Buenos Aires, 17/10/2017, edición Nº 1798

“La vieja trampa de los shoppings”

Miguel Jurado, editor adjunto de ARQ de Clarín, aseguró que “los que los hacen saben hasta el mínimo de nuestros comportamientos y nos cazan”. (CABA) En un texto escrito por el Editor Adjunto de la publicación ARQ, se habla sobre las estrategias de diseño que tienen los centros comerciales para que todo tipo de consumidores gaste la mayor cantidad de dinero posible. “Los creadores de los centros comerciales saben más...

Miguel Jurado, editor adjunto de ARQ de Clarín, aseguró que “los que los hacen saben hasta el mínimo de nuestros comportamientos y nos cazan”.

Shopping Miami parabuenosaires.com

(CABA) En un texto escrito por el Editor Adjunto de la publicación ARQ, se habla sobre las estrategias de diseño que tienen los centros comerciales para que todo tipo de consumidores gaste la mayor cantidad de dinero posible.

Los creadores de los centros comerciales saben más de nuestro comportamiento inconsciente que nuestras mamis”, ironiza Miguel Jurado.

“En la biblia del shopping center figura que todos tienen que tener un gran hipermercado. Porque nosotros, como somos vivos, queremos hacer una sola parada para comprar todo. Ahí pisamos el palito. Una vez en el shopping, comprás lo que fuiste a buscar (en el mejor de los casos) y mucho más (seguro). Para peor, ahora son centros de “ocio”; ellos saben que cuando querés pasarla bien te ponés dulce”, describe.

“Mirá, el tema lo tienen tan estudiado que ya saben qué hacemos cuando boludeamos por el shopping. En un estudio realizado por la Facultad de Ingeniería de la universidad de Doshisha, Japón, clasificaron a los caminantes en tres tipos: los “matadores de tiempo”, los “indecisos” y los “decididos”. Los matadores está esperando a otra persona o acompañan a alguien. Tienden a quedarse más o menos quietos (tienen miedo de perderse). Los indecisos entraron para comprar una galletita o huyendo del calor y no saben qué hacer (son las víctimas perfectas). Los decididos saben a dónde van y cómo llegar (eso creen ellos)”, compartió con los lectores de ARQ.

“Y para cada uno hay una estrategia distinta. Al matatiempo hay que interesarlo para que se dé una vueltita: ni bien se pierde se convierte en un indeciso. Al decidido hay que obstruirle el camino para que pierda su objetivo inicial y vuelque todo ese impulso comprador en cosas que no necesita. Al final, al pobre indeciso no hay que ofrecerle nada. Si no sabe por qué está adentro, termina comprando algo”, amplió sobre el estudio.

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