La pesadilla de revelar el oficio en una reunión social

La pesadilla de revelar el oficio en una reunión social

(CABA) En el comercial de tarjeta Naranja, el novio de la protagonista se lo advierte: “no digas que trabajas en la AFIP”. Tenía una razón: descubrir la verdadera identidad en una reunión social a veces puede ser un incordio. Así, la chica se pasa el casamiento asesorando tanto al dueño del salón como al mozo monotributista, entre otros que aprovechan la volada. En el día a día, cualquiera puede estar a merced de un desconocido que en cualquier reunión social ve la oportunidad y se tira a la pileta para obtener algún tipo de asesoramiento profesional de arriba, ya sea una charla introductoria sobre un trámite de divorcio, información sobre la Revolución Francesa, finanzas personales, planificar una remodelación de baño y cocina o un proyecto de película. Y la culminación de la consulta al pasar: los médicos.

¿Gajes del oficio?

“Una mujer desconocida en una reunión social me pidió una segunda opinión sobre un tratamiento de fertilidad”, cuenta el médico clínico Andrés Gasseaux, ya acostumbrado a que le pasen esas cosas. En las reuniones sociales preguntar a qué se dedica otro invitado es una excusa normal para encarar una charla, un acceso social con un tema fácil. Pero al médico siempre le sucede algo más: lo van a hacer trabajar. En el caso de un oncólogo difícilmente se le pongan a hablar del tema, tal vez a un traumatólogo le pase más seguido (“me duele el talón desde el jueves pasado que jugué al fútbol, ¿tendré un desgarro?”).

Pero el dermatólogo tiene todas las de perder: al contrario que una enfermedad que no se ven, los quistes, granos y destrozos dérmicos están bien a la vista y nunca falta el invitado que se hace ver un punto negro o una mancha entre trago y trago. Por supuesto, el clínico está para recibir todos los centros. No solo le piden que diagnostique algún dolor de cabeza crónico, sino que en el barrio también lo tienen alquilado: desde mirarle las orejas a los nenes de los vecinos hasta salvarle la vida a alguien con maniobras de respiración asistida. “No nos queda otra, lo toleramos con satisfacción, aunque a veces hay casos cargosos” cuenta Gasseaux, refiriéndose a la otra cara de la moneda: los que se quejan del diagnóstico o aun le discuten porque sólo buscan una confirmación de lo que él cree.

Los psicólogos no sufren tantas consultas de pasillo, pero son asediados para que diagnostiquen algo que le pasa a un tercero. “Estoy separada, tengo un chico de 14 años, lo veo muy encerrado, no sé, ¿tendrá que pasar mas tiempo con el padre a esta edad?”. Eso afirma la psicóloga Sonia González que le preguntaron en el baño de una pizzería otra mujer con quien le tocó compartir una larga mesa durante una despedida.

La gente que trabaja en cine o TV sufre el acosos de los entusiastas que le van al humo con una frase inapelable: “Tengo una idea que la rompe, me falta darle forma…” Normalmente cuando el interesado desarrolla su idea no es mas que otra variante de alguna historia ya contada y de idea no tiene nada, solo un par de ocurrencias. Mucho menos un guión, mucho menos un plan de producción. La charla se zanja con “mandamelo por mail”, porque nadie va a apelar a la sinceridad y decirle “eso no sirve, seguí con lo tuyo”. Sin embargo, cuentan que insistiendo de esa manera Tarantino empezó a hacer sus películas.

Los periodistas también ligan lo suyo. No importa si hace temas agropecuarios, espectáculos, economía o turf, siempre alguien en la fiesta querrá saber quién mató a Nisman y qué va a pasar con el dólar.

Pocas profesiones zafan de la consulta de pasillo. Tal vez el astrofísico: nadie va a poder repreguntarle nada más allá de algún comentario del tono “uy, qué loco”. Los matemáticos la tienen fácil. Cuando cuentan a qué se dedican del otro lado aparece una cara neutra que dice “ah mira vos”, y pronto se pierde entre los sanguchitos. Lo que aconseja un tal doctor Kiehl en una nota sobre los “diagnósticos de cóctel” publicada en el Washington Post es tomárselo con calma: “En las fiestas si alguien me pregunta solo me limito a ser empático y cumplir mi rol en el encuentro social, no asumo ninguna responsabilidad”.

S.C.