Buenos Aires, 21/10/2017, edición Nº 1802

La terapia de pareja es cada vez más popular entre los matrimonios

Las parejas suelen acudir a la terapia en los momentos de crisis. Según los especialistas, los motivos más frecuentes se relacionan con la sexualidad, el dinero y por conflictos con las familias de cada uno. Generalmente son las mujeres quienes empujan para la consulta. (CABA) ¿O acaso la angustia que oprime ante la posibilidad de separación no sería una prueba irrefutable de que no todo se perdió? Cuando las dudas...

Las parejas suelen acudir a la terapia en los momentos de crisis. Según los especialistas, los motivos más frecuentes se relacionan con la sexualidad, el dinero y por conflictos con las familias de cada uno. Generalmente son las mujeres quienes empujan para la consulta.

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(CABA) ¿O acaso la angustia que oprime ante la posibilidad de separación no sería una prueba irrefutable de que no todo se perdió? Cuando las dudas embarran el camino y la marcha se siente cada vez más pesada algunas parejas suelen acudir a terapia, como un intento más para fortalecer las bases del vínculo.

Pero aunque ninguno quiera terminar la relación, las crisis suelen ser difíciles: difíciles de aceptar, difíciles de soportar y difíciles de enmendar. Los pilares que en su momento sirvieron de base parecen debilitarse y el mínimo gesto puede cobrar la fuerza de un huracán capaz de amenazar lo construido en años.

Intolerancia, hartazgo, desilusión e incomprensión suelen convertirse en la base de cada día compartido. Vivir en pareja puede resultar tan práctico como complicado. Después de años de convivencia normalmente la dupla organiza su cotidianeidad en función de la presencia del otro.

Aunque el reparto de tareas y de responsabilidades funcione sin contratiempos la relación puede desgastarse. Y en todo el trajín diario el amor suele desdibujarse. “A veces la bronca obtura al amor y al sacar la hostilidad vuelve a resurgir“, explica la terapeuta Adriana Guraieb.

Dice que los motivos más frecuentes de consulta se relacionan con la sexualidad, el dinero, por conflictos con las familias de cada uno y por desacuerdos en la educación de los hijos. También es frecuente que surjan crisis en la etapa que se conoce como “nido vacío”. Cuenta la especialista: “Cuando los hijos se van de la casa muchas mujeres suelen sentirse desmotivadas. Entonces le exigen más al marido y se desatan los conflictos”.

Para el licenciado Carlos Emilio Antar, ex coordinador del Departamento de Pareja y Familia de APA (Asociación Psicoanalítica Argentina), el período posterior al nacimiento de los hijos también es propenso a los malos momentos: “Con la paternidad la sexualidad puede verse afectada y esto repercute en la convivencia de la pareja. Hay más intolerancia porque hay cosas que ya no se ‘resuelven en la cama’, como se dice en la primera etapa de la relación”.

Ana y Pedro (los nombres no son reales) se enamoraron, se casaron y tuvieron un hijo. El nene tenía dos años cuando Ana empezó a sentir que todo lo que hacía Pedro estaba mal. A Pedro le empezaron a pesar los reproches y cada vez sentía menos ganas de volver a casa. Aumentaron las peleas y disminuyeron las risas.

El nene todavía era chiquito y decidieron probar con terapia. Fueron con un especialista afamado. Les pareció carísimo y que “el psicoanalista ni siquiera había opinado”. No volvieron. Pasaron meses y los conflictos seguían. Pedro planteó la separación, Ana propuso un último intento. Esta vez acudieron a un psicólogo recomendado por los familiares de Pedro. Después de cuatro sesiones Ana se quejó de que sentía que el terapeuta tenía más afinidad con la manera de pensar de su pareja. La terapia no resultó y finalmente la pareja se separó.

CRISIS DE ÉPOCA

Las crisis en las relaciones no son nuevas pero pueden tomar formas particulares según las características de la época que se atraviesa. La psicóloga platense María de Jesús Ferrero cuenta: “Últimamente se escuchan muchos problemas que tienen que ver con la virtualidad y las confusiones que se generan a partir del uso de redes sociales: aparecen celos e inseguridades. Y otro de los grandes conflictos surge por la falta de comunicación por poco tiempo compartido”.

La licenciada dice que con el paso de los años y los cambios sociales se modificaron también los vínculos de pareja. Como cuentan con menos momentos compartidos, también se les dificulta más llegar a un acuerdo. “No logran ordenarse con los tiempos y les falta negociación”. Para la especialista, el desarrollo profesional y la necesidad de la mujer de salir a trabajar y de tener más vida social ha generado una reconfiguración de las relaciones.

El problema aparece cuando cada uno tiene necesidades de desarrollo personal que trascienden los límites de la vida hogareña, y en esta búsqueda individual no se encuentran porque pretenden cosas distintas. Entonces suele presentarse un dilema: cuánto tiempo me dedico a mí y cuanto a la pareja.

A su vez, según plantea el filósofo Zygmunt Bauman en su libro “Amor líquido”, la velocidad con la que se vive y la rapidez de los cambios en los bienes de consumo también parecería afectar a los vínculos. Todo se vuelve desechable y las personas se muestran cada vez más intolerantes. En este movimiento, las relaciones se tornan “más líquidas” y pierden consistencia.

“Tengo matrimonios de muchos años que ahora empiezan a flaquear. Cada vez se banca menos la diferencia o lo distinto del otro”, describe Ferrero. Y cuenta que con frecuencia encuentra falta de confianza y angustia por no poder descansar en un vínculo. “Todo se desestabiliza más fácil y por cualquier situación. Está más presente la posibilidad de romper con la pareja”, sostiene la psicóloga y describe “un doble juego”: “Por un lado muestran un rechazo a quedar atrapados en la cotidianeidad y a seguir viviendo de esa manera, pero a la vez hay resistencia y temor ante las posibilidades de cambios abruptos”.

Otra de las situaciones que suele llevar al diván, según explica Ferrero, tienen que ver con que “la mujer adquirió una seguridad que muchas veces asusta al hombre”. “Ellas hablan y plantean sus necesidades pero suele haber una falla en la interpretación de la pareja. A partir de los fantasmas propios se interpreta mal al otro”, dice.

LA TERAPIA

Lejos de ser una garantía que asegura solución, muchas de las parejas que intentan recomponer la relación con terapia fracasan. Pero suelen llevarse la sensación de haber agotado todos los recursos.

Generalmente son las mujeres quienes empujan para la consulta. El tiempo de terapia es variable: algunos profesionales aconsejan breves períodos de sesiones compartidas y luego continuar individualmente, mientras que otros son partidarios de trabajar con la pareja durante años.

Los costos oscilan entre los 200 y los 400 pesos por consulta. En la mayoría de los casos se plantea como última opción, cuando los conflictos se vuelven insostenibles. Ferrero sostiene que, aunque no existe un momento ideal para acudir, es importarte hacerlo antes de que “todo estalle”: “Muchas parejas se deciden cuando la relación está terminada pero no lo quieren admitir. Inconscientemente vienen a corroborar eso”. Para la especialista “las diferencias pueden aparecer en cualquier momento, porque son dos personas que vienen de mundos distintos y construyen un vínculo”. En todos los casos recomienda flexibilidad y claridad, para evitar que la pareja quede entrampada en un engaño.

Fuente: minutouno

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