Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

La mujer de Kicillof habló por primera vez sobre escrache en Buquebus

“En el escrache hubo un inconsciente facho”, disparó Soledad Quereilhac, y a atribuyó a los medios de comunicación la responsabilidad por los insultos que recibió su familia en Buquebús: “Los medios contribuyen al clima social porque hablaron de las polémicas vacaciones de Kicilllof”, al tiempo que aseguró que “el Gobierno no tuvo nada que ver”. (Ciudad de Buenos Aires) Soledad Quereilhac dialogó frente a la puerta de su casa ubicada...

“En el escrache hubo un inconsciente facho”, disparó Soledad Quereilhac, y a atribuyó a los medios de comunicación la responsabilidad por los insultos que recibió su familia en Buquebús: “Los medios contribuyen al clima social porque hablaron de las polémicas vacaciones de Kicilllof”, al tiempo que aseguró que “el Gobierno no tuvo nada que ver”.

(Ciudad de Buenos Aires) Soledad Quereilhac dialogó frente a la puerta de su casa ubicada en el barrio porteño de Agronomía (Comuna 15), con un periodista del diario Perfil, del episodio que recuerda  como “muy angustiante”, aunque destacó que ahora, en la calle se acercan para “tirar buena onda”.

 “Yo le pedía a la gente que no fuera irrespetuosa porque estábamos con nuestros hijos de 1 y 4 años”, relata. El diálogo completo publicado en la edición dominical del matutino de fin de semana.

—¿Por qué piensa que la gente empezó a gritarles?
—Los medios contribuyen al clima social porque hablaron de las polémicas vacaciones de Kicillof. Quisieron hacer una operación sobre nuestra casa, dijeron que era una mansión de dos pisos, y es de medio pelo, muy modesta y sencilla. Siempre hay gente que va a pensar mal y se come ese verso, no es casual que ese fin de semana haya pasado eso porque hay medios que lo fogonean.

—¿Cree que es sólo culpa de la prensa?
—No, pero ayuda. No es una culpa directa, hay muchos factores, porque lo simbólico no produce realidad directamente, pero contribuye. La culpa es de la gente que tomó la decisión de hacer eso delante de menores de edad y de una familia en un ámbito cerrado. Nos gritaban “que se bajen, que se bajen”. Eso tiene dos interpretaciones, el delirio del que no observó que estábamos en un barco y no podíamos bajar… Hay un cierto inconsciente bastante facho, por pedirle a una familia que se tire al río.

—¿Después del episodio en el barco, van a cambiar algo en su rutina familiar, tratar de salir menos, no ir a tantos lugares públicos?
—Sin comentarios… Nosotros hacemos una vida normal, tenemos un perfil superbajo y es la primera vez que nos pasa algo así porque hacemos vida familiar y salimos poco. Seguro que hay un montón de gente que no está de acuerdo con nosotros, pero nunca nos han puteado. Los que se nos acercan es para tirar buena onda.

—¿Qué se desencadenó en los turistas para que les gritaran delante de su familia?
—Creo que fue un público particular, con preferencias ideológicas y económicas particulares. Lo que han hecho habla más de ellos que de nosotros.

—Algunos dicen que los escraches son culpa del Gobierno, que fomenta la división y la grieta social.
—Definitivamente, el Gobierno no tiene nada que ver con esto que pasó.

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