Buenos Aires, 28/05/2017

Las huertas orgánicas como pedagogía de la enseñanza

En el proyecto “Huertas Escolares”, del Programa Escuelas Verdes, se aplican nuevas técnicas pedagógicas del sistema educativo. Promueve la implementación de la huerta orgánica como herramienta para la enseñanza.

(CABA) La Escuela N° 19 “Hermanos Latinoamericanos” del Polo Educativo Villa 20 de Lugano es uno de los establecimientos que forman parte del proyecto “Huertas Escolares” del Programa Escuelas Verdes, donde se aplican nuevas técnicas pedagógicas del sistema educativo porteño. Ahí los chicos aprenden el concepto “de la sustentabilidad”.

Se usa el método de “Hidroponia”, a través del cual los alumnos pueden tener sus propias huertas en sus casas. Aprenden en Ciencias Naturales sobre el proceso y evolución de la naturaleza, pero también en Ciencias Sociales se trabaja lo que es alimentación saludable.

El proyecto “Huertas Escolares” promueve la implementación de la huerta orgánica como herramienta didáctica para la enseñanza, el desarrollo de valores y el interés por la preservación del ambiente, a través de la creación y revalorización de los espacios verdes escolares.

En el caso de la Escuela Nº 19, se sumó al proyecto “Hidroponia” a fines de septiembre de 2015, y en su invernadero los alumnos siembran los cultivos y realizan distintas actividades pedagógicas con la huerta.

La hidroponía se basa en el principio de que el suelo puede ser reemplazado por un medio compuesto por agua, sales minerales y aire, por lo que se incentiva la creación y revalorización de espacios verdes escolares y se promueve la instalación de ese sistema en las escuelas.

Gracias a este proyecto, los alumnos conocen la procedencia de los alimentos que consumen en sus hogares y aprenden a cuidar los cultivos y a seleccionar nutrientes, de modo tal de abordar distintos contenidos pedagógicos, mediante la experiencia y el contacto con las plantas.

El Programa Escuelas Verdes acompaña el progreso de las huertas a través de un equipo de docentes especializados que orienta a los alumnos en cada una de las etapas de planificación, armado y desarrollo, para articular e investigar contenidos de ciencias naturales y biología a fin de poder trabajar tanto en el aula como en el campo de acción.

Por otro lado, en la ciudad de Buenos Aires existen hace tiempo experiencias de cultivo orgánico y comunitario con una impronta autogestiva que suelen tener bastantes dificultades para desarrollarse. Uno de ellos es el caso del Corralón de Floresta, ubicado en la avenida Gaona al 4660: un espacio con historia desde principios del siglo pasado, que funcionó como alojamiento para los camiones de basura, testigo en los 70 de la desaparición de tres trabajadores -entre ellos el cura barrendero, Mauricio Silva- y el asesinato de tres jóvenes que se quejaban de la crisis nacional en el 2001 que un policía no soportó y aplicó el gatillo fácil.

El espacio que se convirtió en un basural abandonado fue tomado por unos jóvenes estudiantes de profesorado que quisieron darle “una cara nueva”. Levantaron el cemento y dieron vuelta la tierra para cultivar alimentos orgánicos y comunitarios para todo aquel que quisiera recogerlo. Ellos también promueven que cada persona tenga su propia huerta, pero su ideología base es la “permacultura”: usar lo que otro considera basura para algo productivo y con el menor gasto posible de energías, como puede ser la utilización de un pallet tirado en la calle para convertirlo en una mesa.

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Festival de Emergencia en el Corralón de Floresta. Foto: Santiago Carrillo

Los chicos del “corra”, como suelen llamarlo, sufren amenazas de desalojo del Gobierno porteño hace varios años. Ellos no saben bien si quieren hacer una plaza o edificar torres, como sucede en los alrededores del barrio de floresta. Por eso varios diputados apoyan su proyecto para convertir el espacio en una plaza cultural; pero el macrismo -orquestado desde la Comuna- no quiere saber mucho con la idea y el pasado mes hubo intimidaciones de desalojo por parte de personas que no estaban ni siquiera uniformadas y se habían acercado con actitud amedrantadora. Sin embargo, el colectivo de la “Huerteca” (Huerta + Biblioteca) organizaron un festival de emergencia, con malabares, circo, teatro y con la fuerte impronta de organizar la rabia y defender la alegría. Por ahora, sigue habiendo cultivo comunitario, y con la fuerza de la juventud, para rato.

S.C.

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