Buenos Aires, 22/10/2017, edición Nº 1803

La Usina del Arte y el Centro Cultural Kirchner son las salas más modernas de la Ciudad

Ambas poseen gran capacidad y en ambos espacios culturales restan obras.

(CABA) Usina del Arte posee una superficie de 15.000 metros cuadrados. Ese verdadero palacio pensado para iluminar la ciudad está ubicado a pocos metros del río. Comenzó a construirse en 1914, se terminó en enero de 1916 y entre 1919 y 1921 se le realizaron algunas ampliaciones. En 2000, durante el gobierno de Aníbal Ibarra, se anunció la idea de recuperar al edificio y convertirlo en la Usina de la Música. Doce años después fue inaugurado por el jefe de gobierno Mauricio Macri como Usina del Arte (antes, también se lo llamó Usina de las Ideas). Para su apertura, el 75 por ciento de la obra estaba finalizada.

El Centro Cultural Kirchner posee una superficie de 100.000 metros cuadrados. El ex Palacio de Correos comenzó a construirse en 1889 y se terminó en septiembre de 1928. En 2005, durante el gobierno de Néstor Kirchner, se anunció la idea de instalar allí el Centro Cultural del Bicentenario. Diez años después -las obras comenzaron en 2009- fue inaugurado por la presidenta Cristina Kirchner como Centro Cultural Kirchner (en ese lapso, también se lo llamó Centro Cultural Néstor Kirchner). En la actualidad, según datos oficiales, el 93 por ciento de la obra está finalizada. Desde la reciente apertura, esa gran nave de cemento inició otro viaje.

En ambos centros los espacios más significativos son sus salas sinfónicas. De ese modo, la ciudad saldó una deuda histórica ya que no contaba con un espacio propio para la música clásica. Llamativamente, en apenas tres años, sumó 3000 butacas con dos espacios de fuerte parecido arquitectónico.

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La sala de la Usina del Arte tiene capacidad para 1200 personas. El enorme palacio de la luz se abrió como centro multidisciplinario aunque sus dos salas (tanto la sinfónica como la de cámara) no se adapten a propuestas escénicas más alternativas, una deuda todavía pendiente para la ciudad. La del CCK se llama Ballena Azul. Tiene una capacidad de 1750 personas y será (ya lo es) el lugar de residencia de la Orquesta Sinfónica Nacional, que ya tuvo su primer concierto.

Los dos tienen un escenario de similares dimensiones (el de la Usina, a lo sumo, tiene mayor ancho de boca) y la acústica de ambas salas estuvo en mano de los ingenieros Gustavo Basso y Rafael Sánchez Quintana. Aunque se trate de salas sinfónicas, los hechos demuestran que en estos espacios diseñados bajo el mandato de exigentes parámetros tienen cabida otro tipo de expresiones musicales que suelen hacerse en otros ámbitos (o ámbitos más en sintonía con el tipo de público que convocan). Así es como La Bomba del Tiempo, Liliana Herrero o Cecilia Todd fueron programadas en el CCK, o en la Usina han convivido la milonga con conciertos de música contemporánea o con el Festival de Fado.

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