales como wiyaji por ‘viaje’, phusila por ‘fusil’, uphisina por ‘oficina’. También hay palabras que se han mantenido en castellano, como Navidad, regalo, telescopio, encuesta. Si corresponde a una lengua que no es castellano, usé cursivas. Si hay que explicar algún punto que pueda servir para guiar al lector aimara, usé las notas de traductor al pie de página”. afirma

 “Traté de hacer que el niño realmente hablara aimara, y otros personajes también, que piensen en aimara, y que sus voces se sintieran como si fueran hablantes del aimara. Si pude hacer esto con el principito, puedo decir que este niño y sus amigos pueden hablar todos los idiomas del mundo”, subraya Segura, originario de la histórica nación Aimara de los Lupacas, nacido en 1974 en la comunidad campesina de Chatuma, distrito de Potama, provincia de Chucuito, en Perú. El traductor –profesor de Lengua y Literatura egresado de la Universidad Nacional del Altiplano y magister de Lingüística por la Pontificia Universidad Católica del Perú– comenta que en el título al aimara ya se puede advertir qué hizo para traducir el contenido. “En nuestro mundo no hay príncipes ni princesas, pero sí se puede pensar en hijos de las estrellas, o las estrellas mismas que bajan a la tierra en forma de hermosas mujeres. En nuestro mundo no hay serpientes boas; pero sí hay una serpiente gigante que aparece en nuestros cuentos aimaras, como el katari. Tenemos historias similares y llenas de fantasía. Por eso es que no tuve que buscar un término equivalente a ‘pirinsipitu’ sino adecuar tal cual al aimara, con la única diferencia de que se escriba de acuerdo con las normas ortográficas de la lengua”. NT

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