Buenos Aires, 22/11/2017, edición Nº 1834

Las Cañitas tiene en sus calles una escultura que le perteneció a Perón

“Mujer con gato” estaba en los jardines de la residencia presidencial. Se la llevaron tras el golpe del 55

(CABA) La información apareció hace unos días. Según un estudio de la Universidad de Viena, los gatos tienen un vínculo especial con las mujeres y las prefieren como amos antes que a los hombres. En Buenos Aires hay una pequeña escultura que grafica muy bien esa interrelación. Se titula “Mujer con gato” y está en la plazoleta del bulevar Chenaut, en la zona de Las Cañitas, barrio de Palermo.

La obra está hecha en un solo bloque de mármol de Carrara y aunque sus dimensiones no tienen la grandeza de otras esculturas porteñas, la calidad de sus formas la convierte en algo para destacar. Mucho más si uno se entera que su escultor había sufrido la amputación de una de sus manos. El hombre se llamaba Maxíme Real del Sarte, había nacido en París, Francia, el 2 de mayo de 1888 y se había formado en la École de Beaux-Arts. Alistado en el Ejército francés, durante la Primera Guerra Mundial sufrió una grave herida y tuvieron que amputarle el antebrazo izquierdo. Fue en la dura batalla de Verdún, ocurrida en enero de 1916.

Por eso, esa pequeña estatua escondida en un rincón de la Ciudad, tiene otro valor. Se sabe que “Mujer con gato” fue comprada por el empresario naviero Alberto Dodero, quien luego se la donó a la entonces municipalidad porteña. Por su vinculación con el presidente Juan Domingo Perón y su esposa Eva Duarte, a principios de la década de 1950 la escultura fue instalada en los jardines de la residencia presidencial que estaba en el lugar donde actualmente está la Biblioteca Nacional, en la Avenida del Libertador, entre Austria y Agüero, en Recoleta. Después del golpe de 1955 y derrocado Perón, la residencia fue demolida. Allí había muerto Evita y se pensaba que podía convertirse en lugar de peregrinación para el pueblo peronista.

Entonces, la escultura fue trasladada a una plaza en el barrio de Mataderos, donde estuvo hasta 1970. Recién en 1983 esta obra magnífica fue instalada en su ubicación actual. La colocaron sobre una estructura hecha con adoquines y está a la altura de la gente para que pueda ser admirada en todos sus detalles. Allí se aprecia esa suerte de devoción que la mujer, arrodillada, siente por su mascota. Es que, desde el fondo de la historia, los gatos siempre fueron motivo de admiración. Se dice que su domesticación ocurrió 2.000 años antes de Cristo, en el antiguo Egipto. Inclusive dentro de la mitología de ese pueblo estaba la Diosa Bastet, que se simbolizaba mostrando el cuerpo de una mujer con cabeza de gato. Dicen que era una diosa pacífica, que su misión era la de proteger el hogar y que representaba la alegría de vivir. NT

 

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