Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Las mejores barras populares de la Ciudad de Buenos Aires

Buenos tragos y accesibles.

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(CABA) La escena es muy cool. El bar con una barra pequeña y elegante que alberga botellitas con elixires misteriosos, coñacs de precios exorbitantes y rones ultrapremium. Un cliente pide un cóctel ahumado; otro elige un trago que se sirve en un antiguo vaso de cristal. Para cada receta, el bartender presta plena atención a los detalles: refresca las copas, talla los hielos a mano, mide cada líquido con exactitud. Todo es perfecto, digno de una película, y los cócteles son todos maravillosos, delicados, únicos. Es el arquetipo de la exclusividad. Bares pensados y diseñados para atender poca gente. Esta es la nueva camada de cocktail bars que triunfa en el mundo entero. Del Artisan Bar en Londres al Victoria Brown en Buenos Aires. Son lugares donde se bebe como los dioses, pero hay un costo oculto que a veces se olvida: perder popularidad. Algo que terminó generando una contracorriente cultural: aquella que recupera la tradición popular de la buena coctelería, poniendo en valor lugares que, más allá de atender a cientos de clientes en una misma noche, logran aun así calidad en sus bebidas, originalidad en sus tragos y una poderosa energía nocturna.

La prueba está en que, desde 2011, el prestigioso festival Tales of the Cocktail decidió crear el premio al mejor high volume cocktail bar (algo así como el mejor bar de alto tránsito). Hasta ese entonces, los ganadores siempre eran lugares pequeños, exclusivos, donde cada cóctel demoraba cinco minutos en hacerse, por lo que una gran masa de consumidores quedaba afuera. Este nuevo premio buscaba reconocer también a losbares que ofrecían una gran coctelería, sin por eso perder una clientela numerosa. El último ganador, elegido hace apenas un mes, es nada menos que el bar Schumann’s, de Múnich, cuyo jefe de barra -Cihan Anadologlu- vino hace unas semanas a Buenos Aires como invitado de Verne Club y Florería Atlántico. El año pasado, Jim Meehan, creador del muy famoso y exclusivo PDT neoyorquino, acrónimo de Please Don’t Tell (este bar funciona detrás de una panchería y para entrar hay que atravesar una cabina telefónica: cualquier similitud con un bar porteño no es coincidencia), dijo en una entrevista: “La gente no quiere más lugares pequeños y secretos, quiere lugares informales, con menos artificio y más tragos ricos y buenos momentos“. También aclaró que esto no significa que los exclusivos vayan a desaparecer -para el propio bien de PDT-, sino que simplemente dejarán de marcar tendencia.

En la Argentina, los lugares pequeños, de muy alta coctelería, fueron la gran novedad en los últimos tiempos. Pero en simultáneo, los mejores bares populares no solo mantuvieron su éxito, sino que sumaron nuevos ejemplos y aperturas que van más allá del micronicho especializado. Lugares con una coctelería amplia, a precios más amables, donde se sirven tanto un Old Fashioned y un Manhattan como una caipiriña de maracuyá o un trago con base de frutillas. Demostrando así que calidad y cantidad no siempre son dos caminos separados.

Milion | Paraná 1048
Corría 1999 cuando Milion abrió sus puertas, e inmediatamente la ciudad porteña cayó rendida a sus pies. La mezcla era, y sigue siendo, perfecta. Un petit hotel de principios de siglo XX, grandes barras, galería de arte y mucha onda. Hoy, la novedad es que asumió como jefe de barra Norman Barone, uno de los mejores bartenders del país, que tras un tiempo sabático anuncia así su vuelta al ruedo. Para beber: el Yo no tengo un San Valentín, creación de Barone, con ron blanco y dorado, licor St. Germain, tónica, almíbar, limón, frutos rojos y jugo de arándanos.

Festival | Gorriti 5741
Una flamante apertura en Palermo, de los mismos dueños del muy exitoso Soria. La receta es muy similar: mucho aire libre (apto fumadores), dos barras, DJ en vivo, rica comida de bar (pinchos de pollo marroquí, langostinos crocantes), tragos de todo tipo y color (hay “festivales” de caipiriñas, de Collins, de Martinis y de julepes, además de cócteles de autor como Don Segundo, con vermú Rosso, fernet Branca, soda, miel y limón). La estética algo industrial y su ubicación en la parte más tranquila de Palermo Viejo lo hacen un gran refugio.

Sheldon | Honduras 4969
Pocos bares porteños logran unir las variables de Sheldon: una increíble programación musical (con shows en vivo de músicos reconocidos como Pettinato o Frenkel, DJ en vivo los fines de semana) en una casona preciosa a metros de Plaza Serrano, que también alberga a la disquería de culto Miles. La comida es simple y rica -BBQ ribs, papas cuña con fondue de quesos-, y la coctelería es la justa y necesaria: tragos amables, fáciles de beber. Como el Casa Tomada (hesperidina, cointreau, miel, jengibre y jugo de naranja) o las populares jarras de litro, desde Cynar Julep al siempre efectivo vermú con pomelo). Para ir en grupo.

Mundo Bizarro | Serrano 1222
Fue el primer bar, en muchas décadas, en volver a ofrecer tragos en copa cóctel en la Argentina. Y, desde entonces, es un símbolo de resistencia de una coctelería clásica (a gusto de Pablo Piñata, manager y símbolo de este bar) que esquiva los lugares comunes, sumando buena dosis de rock & roll. Para acompañar fajitas, sushi o jugosas hamburguesas, podés pedir un elegante Martini extra seco aromatizado con Angostura Bitters, también un fresquísimo Negroni Sbagliato o una original mezcla de sake, hierbabuena, Jägermeister y soda de pera.

Fuente: Brando

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