Buenos Aires, 20/10/2017, edición Nº 1801

Leonardo Rossi y su homenaje “chapita” a Juan Román Riquelme

(CABA) Leo es chapamodelista… ¿se le dirá así? Ah, perdón, corregimos inmediatamente: es un artista que trabaja con chapas, chapitas de gaseosas alegres y coloridas. Leonardo Rossi usa el arte, el suyo, uno particularisimo y chapado a la moderna, como reivindicación y homenaje. Un buen día, hace no tanto, este fulano salió a buscar chapitas de gaseosas. Supongamos que camino, caminó y caminó -tres veces, como en los cuentos infantiles-...

(CABA) Leo es chapamodelista… ¿se le dirá así? Ah, perdón, corregimos inmediatamente: es un artista que trabaja con chapas, chapitas de gaseosas alegres y coloridas. Leonardo Rossi usa el arte, el suyo, uno particularisimo y chapado a la moderna, como reivindicación y homenaje. Un buen día, hace no tanto, este fulano salió a buscar chapitas de gaseosas. Supongamos que camino, caminó y caminó -tres veces, como en los cuentos infantiles- hasta que logró juntar 12.000 chapitas. Después, y durante un año y nueve meses, utilizó ese tiempo -el tiempo libre- para rendirle un paciente homenaje a Juan Román Riquelme.

A mi ídolo”. Claro está, hermano.

La obra está en el rancho ferroviario que Carlos Regazzoni tiene en el Bajo. Pero mucho ojo: en cualquier momento su Riquelme de chapa puede llegar al Obelisco.

Junté 12 mil chapitas. Do-ce-mil. Voy por los bares y tengo amigos que me guardan chapitas de gaseosas”, dice mientras uno podría imaginar por qué hablamos de su arte y no de su sed.

Lo de Leo es un pasión silenciosa, lejana al sentimiento incandescente de un Horacio Pagani. “La jugada es el momento de un caño único. El caño tiene un día, ¿sabías? Eso ocurrió exactamente el 24 de mayo de 2000, día en que Riquelme le hizo lo que le hizo a (Mario) Yepes. De miles y miles de jugadas que me regaló Juan Román, yo elijo inmortalizar ésta (…) ¿Su retiro? Uhhh, me puso mal, mal. No sé si quiero hablar de eso. Me dejo triste. Tenía la ilusión de volver a verlo en una cancha. La bola está llorando. Román fue una persona que generó algo que jamas entendí: hacerme llorar de emoción. El me regaló una playa en Cancún y yo, con esto, apenas un pequeño granito de arena”.

Cuenta que los materiales para sus trabajos están tan a la vista que nadie los tiene en cuenta. “Trabajo con las cosas que veo en las calle, en los volquetes. Reciclo todo. El cuerpo de mi Riquelme está repleto de corcho, y el corcho también lo saco de los bares”.

A los 37, Leo tiene la virtud de no vivir del arte, algo que lo vuelve absolutamente querible. Es un tipo simple al que las chapitas le brotan por los poros. Lo suyo fue caminar pensando en chapitas y reparando en los colores, especialmente en las chapitas verdes. “Los colores mandan. Particularmente me gustan las chapitas verdes de una cerveza que, ¿se puede decir el nombre? Son las más difíciles de conseguir… No sé por qué, quizás haya más gente buscando chapitas veredes. Las verdes son la figurita difícil. También las de Seven Up están muy buenas. Todas las que sean verdes, bienvenidas”.

Todavía falta para que Leo se interne un año largo y termine su monumento a la idolatría. Por ahora es alguien que hace sillas funcionales con alamabre trenzado, y chapitas. Pero sillas para todos y todas, para la mesa de la familia tipo y la disfuncional. Un tipo que los fines de semana va entre los volquetes y que, pudiendo estar cabizbajo por depresivo, sólo mira el baldoserío con metálica satisfacción.

Para hacer el pasto de la escena usé alrededor de 4000 chapitas. Quiero que pongas que me ayudó el amigazo Maximiliano Etchenique, coladorador fiel y bostero como yo (…) Un día, caminando por San Telmo vi a un pibito pateando una chapita. Me paré a verlo. Le dije que su chapita me parecía muy bonita.

¿Era verde?

No. Se agachó y me la regalo. Me pareció un gesto muy lindo de su parte… Nada, que esa chapita fue directo a la remera de mi Riquelme. Quizás el nene no se sepa este dato.

Dirá que el caño es lo más perfecto que puede pasarle al que sabe pisar la pelota, y que la maqueta está hecha en tamaño real, con el metro ochenta y pico de Riquelme y las medidas extactas de Yepes. El pastito que sostiene la proeza futbolística también tiene lo suyo. Y los jugadores están hechos con varillas de construcción más las chapitas que están pegadas con siliconas. “La obra está en el galpón de Regazzoni”, avisa.

Bien al fondo.

Fui a verlo a loco, le toqué la campana, me abrió, le dije lo qué había hecho y se copó. La obra se desarma y se encastra. Puede trasladarse fácilmemte. Hace poco hablé con el hermano de Riquelme y me dijo que Román iba a ir a verla a lo de Regazzoni. Bueno, el 24 de mayo, Día del Caño, la voy a sacar de ahí: pienso llevarla al Obelisco. ¿Te parece bien la idea? Espero que a las autoridades no les moleste mucho”.

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Fuente: Clarín

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