Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

La vida de los dominicanos en el barrio de Constitución

Hace ya siete años que eligen Constitución como su destino. La mayoría viene porque ya tiene familiares acá. Y en la zona impusieron sus hábitos de escuchar la música bien fuerte y cortarse el pelo todas las semanas. (CABA) En Constitución, se estima, viven 2.500 de los 15 mil dominicanos que, según el consulado, hay en Argentina. Pero los números de las Asociaciones de dominicanos son otros. Dicen que en...

Hace ya siete años que eligen Constitución como su destino. La mayoría viene porque ya tiene familiares acá. Y en la zona impusieron sus hábitos de escuchar la música bien fuerte y cortarse el pelo todas las semanas.

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(CABA) En Constitución, se estima, viven 2.500 de los 15 mil dominicanos que, según el consulado, hay en Argentina. Pero los números de las Asociaciones de dominicanos son otros. Dicen que en todo el país hay un poco menos de 40 mil.

Claudia Tejada (35) y Clarisa Rondón (40) conversan en un bar de Constitución pero que no es de Constitución. No se lee Crónica ni hay carreras de caballos o sorteos de quinielas en TV; ni se pide vino. Claudia es abogada y se quedó en el país porque conoció a un argentino en un viaje. Clarisa es profesora de dibujo y lleva 20 años en la Argentina.

“El boom comenzó hace siete años”, cuenta Tejada. “El dólar y las facilidades para ingresar hicieron que todos quisieran venir. Hoy, los que llegan lo hacen por recomendación de sus familiares que ya están aquí. Los medios de Dominicana pintan otra realidad de Buenos Aires. Vienen muy esperanzados y muchos ni hacen el dinero para volverse”. Muchos lo hicieron –lo hacen– para obtener la ciudadanía y emigrar a Europa.

El dominicano sabe que al aterrizar en Ezeiza debe viajar en taxi a Constitución y buscar a sus compatriotas. Los que consiguen su primer trabajo y se acomodan, buscan viviendas en Once, Congreso o el Conurbano. Dejan los hoteles o casas tomadas por peruanos, que les cobran un alquiler.

“El dominicano que viaja es clase baja. Llega con lo puesto; muchas veces hipotecan sus casas para venir”, dice Tejada. Ahora el mercado laboral les da más oportunidades. Antes trabajaban de empleadas domésticas, otras ejercían la prostitución. Ahora hay taxistas, motoqueros, vendedores de ropa en las ferias. Tejada y Rondón llevan un control de todos los empleos que hacen sus compatriotas.

En el último año las noticias sobre dominicanos en Buenos Aires, y en especial en Constitución, aparecieron en las secciones de Policiales. Pero Tejada cuenta que hay cosas que no se publican. Como los 2 mil compatriotas que cursan maestrías en Derecho, Masters de Medicina o carreras como Psicología u Odontología. O los casos de trata conformados por mafias compuestas por argentinos y dominicanos. “Ofrecen trabajo en casas de familia por 2 mil dólares. Les pagan el pasaje. Hay chicas que desaparecieron apenas llegaron al aeropuerto”, asegura. Desde mediados de 2012, para evitar el delito, el Ministerio del Interior exige una visa para llegar al país. Aunque no impidió que dejen de venir. Se comenta que están ingresando por Uruguay o Chile. Y que algunos fueron deportados de Estados Unidos.

“Carlitos” llegó hace tres años por consejo de un amigo. Vive en Mataderos, pero se crió en Pekín, el barrio de Santiago que “tiene 500 peluquerías y exporta a los mejores peluqueros del mundo”, dice. Y agrega que “hay peluqueros dominicanos hasta en África; el peluquero de Daddy Yankee y de los grandes artistas de reggaetón que viven Estados Unidos son dominicanos”.

La peluquería de “Carlitos” queda sobre Juan De Garay; las paredes, de la mitad hacia arriba, son amarillas. Suena Bachata. Al volumen de un bar; a un volumen que dan ganas de bailar. En la pantalla hay una telenovela del 9. La especialidad es el corte con máquinas; estar en los detalles. “El argentino comenzó a incorporar gestos de la cultura dominicana: se está cortando el pelo semanalmente. Y los fines de semana es impresionante. Vienen a cortarse para salir. El dominicano tiene eso de querer estar prolijo, siempre”, dice “Carlitos”, que afirma que tiene más clientes argentinos que dominicanos.

Ahora son las cinco de la tarde de un martes y la recorrida es por “el Constitución dominicano”, con sus peluquerías, sus bares, sus hoteles y sus vecinos. Claudia frena en una verdulería y señala las bananas verdes, como se venden en su país. Por Santiago del Estero hay mujeres esperando clientes. “Hay que acostumbrarse a que te pregunten ¿‘cuánto cobrás’? Los taxistas son los peores”, dice enojada Rondón. Se le acerca una de ellas y le pide ayuda por un compatriota detenido. Después cuenta que debajo de la autopista quieren colocar dos aros de básquet, el deporte favorito de los niños dominicanos, luego del béisbol, que ya practican los fines de semana en Ezeiza. Los que no se toman francos son los bares. “Ustedes –por los argentinos– van al psicólogo. Nosotros bebemos cerveza con amigos y escuchamos bachata. Así nos sentimos más cerca de Dominicana”, concluye Tejada.

Fuente consultada: Clarin

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