Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Lanús: piden ayuda para mejorar la calidad de vida de una nena que fue baleada en un robo

Luciana Pelozo tenía 5 años cuando quedó en medio de un asalto, en 2014. Recibió un tiro en la cabeza y desde entonces está en rehabilitación. Necesita 250.000 pesos para operarse.

(PBA) Unos pocos segundos le alcanzaron a Estela Pelozo para revivir, en marzo pasado, el peor día de su vida. Fue cuando asaltaron el remís en el que viajaba: ladrones armados la obligaron a bajarse del auto en la misma esquina de Valentín Alsina (Lanús) donde, el 4 de junio de 2014, balearon a su hija Luciana durante otro robo. En aquel episodio la nena -entonces, de cinco años- recibió un disparo en la cabeza, luego pasó por tres operaciones y estuvo casi tres meses internada. Hoy su familia pide ayuda a todos para reunir los 250 mil pesos que necesita para una operación que mejore su calidad de vida.

Como secuela de la bala que recorrió su cabeza, Luciana sufre hemiparesia, una disminución de la fuerza motora o parálisis parcial que afecta un brazo y una pierna del mismo lado del cuerpo. Eso le provoca problemas para caminar y mover su mano derecha. Tuvo que aprender a escribir con la izquierda y aceptar que hay riesgos que no debe correr: si va a un cumpleaños, se queda lejos del pelotero, y en la escuela tiene un acompañante terapéutico que la cuida de cualquier golpe que puede ser fatal. En la cabeza aún conserva una placa de metal y una válvula que regula el líquido cefalorraquídeo. “Le duele ver que no puede hacer lo mismo que todos los chicos”, explica a Clarín Federico Pelozo, su papá.

Después de tres años de rehabilitación, con cinco sesiones semanales, los padres de Luciana están convencidos de que la mejora de la nena encontró su techo en los ejercicios cotidianos. “Seguir con lo mismo es como inflar un globo pinchado. Es esfuerzo tirado a la basura”, resume Pelozo. El contacto con pacientes con diagnósticos similares lo llevaron hasta un especialista en medicina regenerativa que realiza implantes de células madre en una clínica de La Plata. El tratamiento no tiene cobertura de las obras sociales y cosecha críticas entre los especialistas, quienes aseguran que es experimental y que su eficacia en este tipo de enfermedades no está comprobada. Incluso, advierten sobre posibles contraindicaciones. El presupuesto de esa operación ronda los 80 mil pesos.

Luego de la intervención, explican los padres de Luciana, llegará el turno de una rehabilitación con un masoterapeuta. El elegido es un ciudadano cubano que atiende en un centro ubicado en la provincia de Salta. “El tratamiento vale 30 mil pesos por mes. A eso hay que sumarle los gastos para el hospedaje de ella y de uno de nosotros, porque no puede quedar sola. Lo ideal es que esté un semestre completo. Necesita un estímulo constante para recuperar la movilidad”, detalla Estela. Para juntar la plata que necesitan, lanzaron una campaña por Facebook y se contactaron con planteles de fútbol de Primera para difundir el pedido en los estadios. La cuenta bancaria creada para recibir el dinero está supervisada por la Dirección de Asistencia a las Víctimas del Municipio de Lanús.

Mientras se aferra a una última esperanza para mejorar la calidad de vida de Luciana, la familia Pelozo aún intenta reponerse del robo que cambió para siempre sus vidas. Estela (era empleada de un centro de salud) y Federico (era colectivero) perdieron sus trabajos por tener que pedir tantas licencias. Los hermanos de la nena, Nahuel (18), Lourdes (11) y Nerea (5), aprendieron a cuidarla y ayudarla en sus necesidades cotidianas. Y Luciana tuvo que reconstruir lo que pasó ese 4 de junio. “Solo se acordaba que iba caminando por la calle y se cayó. De a poco supo que la habían baleado en un robo”, cuenta su mamá. Hoy en la casa evitan los canales de noticias y eligen los programas para chicos: Topa y La Doctora Juguetes son los preferidos de Luciana.

Lo que no cambió es la inseguridad que golpea a Villa Jardín, uno de los barrios más calientes de Valentín Alsina, a pocos minutos del Puente Alsina. Los Pelozo se mudaron a vivienda social que ya tenían adjudicada, en la ribera del Riachuelo, a siete cuadras de la esquina en la que balearon a Luciana. Allí, aseguran los vecinos, las bandas siguen aprovechando el mal estado de las calles para asaltar a los automovilistas que no tienen otra opción que bajar la velocidad. Eso fue lo que pasó aquel fatídico 4 de junio. Los ladrones frenaron un Renault Clio y obligaron a bajar al conductor y al hombre que lo acompañaba. Les empezaron a pegar culatazos en la cabeza. Alguien disparó. La bala le dio a la nena, que había salido del jardín de infantes y caminaba junto a sus dos hermanos mayores.

Por el caso fueron condenados a 13 años de cárcel Pedro González Bascuñán, conocido en la zona como “Zurdito”, y Gustavo Galeano, alias “El Pacha”. Desde un primer momento, en la causa apareció mencionado Maxi “Turrón”, un adolescente de 16 años que luego quedó involucrado en el crimen del policía de la Federal Ezequiel Alifraco (33).

El joven, investigado por al menos 15 delitos, fue detenido en el entierro de su abuelo, en abril del año pasado. Su mamá aseguró que lo había entregado, pero para la Justicia ella y su marido eran quienes lo mandaban a robar y lo encubrían. Escuchas que hoy forman parte del juicio por el crimen de Alifraco -en el que también están acusados sus cómplices, “Musambe”, “Bebu” y “Tumberito”- demuestran que le aconsejaban a su hijo sobre cómo deshacerse de las armas ante un posible allanamiento y hasta le mostraban “orgullo por matar efectivos de las distintas fuerzas armadas”.

Nunca pudo probarse su relación con el tiro que torció la vida de Luciana. NR


Fuente: Clarín

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