Buenos Aires, 26/09/2017, edición Nº 1777

Las pérdidas enormes de tiempo que generan las colas y filas

Los desplazamientos y los minutos "muertos" provocan ansiedad y quitan hasta 11% del tiempo de los adultos en las grandes ciudades de América Latina.

(CABA) Según el estudio, que indaga en el uso que los sufridos habitantes de las megalópolis contemporáneas les dan a esos “tiempos muertos“, la población que tiene entre 18 y 65 años consume de 6 a 11% de su tiempo de vigilia en pausas y esperas.

Esperar puede traer consigo un caudal de angustia que, según observa el médico psicoanalista Andrés Rascovsky, ex presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), tiene su origen en cierta sensación de insignificancia que experimentamos en las esperas cotidianas.

Es un tema de alta resolución individual, pero tiene que ver con el maltrato que la cultura nos impone y con la vivencia de insignificancia que nos genera la pérdida de nuestro tiempo tan valioso”, señala a La Nación.

Estanislao Bachrach, doctor en biología molecular, propone “llevar el cerebro” al gimnasio. “Podés estar en la cola del supermercado y mandar un correo electrónico o un mensaje de texto con el celular, pero también podés ejercitar, por ejemplo, la atención. Eso es llevar al cerebro al gimnasio. ¿De qué manera? Poniéndose a contar todas las cosas rojas que hay en el supermercado, concentrando toda la atención en la temperatura del manubrio del changuito, llevando toda la atención a los dedos, tratando de cerrar los ojos y escuchar todas las voces que hay en el supermercado. Son ejercicios, pero lo que estás haciendo para la ciencia es algo así como levantar bíceps. Estás mejorando y estimulando tu concentración. Aunque parezca algo tonto, si hacés eso en tus tiempos de espera, a las dos o tres semanas notás cambios en tu vida“, asegura.

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