Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Las Cañitas abandona su histórica tradición gastronómica

(CABA) La zona de Las Cañitas, en Palermo, supo ser un destino obligado al momento de elegir una salida completa que incluyera tomar un trago, cenar y luego terminar la noche en un boliche de moda. Todo cerca, incluso en la misma cuadra. Pero en los últimos años el paisaje sufrió una metamorfosis y el incesante movimiento parece ser cosa del pasado, especialmente los fines de semana. Desde los locales...

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(CABA) La zona de Las Cañitas, en Palermo, supo ser un destino obligado al momento de elegir una salida completa que incluyera tomar un trago, cenar y luego terminar la noche en un boliche de moda. Todo cerca, incluso en la misma cuadra. Pero en los últimos años el paisaje sufrió una metamorfosis y el incesante movimiento parece ser cosa del pasado, especialmente los fines de semana.

Desde los locales gastronómicos acusan, desde 2012, un 40 por ciento menos de cubiertos cada año, que junto con los insumos y cargas sociales complican la rentabilidad. Así, la movida nocturna viró hacia otros destinos, volviendo a Las Cañitas una zona más familiar.

Esto es lo que reflejan algunos datos del rubro gastronómico. Para citar algunos ejemplos, en el último año 28 bares dejaron de funcionar en la ciudad de Buenos Aires según el sitio airesdebares.com; de ellos, nueve estaban en Las Cañitas. Restaurantes emblemáticos como el Soul Café, Campo Di Fiori, La Ménsula, La Imprenta, La Stampa y Piégari Piazza también migraron hacia otros sitios. Vecinos del barrio calculan que fueron cerrados cerca de 15 comercios en los últimos 3 años. Algunos de ellos cambiaron de dueño, a veces más de una vez. Otros se transformaron en confiterías, heladerías o simples quioscos. Muchos tienen aún el cartel de venta en la puerta.

Un caso emblemático fue el del músico Fabián Von Quintiero, “el Zorrito”, que supo ser dueño de varios emprendimientos gastronómicos de Las Cañitas como Eh, Santino, Voodoo Bar, Nina Wok, Bruni y Soul Café. Este último, un ícono y de los pioneros del barrio, cerró sus puertas en 2013. Su alma máter lamentó en su momento la decisión, pero se percató de que el polo gastronómico ya no estaba allí, sino que iba mudándose a otras zonas, como Palermo Soho.

Patricia es la encargada de la pizzería Tonno, uno de los locales más emblemáticos de la zona, y vecina de Las Cañitas desde hace 34 años. Cuenta que en un principio el barrio como tal no existía, había sólo baldíos con cañaverales. Luego, por la proximidad con el Hipódromo, se instalaron las caballerizas. Alrededor de 2003 surgió el boom de los locales gastronómicos y boliches, hasta hace 3 o 4 años, cuando, primero paulatina y luego de manera más asidua, comenzaron a cerrar.

Culpa al exceso de competencia y a los altos alquileres: “Surgen todo el tiempo nuevos lugares en donde antes había un garaje de una casa. Los ponen con toda la pompa y a los dos meses cierran. Cobran precios muy caros pensando que los turistas son tontos y pagan cualquier cosa“, explica. Otros, en cambio, empiezan con precios sospechosamente bajos “contra los que es imposible competir, eso nos mata“, se lamenta.

Destaca sin embargo algunos cambios positivos, como la construcción de edificios de departamentos, que sumó clientes y propició de cierta manera la inauguración de restós.

El triángulo delimitado por las avenidas Dorrego, Del Libertador y Luis María Campos concentra el corazón de esta exclusiva zona, que en los últimos tiempos alberga en su mayoría a parejas jóvenes, matrimonios con hijos ya independientes y extranjeros. “Es un barrio de transición, gente que se queda poco, de paso. Hay mucho alquiler temporal“, cuentan desde la inmobiliaria Shenk, con varios locales en venta y en alquiler en la zona.

Sobre las calles Soldado de la Independencia, Matienzo y Migueletes hay varios edificios en etapa de desarrollo o ya terminados y listos para la venta. De las 42 manzanas que abarca la zona, el rectángulo comprendido por Báez, Arévalo, Ortega y Gasset y Arce concentra la mayoría de los bares y restaurantes que, especialmente los fines de semana, convocan a clientes con acento local, pero también a europeos, brasileños y estadounidenses. De todas maneras, coinciden los históricos del barrio, el movimiento no es el mismo desde hace unos años.

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Fuente: Clarín

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