Buenos Aires, 22/09/2017, edición Nº 1773

La pequeña Suiza en el barrio de Lugano

(CABA) Cuentan que a principios del siglo pasado en Buenos Aires había familias con buenos recursos que practicaban un deporte poco común para estas regiones: la cacería del zorro. Y dicen que en una de esas cacerías, realizada en la estancia Los Tapiales (propiedad de la familia Madero, en la que Eduardo impulsó el puerto que lleva su nombre), fue que uno de los participantes se entusiasmó con el paisaje...

(CABA) Cuentan que a principios del siglo pasado en Buenos Aires había familias con buenos recursos que practicaban un deporte poco común para estas regiones: la cacería del zorro. Y dicen que en una de esas cacerías, realizada en la estancia Los Tapiales (propiedad de la familia Madero, en la que Eduardo impulsó el puerto que lleva su nombre), fue que uno de los participantes se entusiasmó con el paisaje y decidió invertir en aquellos terrenos. A la zona la conocían como Villa Heroica. Pero el hombre que compró las tierras a la sucesión Cazenave pensó en otra cosa. José Ferdinando Francisco Soldati, de él se trataba, buscó homenajear a su tierra natal y eligió el nombre con el que hoy se conoce a ese barrio del sur de la Ciudad: Villa Lugano.

Soldati había nacido en Neggio, comuna del cantón de Tesino, en el distrito de Lugano, la ciudad más grande de ese sector de Suiza vecino a Italia. Actualmente Lugano es el tercer centro financiero de la Comunidad Helvética. Con una buena formación educativa (los historiadores recuerdan que el hombre hablaba italiano, alemán, francés, inglés y español), a los 21 años Soldati emigró hacia Estados Unidos, pero no le fue muy bien. Entonces recaló en la Argentina, donde su vida tomó un impulso especial, ya que se convirtió en un rico empresario y banquero. Fue el 18 de octubre de 1908 cuando decidió fundar el pueblo en aquellas tierras que por entonces eran parte del pueblo de San José de Flores. En ese tiempo ya estaba casado con María Rizzardi, con quien tuvo cinco hijos.

Para impulsar el desarrollo del lugar no sólo loteó los terrenos y promovió la radicación de pobladores. También consiguió algo importante: que el trazado del recorrido del tren que estaba instalando la Compañía General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires pasara por su pueblo recién fundado. Por supuesto, él hizo su aporte: donó la estación y el dinero necesario para urbanizar dos manzanas y también se hizo cargo, por dos años, del sueldo de los empleados de la estación. Además logró que los empelados del ferrocarril que compraran lotes en el lugar tuvieran un descuento del diez por ciento en el precio. Algunos recuerdan que el primer comprador de un lote se llamaba Bautista Mazzini.

Con los años, el edificio de la estación (lo inauguraron el 18 de octubre de 1909) se convirtió en histórico. Si bien tiene influencia de las construcciones inglesas, también incluye algunos elementos del Art Nouveau que se destaca en las marquesinas de hierro que están en el frente. La planta alta se usaba como vivienda para el jefe de la estación. En la planta baja no sólo estaba la boletería y la sala del telégrafo, sino también dos salas de espera, una de ellas exclusiva para mujeres. Y había un sector para guardar encomiendas y equipajes. Hoy esa estación Lugano es parte del recorrido del Ferrocarril Belgrano Sud que sale de la estación Buenos Aires, en Barracas. Los estudiosos de la historia del barrio afirman que ese edificio es similar a la casa natal de Soldati, que estaba cerca de la Lugano suiza.

Aquel barrio creció y los inmigrantes (en su mayoría italianos, españoles, franceses, lituanos y armenios) fueron fundamentales para su desarrollo. Don Giuseppe Soldati (como lo llamaban algunos vecinos) murió el 20 de enero de 1913, cuando apenas tenía 49 años. Pero su nombre (un barrio vecino se llama Villa Soldati) y el de aquella ciudad suiza del cantón en la que nació (Lugano) se mantienen presentes. Y justamente en Villa Lugano también se recuerda otro hecho importante en el pasado de la Ciudad. Donde hoy están los edificios del Barrio General Savio (Lugano I y II) funcionó el primer aeródromo (se lo conocía como “campo de aviación”) que tuvo Buenos Aires. Y en 1910, en los tiempos del primer centenario de la Revolución de Mayo, desde allí se realizó el primer vuelo nocturno del que se tiene registro. Pero esa es otra historia.

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