Buenos Aires, 20/11/2017, edición Nº 1832

Larga vida al librero

Los libreros logran adaptarse a los nuevos tiempos y encuentran formas de resistir a la vorágine de la actualidad. Escribe Umberto Eco (CABA) Estuve siguiendo la lucha entre Hachette, un coloso de la publicación tradicional, y Amazon, un coloso de la venta de libros on line. Después de un conflicto inicial por los libros electrónicos, Amazon está entorpeciendo la venta de libros de Hachette, reduciendo o eliminando descuentos en sus...

Los libreros logran adaptarse a los nuevos tiempos y encuentran formas de resistir a la vorágine de la actualidad.

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Escribe Umberto Eco

(CABA) Estuve siguiendo la lucha entre Hachette, un coloso de la publicación tradicional, y Amazon, un coloso de la venta de libros on line. Después de un conflicto inicial por los libros electrónicos, Amazon está entorpeciendo la venta de libros de Hachette, reduciendo o eliminando descuentos en sus títulos y entregándolos con considerables demoras.

En el curso de este conflicto se ha escrito mucho sobre sus implicancias para las editoriales y su futuro.

Pero no se ha hablado lo suficiente sobre las librerías tradicionales. Yo estoy interesado en los libreros independientes no sólo porque es a ellos a quienes debo mi éxito como escritor (y creo que muchos otros escritores estarían de acuerdo conmigo), sino también porque hay una gran diferencia entre la experiencia de pedir un libro en el sitio web de Amazon y la de pasar tiempo hojeando libros en una librería, descubriendo títulos de los que nunca había oído y solicitando los consejos del librero. Pero c ada libro comprado en Amazon parece una puñalada en la espalda de los libreros.

Imagine a un investigador de cierto tema. Muchas de sus fuentes mencionan un libro que no ha leído. El investigador siente que debe conseguirlo. Pero el libro en cuestión se publicó hace diez, veinte o cuarenta años y no está en su librería acostumbrada. Decide buscarlo en Amazon y ahí lo encuentra. Pide un ejemplar y lo recibe en cuestión de días.

No ha dañado a su librero de cabecera, que no tenía ese título. Pero ahora imaginemos que el librero, en lugar de decir que no tiene el libro, le promete al cliente que lo tendrá en dos o tres días.

Visita Amazon, encuentra el libro y lo pide para poder venderlo.

Ya verá si aumenta el precio o si lo vende al costo con el afán de asegurarse la lealtad del cliente.

Esta situación no daña ni al librero ni al editor, que incluso podría tener el libro fuera de catálogo. Aún más, establece un círculo virtuoso entre la librería de ladrillo y cemento y el comercio electrónico.

En el futuro, la gente quizá visite las librerías para comprar productos impresos por pedido: libros que quizá sólo existan impresos en un depósito remoto, pero que una máquina puede imprimirnos en el momento, quizá con una letra de tamaño adecuado para nuestra vista. La tecnología de impresión por pedido sigue siendo voluminosa y, por lo tanto, generalmente está fuera del alcance de las librerías pequeñas, pero ya es posible encontrar on line facsímiles de libros agotados desde hace mucho tiempo.

Algunos lectores expertos en la web ya buscan esos volúmenes por sí mismos, pero quizá los libreros independientes podrían considerar la posibilidad de encargarse de tales búsquedas para sus clientes. Sería una forma de zanjar la brecha entre las librerías de ladrillo y cemento y el comercio electrónico. Y lograr eso, en particular en los países que todavía no están totalmente conectados, podría ser la clave para que las librerías tradicionales reclamaran el lugar que les corresponde con todo derecho.

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