Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

La vida de Gilda llegó al teatro

La propuesta de la actriz y dramaturga Florencia Berthold, que transita la vida de la cantante de cumbia, es una adaptación del libro del periodista Alejandro Margulis.

(CABA) “Gilda”, suerte de biodrama sobre la cantante de cumbia que en plena década del ’90 se erigió como abanderada de la bailanta y que, aún antes de su temprana muerte en un accidente en la ruta, fuera considerada por muchos fanáticos como santa milagrera, se presenta los viernes y los sábados a las 23 en el Teatro El Grito en el barrio de Palermo.

Escrita y protagonizada por Florencia Berthold, la pieza que dirige Iván Espeche es una interpretación libre -o adaptación con licencias poéticas- de “Gilda. La abanderada de la bailanta”, exhaustivo libro de investigación del periodista Alejandro Margulis editado en 2012 y que, hasta el momento, es la única biografía autorizada por su familia.

El resultado es una propuesta con el foco en la meteórica trayectoria de Miriam Alejandra Bianchi, cantante de clase media admiradora de los Beatles, Django, Gardel que irrumpió de manera algo insolente en la cofradía cumbiera de la época y terminó por convertirse en un emblema inesperado, pero implacable y vertiginoso, capaz de trascender los límites -musicales y sociales- del género.

“Por momentos sentimos que lo que hacemos se cruza con el recorrido de ella: Gilda hizo que muchísima gente que no escuchaba cumbia, la escuche. Y quizás con esta obra nosotros logramos que gente que jamás va al teatro, se acerque por la temática que proponemos”, aventuró Berthold en diálogo con Télam.

El proyecto surgió un poco por intuición, un poco por azar y, otro tanto, aunque sus protagonistas lo deslicen más tímidamente, por obra de ese misticismo que sobrevuela siempre que se habla de la autora de “No me arrepiento de este amor”: “Un día estaba cantando mientras cocinaba y mi marido -y director de la puesta- me dijo ‘vos tendrías que hacer de Gilda’ y la idea quedó dando vueltas”.

Lo que sobrevino fue un lento proceso de investigación que incluyó la participación de Berthold en la Agrupación Pasión en donde la actriz se ponía en la piel de Gilda en bares, boliches, fiestas, presentaciones en villas. Y, siempre, la energía que se suscitaba con el público la convidaba a seguir.

“De a poco me fui fogueando, poniendo en personaje y luego lo musical fue quedando en función de la obra que queríamos contar y no al revés“, añadió la actriz cuya trayectoria como dramaturga ya abrevó en la vida de otras célebres mujeres como en “Agua para Alejandra“, sobre la poeta Alejandra Pizarnik o en “Sobre Piedras“, pieza que alude a la escultora francesa Camille Claudel.

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“Lo que me pareció más atractivo de este proyecto es la idea de cruzar el teatro con la cumbia. Es una mixtura interesante porque viene a romper con ese snobismo que sobrevuela la escena actual de la dramaturgia, con su exceso de mirada y temáticas europeístas”, comentó Martín Lavini, actor que en la pieza se pone en la piel de los distintos productores de Gilda.

“La cumbia es nuestra -añadió divertido- tiene que ver con nosotros. Me divierte meter un poco el dedo en la llaga”.

Es que, precisamente, uno de los atributos tal vez involuntarios de la cantante fuera convertirse en referente musical de hombres y mujeres también ajenos a ese mundillo a veces hermético; a veces marginado, de la bailanta.

“Parte de esa habilitación a que la cumbia suene en todos lados tuvo que ver con Gilda, que hizo que la cumbia entre en otros estratos sociales, por su calidad, por su búsqueda artística”, indicó Lavini.

“De hecho -añadió la dramaturga- ese era un deseo de ella, de querer que esa música tan propia, tan nuestra, latinoamericana, no estuviera acotada a un sector social. Ella tenía el deseo de que llegara a más gente”.

Pero Gilda fue mucho más que una artista exitosa, con letras justas, música pegadiza y carisma. Hubo -hay- sobre su figura un halo místico que comenzó cuando se hizo más popular y se multiplicó con su muerte el 7 de septiembre de 1996 en un accidente en la Ruta 12 en el que también perdieron la vida su madre, su hija, tres músicos y el chofer del micro en el que viajaban.

“Antes de su fallecimiento ella iba a los shows y la gente le decía que ella tenía ciertos poderes de curación, de santa, se le tiraban encima, la querían tocar. Ella se negaba, no se hacía mucho cargo de eso, pero al día de hoy hay personas convencidas de que Gilda no tenía idea del poder que tenía”, explicó la actriz sobre el mito que circunda la figura de la artista.

Y es en medio de aquel fenómeno que todavía subsiste en el imaginario de un club de fans voluminoso en todo el país, la obra que completan Nicolás Espinosa, Fernando Sayago y Patricio Romero, fue extrañamente bendecida por sus seguidores, por lo general reticentes a todo tipo de tributo de su ídola.

“Nosotros decimos que es nuestra mirada y nuestra versión, porque estar a la altura de la mirada de un fan es muy complicado”, dice Lavini.

“La mejor forma de definir esta obra es que es un homenaje muy personal que le hago a ella, porque está hecha con mucha sinceridad, desde un lugar de amor. A mí no me gusta mucho la cumbia y Gilda me encanta, la bailo de verdad”, concluyó Berthold.

“Gilda” se presenta los viernes y sábados a las 23 en el Teatro El Grito de Palermo (Costa Rica 5459).

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Fuente: Télam

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