Buenos Aires, 19/08/2017, edición Nº 2078

Lando Simonetti: “La calidad es implícita, siempre tiene que ser inmejorable”

(CABA) “Es como ganar el Oscar”, se alegró Lando Simonetti. Tras 30 años de carrera, ser distinguido por la Universidad de Harvard con un análisis pormenorizado de su empresa es un orgullo para este emprendedor argentino que, hoy en día, ejemplifica: “Es como decía Barack Obama: ‘¡Yes, we can!’”. Sin embargo, el camino, se recorrió de a poco. El día antes. Lando Simonetti es el fundador y presidente de La...

(CABA) “Es como ganar el Oscar”, se alegró Lando Simonetti. Tras 30 años de carrera, ser distinguido por la Universidad de Harvard con un análisis pormenorizado de su empresa es un orgullo para este emprendedor argentino que, hoy en día, ejemplifica: “Es como decía Barack Obama: ‘¡Yes, we can!’”. Sin embargo, el camino, se recorrió de a poco.

El día antes. Lando Simonetti es el fundador y presidente de La Martina. Si bien nació en Italia, su llegada a los 7 años a la Argentina lo hacen, de hecho, uno más de la pampa húmeda. Al hablar con Apertura.com, se encontraba en Boston, el día anterior a la presentación en Harvard. “Esperame un segundito”, decía y acotaba: “Estacioná ahí. ¿No se puede? Sigamos entonces”.

Mientras su conductor buscada dónde estacionar (tarea difícil, ya que había un metro de nieve cubriendo media ciudad), Simonetti recordaba los inicios de la marca que, hoy en día, es sinónimo de polo. “Lo que la gente no sabe es que La Martina nace en Boston, porque yo vivía acá y el proyecto nace el último año que estudié en Boston, antes de volver a Buenos Aires”, narró.

La primera pregunta es por el secreto mágico de la empresa. “No hay un secreto, hay miles”, aseguró y contó: “Una vez, en una universidad europea, analizando nuestro caso de éxito, un profesor nos preguntó: ‘¿Cómo hacen para vender a Europa si su moneda no existe?´. Porque en Estados Unidos invertís en dólares donde querés, pero en el caso de la Argentina no tenés moneda. El caso práctico es La Martina, que maneja alternativas donde el dinero es irrelevante”.

La Martina logró, poco a poco, posicionarse como otro jugador del selecto mundo del polo. Pero había algo a considerar: la calidad. “Si no tenés calidad, no te compran dos veces. La calidad es implícita, siempre tiene que ser inmejorable”, consideró Simonetti, y agegró: “La ventaja del polo es que te posiciona en una situación muy premium. Todo el mundo que está ahí, de alguna manera, quiere pertencer”.

¿Cómo hicieron para entrar super-competitivo mercado de la indumentaria italiana?

Es verdad, Italia es altamente competitivo. ¿Cómo entrás? Tenés que tener algo que no tiene otro. Nosotros empezamos con la camiseta de polo del mundial de clubes. Se la ofrecimos a los negocios más top de Italia. Y la compraron de a poco. Al ponerlo en vidriera se empezó a vender y ahí comenzó la cadena. Fue alguno único.

¿Cómo se llevan con la competencia, como Lacoste o Polo Ralph Laurent?

Nosotros tenemos competencia directa (hay que recordar que primero fabricamos botas, monturas, etc. y ahí tenemos un tipo de competidor). Y después tenemos un Lacoste o Polo Ralph como competidores, pero después tenés otros rivales. Antes el cliente gastaba, por dar un ejemplo, el 30 por ciento en ropa; y hoy lo que es alta tecnología se llevó un 10 por ciento de los gastos.

El día después. La universidad de Harvard lo recibió. Un grupo de alumnos –reducido- de distintas disciplinas –finanzas, marketing, economía- aguardaban por Lando Simonetti. Habían evaluado su empresa de arriba abajo: los números, sus campañas, sus empleados y el management. Y faltaba algo más: ese grupo de alumnos iba a proponer, con el fundador ahí presente, cuál debía ser el curso de acción de ahora en más. Afuera, Charles River totalmente congelado. Adentro, en las aulas, sedes de tantas películas, el futuro de su empresa bajo la lupa.

Eran muy acertadas las observaciones”, explicó, ya en Buenos Aires, su fundador, con aclaración de por medio: “Les faltaba la experiencia del día a día. A veces son lindas las campañas de marketing, pero las decisiones comerciales las hacen cambiar. Sin embargo, las presentaciones que hicieron fueron muy acertadas”.

En ese sentido, Simonetti dibujó con palabras el escenario en el que se encuentra La Martina. “Hay algo llamado Mundo Viejo y Mundo Nuevo. Mundo Viejo es lo que ya aplicó La Martina, con todas las dificultades del caso. Ahora es como que la alta tecnología, las digitalizaciones, la gran data, y las grandes compañías detrás, han cambiado la manera de cómo se cambia el negocio. Y acá los alumnos hablan de social media –todos lo hacen- pero les falta la practicidad de profundizar el tema. Son presentaciones teóricas, no tenían el lado de cash flow”, advirtió sobre el Mundo Nuevo.

¿Cómo describiría a los alumnos que indagaron sobre La Martina?

Me sorprendieron con la gran curiosidad que tienen. El hombre de negocios –el gran hombre- tiene una gran curiosidad.

¿Usted qué les dijo?

Señores, fue un honor estar acá, cumplimos 30 años. Es como ganar el Oscar. Después de luchar en un país que no es referente, y que te vengan a felicitar, es como ganar el Oscar. Son 30 años de sufrimiento, porque este país –y el mundo- no son fáciles.

 

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