Buenos Aires, 22/07/2017

Las tres costumbres porteñas que han regresado

Las sillas en la vereda, las pastas de los domingos y los paseos en bicicleta están en auge en la Ciudad de Buenos Aires

(CABA) Las ciudades vibran con su gente, con sus costumbres, que convierten a su arquitectura en un escenario que engalana esta dinámica. Los orígenes de las tradiciones porteñas son múltiples, aunque la mayoría son transoceánicas.

En los últimos años comenzó a darse el resurgimiento de tres, que si bien persistían entre los hábitos de la gente de la ciudad habían pasado de moda. Sin embargo, diferentes fenómenos socioculturales las hicieron resurgir.

Sillas en la vereda

vecinas-en-la-vereda_0

Las tendencias en las redes sociales surgen a partir de una necesidad, de una carencia o como resultado de un movimiento en desarrollo. El viernes 19, por ejemplo, se produjo el Volvamos a las calles, que tuvo amplia aceptación en Facebook, con casi 40 mil personas participando.

La propuesta, básicamente, buscó recuperar el espacio público como lugar de encuentro con el otro, como un espacio para compartir en familia y con los vecinos, tal como ilustró Roberto Arlt en Silla en la vereda, una de sus Aguafuertes porteñas, escritas entre 1928 y 1933 para el diario El Mundo.

“La sociedad busca la manera de resolver las tensiones, sus problemas, de maneras originales. En los últimos tiempos, es cada vez más común ver en distintos barrios de la ciudad, como Villa Urquiza, Saavedra y Chacarita, entre otros, cómo los vecinos retomaron esta costumbre”, explicó el psicólogo y escritor Gervasio Díaz Castelli.

“Creo que responde a una especie de actitud inconsciente colectiva para ganarle a la inseguridad. Una manera de enfrentarla, una suerte de resistencia que deja en evidencia que nada ni nadie puede privar a las personas del disfrute del espacio público”.

Por su parte, para el especialista en consumo Federico Fros Campelo “los grandes cambios sociales tienen orígenes Top Down, esto quiere decir de arriba hacia abajo. Creo que la creación de bancos, sillas y mesas fijas en distintos rincones de la Ciudad impulsa el cambio de hábito”.

Los domingos, en familia

asado en familia 006

Al igual que muchas de las costumbres porteñas, el consumo de pastas los domingos en familia atravesó el Atlántico junto a los inmigrantes. Este hábito que perduró por décadas siempre tuvo como contrincante al asado, lo que resulta lógico en un país que se fundó con lógica agroexportadora.

Aunque la popularidad del asado fue ganando terreno a la hora de reunir a la familia, los avatares socioeconómicos traen como efecto cambios en el consumo.

“En los últimos años se produjo una migración de un consumo a otro”, pero “este fenómeno no solo se dio por un sustituto económico”, dijo Fros Campelo.

“Hace más de una década hubo una merma del consumo de pastas gracias a la demonización que hubo de los carbohidratos. Surgieron los productos bajos en calorías a granel, incluso hasta en chocolates. La razón principal es la gran exigencia estética que viven los porteños a través de los medios”.

Para el psicólogo Díaz Castelli uno de los factores que influyó en la decadencias de las pastas fue social: “Durante la década del 90 y principios de este siglo la institución familia fue mutando, dándole lugar a la familia adquirida en reemplazo de la primaria. Esto devino en una pérdida de la tradición de juntarse los domingos, por ejemplo”.

“Sin embargo, en los últimos años resurgió esta tradición. Las nuevas generaciones están retomando las costumbres de nuestros abuelos”, aseguró Díaz Castelli.

Para Pros Campelo, autor de El cerebro del consumo, “en la actualidad, la ‘moda’ alimenticia habla de que para tener una estética más saludable se necesita una combinación de alimentos. Hay un entendimiento más cabal de que no se logra por rechazar a toda una familia de alimentos”.

“No creo que el resurgimiento de las pastas haya sido intencional, sino más un fenómeno emergente social, que cambia nuestra manera de consumir”

Una ciudad en dos ruedas

BuenosAiresBicitours

Una encuesta realizada  a amantes de la vida sana reveló que las personas prefieren andar en bicicleta que correr, a pesar de que el running se convirtió en un fenómeno social en los últimos años.

El uso de la bicicleta en Buenos Aires se incrementó con la llegada de los inmigrantes, quienes la utilizaban como medio de transporte, aunque entonces no era para nada accesible. Luego, la industrialización la volvió más accesible y se convirtió en un objeto recreacional.

“Andar en bicicleta era una costumbre muy asentada en la Ciudad, durante las primeras décadas del siglo pasado”, dijo Díaz Castelli.

Luego, el desarrollo automotriz y el crecimiento poblacional que devino también en un aumento de los medios de transportes públicos generó que se convirtiese en un objeto de nicho. En los últimos años, la creación de alrededor de 155 kilómetros de Bicisendas generó una recuperación de sus uso, no solo para viajar hasta el trabajo sino que alentó su explotación como herramienta recreacional.

Según el último estudio de la Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Buenos Aires es la cuarta ciudad de América latina en el ranking de utilización de la bicicleta como medio de transporte. El trabajo comparó 57 ciudades de la región y señaló que el 3,5 por ciento de los viajes en la Capital se realiza pedaleando.

“El ciclismo urbano es una opción de movilidad con alto potencial para reducir algunos de los problemas de nuestras ciudades: la congestión de tránsito; la mala calidad del aire y las emisiones de gases que contribuyen al cambio climático”, explicó Andrés Fingueret, del Instituto de Políticas de Movilidad (ITDP), quien asesora al gobierno porteño para la creación de la Bicisenda.

Para Díaz Castelli, “el aumento del uso de la bicicleta es un claro ejemplo de cómo se puede educar desde el Estado en la construcción de hábitos saludables”.

“Nació como una idea de extrapolar una consciencia de ‘onda verde’ de otras grandes ciudades del mundo y, al principio, tuvo muchísimas críticas, mucha resistencia”, recordó.

Y agregó: “Sin embargo, los porteños tomaron sus bicis y salieron a la calle, no solo desde una postura ecológica o de evitar el tránsito, sino como una oportunidad de volver a disfrutar los paseos en pareja o familia. Hoy, es muy común ver en los espacios verdes durante toda la semana a muchas personas paseando en sus bicicletas, incluso durante la noche”. NT

Comentarios

Ingresa tu comentario