Buenos Aires, 25/07/2017

Las historias y joyas que guarda Recoleta

La plaza Rodríguez Peña fue escenario de una tragedia. Además, una vuelta por el "Pizzurno" y una casa decorada con un collage de azulejos pintados en Milán.

Escribe Judith Savloff

(CABA) Ni bocinazos ni el canil donde los perros te sacan sonrisas. En 1835, todo esto, la plaza Rodríguez Peña y alrededores, entre Recoleta y Retiro, era campo. La quinta de Juan Antonio Rodríguez, inmigrante gallego, próspero comerciante. Un lugar tranquilo en teoría.

En teoría porque una noche de ese año a Rodríguez lo despertaron ruidos. Algo en la huerta, ahí por donde crecían las bergamotas. Se levantó, tomó una escopeta, disparó de lejos y todo se quedó mudo de nuevo. Mudo y quieto. Así que volvió a la cama. Pero a la mañana descubrió que había matado: su vecino estaba muerto.

Libros de historia dicen que la Justicia lo absolvió. Sin embargo, Rodríguez parece no haber podido con la culpa y mandó a construir una capillita en homenaje a la víctima.

Petronila, su hija, tenía veinte años cuando ocurrió ese desastre. Cuarenta y tres después, donaría los terrenos y en su testamento ordenaría –entre otras cosas– que la capillita pasara a ser una iglesia y que construyeran una escuela para 700 señoritas.

La iglesia es la Parroquia Nuestra Señora del Carmen (1888). Lo de la escuela se complicó. El Consejo Nacional de Educación recibió la plata. Convocaron al arquitecto Carlos Altgelt, quien con su primo Hals, construyó un palacio de aires franceses (1886). Pero lo ocuparon los tribunales hasta 1894. Y después –salvo por un breve lapso– se instaló el Ministerio de Educación.

El palacio se llama Sarmiento aunque le digamos Pizzurno. Pizzurno es el pasaje al que da, bautizado en honor a los hermanos y maestros Pablo, Carlos y Juan Pizzurno. Y habría una Escuela Petronila Rodríguez, sí, pero más adelante, en Parque Chas. Por acá, lleva su nombre la plazoleta de Rodríguez Peña y Paraguay.

La zona guarda otras historias. La de la escultura de mármol de Carrara El sediento, de la argentina Luisa Isella de Motteau (1886-1942), colocada en la Plaza en 1914. Recatada, igual generó críticas: “¡¿Un joven desnudo en la vía pública?!” Y la zona esconde además, entre cables y vorágine, otras joyitas. Entre ellas, una casa decorada con murales hechos de azulejos pintados en Milán (1911) y herrería Art Nouveau.

El sol languidece. Varios homeless terminan de orear frazadas. Una chica emponchada, de leer bajo un árbol. Pero el desfile de perros sigue. Por suerte. Es que en algo atenúa, como El sediento, como la vecina pizzería El Cuartito (1934), como los templos y los palacios, el eco de las balas en la oscuridad.

1) “La casa de los azulejos”. En los dos pisos de arriba, el frente de este edificio Art Nouveau -más bien en su versión italiana, Liberty–, del arquitecto Benjamín Trivelloni, está decorado con murales hechos con azulejos que creó Pío Panzatti en 1911 en Milán. Representan a una mujer acomodando heno y a un hombre que sostiene a un toro por las astas.

Aunque haya que esquivar cables con la mirada y algunas partes del edificio de 1905 necesiten arreglos, las rejas curvas de los balcones, decoradas con ramilletes de flores de hierro y hojas, guirnaldas y detalles dorados, se realzan mutuamente.
Desde la Asociación Art Nouveau Buenos Aires (AANBA) explican: “La entrada a los departamentos conservó su puerta original, que da a un palier con laterales de mármol y a la escalera. No tiene ascensor. El local de la planta baja tiene una puerta de hierro con el picaporte original, de 1911”. En Paraguay 1328.

Dato: El remate de la azotea, una composición de líneas sinuosas y más flores, es delicadísimo pero igual resalta, recortado contra el cielo. Como si fuera una estrella.

2) Un palacio para la educación. El monumental edificio original del Palacio Sarmiento, conocido como Pizzurno, Monumento Histórico Nacional, sede del Ministerio de Educación y Deportes de la Nación y de la Biblioteca Nacional de Maestros, fue construido entre 1886-8 por el arquitecto Carlos Altgelt y su primo Hans Altgelt, con distintas influencias, principalmente, francesas -neoclásico y, para algunos expertos, incluso “versallescas”-. Y en los años 80 tuvo remodelaciones. En Pizzurno 935.

3) Legado particular. El comerciante gallego Juan Antonio Rodríguez levantó en 1840 una capilla en este espacio en honor a un vecino, a quien mató una noche, al disparar al bulto, sin ver ni avisar. Fue el primer antecedente de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen.
Petronila Rodríguez, su hija, mandó a construir este edificio a Juan Buschiazzo –autor del Mercado de San Telmo y del Cementerio de Recoleta, entre muchísimas obras– entre 1881-8. El rosetón, las torres, el campanario, combinan la elegancia de los estilos clásicos. En Rodríguez Peña 840.

4) “El sediento”. Así se titula la escultura realizada por la argentina Luisa Isabel Isella de Motteau en mármol de Carrara e inaugurada en 1914 en la Plaza Rodríguez Peña.

Como dijimos, como se ve, la escultura, neoclásica, de apenas poco más de un metro de alto, es decorosa. Sin embargo, cuando la emplazaron, levantó polvareda: “¿Un desnudo en la vía pública?” . En el sector de la Plaza Rodríguez Peña que da a Callao, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear.

Dato: La plaza fue proyectada por el maestro del paisajismo Carlos Thays, inspirado en el romanticismo inglés, e inaugurada en 1894. Y aunque luego la modificaron -hoy tiene sector de juegos infantiles y un canil-, sus senderos circulares, árboles, plantas y obras de arte funcionan como ecos de su sello.

5) El Cuartito. Abrió en 1934 en un cuartito, literalmente. Fueron tangueros (Troilo, Goyeneche y Edmundo Rivero), los que salían de los teatros de Corrientes (del Coliseo, de ver a Les Luthiers), deportistas. Y todos los que se ven en las fotos, muchas veces autografiadas, y se evocan en los afiches que decoran el local, siempre poblado.

Hay que comer una porción de napolitana ($32) -con ajo y perejil frescos- parado, en el mostrador, al paso. Probar “La buena pizza”, dice el slogan del negocio. Si va a compartir en la mesa, la grande de muzzarella vale $220. Y la napolitana, $250. En Talcahuano 937. NR


Fuente consultada: Clarín

Comentarios

Ingresa tu comentario