Buenos Aires, 17/11/2017, edición Nº 1829

Leon Ferrari, el arte de la controversia

Ferrari expone sus obras críticas e irónicas en le ex- Esma, lugar donde estuvo desaparecido su hijo, que continua desaparecido. (Ciudad de Buenos Aires) Taller Ferrari. León Ferrari y Yaya Firpo se llama la muestra, en la que pueden verse obras del artista consagrado pero también las de su joven asistente, el entrerriano Firpo. La muestra ocupa la inmensa sala del Conti, que tiene 15 metros de altura, apunta Andrés Duprat,...

Ferrari expone sus obras críticas e irónicas en le ex- Esma, lugar donde estuvo desaparecido su hijo, que continua desaparecido.

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(Ciudad de Buenos Aires) Taller Ferrari. León Ferrari y Yaya Firpo se llama la muestra, en la que pueden verse obras del artista consagrado pero también las de su joven asistente, el entrerriano Firpo.

La muestra ocupa la inmensa sala del Conti, que tiene 15 metros de altura, apunta Andrés Duprat, curador de la exposición y director de Artes Visuales de Nación.

La exposición comprende tres núcleos.

Uno: la recreación del taller con armarios conteniendo obras, textos y objetos.

Dos: trabajos de carácter escultórico, como las “esferas” –que cuelgan del alto techo–, los músicos de poliuretano y esas increíbles esculturas sonoras hechas con varillas de metal.

Tres: las obras de su asistente.

Se expone un poco todo lo que hizo Ferrari. Uno de los trabajos que salta a la vista es Nosotros no sabíamos, un inmenso mural formado por recortes de periódicos de 1976, informando sobre la represión, dando cuenta del clima que se vivía. Algunos de los títulos: “Frente a Colón se hallan tres cadáveres atados con alambres”, “Avanza la investigación de la muerte de cinco religiosos”, “Hallan a una joven secuestrada”. Fueron publicados en el Buenos Aires Herald, Clarín, Le Monde, La Nación, La Prensa, Crónica y la Voz del Interior.

Más lejos hay armarios antiguos. Dentro, obras realizadas con juguetes y objetos comprados en Once, como un Papa de plástico bendiciendo a un gorila de juguete, una calavera cubierta de cucarachas de plástico, la foto del dictador Videla en una trampa para ratas, el Arca de Noé tamaño mini, con animalitos de juguete cocinándose sobre una sartén; un Cristo crucificado sobre un hueso humano y no sobre una cruz.

Podría ser que los trabajos –su crítica directa e irónica– toquen puntos sensibles: hay láminas del día del Juicio Final cubiertas de excrementos de palomas. Hay una jaula llena de Cristos y Marías encerrados, custodiados por cuatro diablos de cera. Hay un Cristo blanco, de yeso de tamaño mediano, atacado por palomas negras (o cuervos). Y en el medio de esta vitrina está esa obra que se pelean varios museos del mundo, desde la Tate Gallery hasta el MOMA, y que fue decisiva en la vida de León: La civilización occidental y cristiana. Un Cristo crucificado sobre un avión F 105 de las Fuerzas Armadas estadounidenses. Ferrari la creó durante la guerra de Vietnam.

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