Buenos Aires, 26/09/2017, edición Nº 1777

Las distintas figuras detrás de la historia del guardapolvo blanco

Su uso en las escuelas se hizo oficial en 1919, aunque la discusión comenzó varios años antes. Cuál es el origen de las “blancas palomitas”.

Por Eduardo Parise

(CABA) Cada vez que en algún encuentro se habla de los “inventos argentinos“, la mención incluye a la birome, al dulce de leche y al colectivo. Sin embargo, hay ocasiones en las que se suele recordar también a un elemento que, con los años, se convirtió en símbolo de la educación pública y gratuita en todo el país. Ese elemento, que ya tiene casi un siglo de uso tanto en alumnos como en docentes, no es otro que el guardapolvo blanco. Pero la historia de su utilización no es simple y lineal como uno podría pensarla, porque detrás de esa vestimenta hay nombres de distintas figuras, más o menos conocidas, que tuvieron relación con esta costumbre aún vigente.

Algunos creen que el impulsor del uso del guardapolvo blanco fue Domingo Faustino Sarmiento. Es que su actuación promoviendo aquello de “educar al soberano” resultó importante a fines del siglo XIX, cuando el analfabetismo tenía cifras importantes y era fundamental que los chicos fueran a la escuela. Pero no fue él quien sugirió eso. Es más: la ley 1420 disponiendo la educación laica, gratuita y obligatoria, que fue promulgada el 8 de julio de 1884, durante la primera presidencia de Julio Argentino Roca, prohibía el uso de uniformes escolares. Eso tuvo vigencia hasta 1919.

Otros atribuyen el tema a la gestión de Pablo Antonio Pizzurno quien, junto con sus hermanos Juan Tomás y Carlos Higinio, fue un educador importante en aquellos tiempos. Pablo Pizzurno murió en 1940. Lo que se sabe es que para abril de 1913, en una circular del Consejo Nacional de Educación, no se hablaba de usar guardapolvo sino que se mencionaba que los alumnos debían vestir “trajes sencillos“. Recién a fines de 1915, en otra circular, se recomienda que el personal docente de la Capital Federal utilizara “delantales blancos“. Creen que eso surgió por una sugerencia que había hecho en algún momento el doctor Genaro Sisto (1870/1923), un prestigioso médico higienista. De todas maneras, dicen que él no había sugerido color.

Entre los historiadores también se menciona otro hecho ocurrido en 1915. En el invierno de ese año, cuentan que una maestra de la escuela “Cornelia Pizarro” (aún está en la calle Peña, entre Agüero y Laprida) propuso que, para evitar visibles diferencias en la vestimenta de los chicos, todos llevaran un guardapolvo sobre la ropa. La maestra se llamaba Matilde Filgueiras de Díaz. Dicen que el tema se planteó entre los docentes y los padres y fue aprobado. Inclusive afirman que ella compró tela blanca, porque era la más económica, e instruyó a las madres sobre el modelo a realizar. Claro que el tema también provocó que algunos se opusieran y hasta consiguieron que un inspector se acercara al lugar. Pero el inspector lo aprobó.

De todas formas la aprobación oficial recién se concretó el 1 de noviembre de 1919, en la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen. Claro que el debate para su aplicación llevaba un tiempo, porque desde julio de 1916 otro gran médico porteño, el doctor Genaro Giacobini (1889/1954), ya había pensado en el guardapolvo blanco. Giacobini, concejal y benefactor de los barrios del Sur de la Ciudad, había pedido que se otorgara una subvención mensual para el Consejo Escolar 19 (Parque Patricios y Pompeya) destinada a alimentos, útiles y ropa para los escolares. Y ahí mencionaba el guardapolvo.

El tema se trató en 1917 en el Consejo Nacional de Educación y en 1919 se aprobó la recomendación de usar guardapolvo blanco considerándolo “uniforme característico del traje escolar“. También, como lo había pedido Giacobini, se aprobó el aporte para comprar textos y útiles escolares. Recién 23 años más tarde (fue en 1942) el uso del guardapolvo blanco se convirtió en obligatorio. Y dos décadas después, en 1966, un programa de televisión iba a hacer popular la expresión “blancas palomitas“. Lo decía Efraín (personaje del actor Vicente Ariño) quien era el portero de la escuela de “Jacinta Pichimauida, la maestra que no se olvida“, una creación de Abel Santa Cruz. Pichimauida (significa “montaña pequeña”, en lengua mapuche) era el personaje de Evangelina Salazar. Pero esa es otra historia.

blancas palomitas

Fuente: Clarín

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