De la Villa 21 a Noruega

Una noruega filmará en su país la vida de Yonhatan, un jóven sordo de la Villa 21

(CABA) Eirin nació en Noruega hace 38 años. Estudió Historia, Ciencias Políticas y Economía en Estados Unidos. Vivió en Washington, en Centroamérica y en Italia, y hace cuatro años vino a Argentina. Trabajó en una estancia de polo en Cañuelas y se mudó a Buenos Aires: es consultora externa de organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial y habla lengua de señas en inglés y castellano. Tardó dos días en contestar el mensaje virtual de Yonhatan: “Un pibe –‘pibe’ será el primer argentinismo en boca de esta noruega durante la entrevista– de 17 años quiere estudiar noruego… Yo creí que el entusiasmo le iba a durar dos semanas, y cuando lo vi aparecer con tantas anotaciones vi que iba en serio”, cuenta en un español tan importado como claro.

SociedadEirin-BID-Jonhatan-Noruega-Yonathan_CLAIMA20160709_0209_17

En el pizarrón del departamento de Eirin en Villa Crespo hay un almanaque improvisado. Ya tacharon todo junio y la primera semana de julio. Esperan la llegada del domingo 17: “¡NORUEGA!”, grita la tiza. Ese día viajan los dos amigos, ya mucho más reales que virtuales.

La pasión de Yonhatan por el país nórdico empezó en 2013: una amiga había ido a un campamento internacional de sordos en Roma. Le mostró fotos. A él le llamó la atención una chica: Izabela, noruega. La buscó en Facebook y hablaron en inglés hasta que todo lo que ella contaba sobre su país natal –la comida, las costumbres, la economía, los paisajes, los vikingos– hizo que él tuviera ganas de aprender el idioma. Empezó por su cuenta hasta que otra amiga le contó que existía Eirin: una noruega que puede comunicarse a través de la lengua de señas, a la que él, a la vez, ayudaría –y ayuda– a mejorar ese idioma.

SociedadEirin-BID-Jonhatan-Noruega-Yonathan_CLAIMA20160709_0208_17

Para conocer esa comida, esas costumbres y esos paisajes, los dos planearon un viaje de tres semanas: habrá recorrido por Oslo, avistaje de fiordos, cruce en velero hasta Suecia y encuentro de cuerpo presente con Izabela. También van a que, conociendo todo eso, Yonhatan decida si en agosto de 2018, cuando haya terminado la secundaria, viaja un año a Noruega a un curso pre-universitario que una institución privada brinda a sordos y oyentes que sepan o quieran aprender lengua de señas, para el que podrían becarlo. “Eirin dice que me puedo aburrir porque Buenos Aires es una ciudad con mucho movimiento, pero hasta que no llegue no voy a saber y todo lo que veo de Noruega me enamoró”, cuenta él, a través de señas. La del país que sueña conocer, cuya bandera está pegada en el lomo de su celular, es una N como de costado, “por las montañas”, explica Eirin.

Viajan, también, para empezar a rodar el documental que realizará una productora noruega sobre la vida de Yonhatan. Un film que cuente la historia de este chico que se crió en Villa Hayes –al norte de Asunción–, no pudo comunicarse con sus padres ni con sus tres hermanos por casi diez años, empezó la escuela a los 5 pero nadie allí manejaba la lengua de señas, y llegó a Buenos Aires cuando sus padres decidieron que esa incomunicación escolar y familiar condenaba su futuro: al principio les prestaron una habitación y en 2008 se instalaron en la 21, en una casa que compraron y refaccionaron con esfuerzo. Estudió en la primaria Osvaldo Magnasco de Monte Castro, pensada para alumnos sordos, y allí todo se aceleró: “Era el mejor alumno, quería tarea para las vacaciones”, cuenta Eirin. Empezó la secundaria en una escuela para oyentes en la que a la vez había intérpretes: “Faltaban muy seguido y era una falta de respeto para los sordos”, dice él. Así que consiguió una beca en una escuela privada y de allí egresa a fin del 2017. NT