Buenos Aires, 14/12/2017, edición Nº 1856

La librería más oculta de la Ciudad está en San Telmo

La librera Natalia Romero creó en su departamento un espacio intmista para intercambiar lecturas.

(CABA)La siguiente situación: tocar el timbre en un edificio de Defensa 912, segundo piso depto. 27 y preguntar por el portero eléctrico: “Hola, perdón, ¿tenés el último de Rolón?”.

Ella (la voz) responde: “No, no lo tengo ni lo voy a tener”.

Más de 39 escalones después, cara a cara con Natalia Romero: “No vendo nada que no me cope. La necesidad no es lo que me moviliza. Por ahí la novedad termina siendo algo que me gusta”, dice como diría el querido Andy, de la entreñable Lilith Libros. “Exacto, yo tampoco me manejo por los cánones de los suplementos culturales”.

Si de pronto la curiosidad pasa por saber cómo se llama lo que aparentemente podría ser una librería pero es su casa, Natalia te dice que es un lugar de encuentro al que se llega haciendo un poco de Google que conduzca derecho hasta una buhardilla que envidiaría Marguerite Duras. En esas alturas funciona A Cien Metros de la Orilla. “Google + el boca a boca”, dirá. Y luego una contraseña literaria para que Natalia te haga pasar y te convide mate y un montón de amabilidad de la buena.

“Me gusta ser confianzuda y tener gente dentro de casa. Lo que te puedo ofrecer, además de lo obvio, libros, es sinceridad y un trato personalizado que ya casi no existe en ninguna librería”.

En Buenos Aires hay bastantes lugares como A cien metros… Están en sitios impensados, incómodos, tienen nombres sencillos o poéticos y desde afuera no se entiende bien lo que son. Dejan entrever una atmósfera levemente exótica y al ingresar en cualquiera de ellos, aún a plena luz del día, uno se encuentra con una misteriosa debilidad. Pero no tardás en darte cuenta de que en estos lugares nunca pasa nada extraño. Sólo se ven libros amontonados o, en la casa testigo de Natalia, alineados como en una brochette. Y se habla de literatura. Simplemente de libros. Algo genérico y melancólico sin ninguna afectuosa sobreactuación.

“Mi faro, por decirlo de alguna manera, es Fernando (Gioia) de LIBROSREF, ¿lo conocés? Fernando es muy generoso y me ayudó, me alentó. Me dijo que cada vez debemos ser más y más…”

¿Más qué? Su librería es rarísima. Es como una biblioteca personal que está a la venta. Todo el tiempo pareciera que está vendiendo sus propios libros. No sé, es como la primera librería de autor que conocí. La diferencia es que su local da a la calle y que en esa extraña convención los intereses se confundan. Eso también forma parte de su genialidad”.

(Anotamos en la Moleskine, the legendary notebook of Hemingway: entrevistar sin falta a Fernando Gioia!!!! )

¿Funcionar a puertas cerradas es como una metáfora del retraimiento de la industria? Las editoriales independientes están haciendo cosas muy geniales. El interés llega solo, sin esfuerzo. Mi acuerdo comercial, en general, es la consignación. Además vendo un poco poco más barato que el resto porque la prioridad es tener llegada… Sé que también me muevo dentro de un ambiente donde la mayoría escribe, yo escribo poesía, y tiene sus propios sellos editoriales. Básicamente mantenemos una relación amorosa con el objeto libro. Me gustaría tener libros marcados, yo los marco siempre, no puedo dejar de leer sin marcar. Es más, quiero tener un sector de mi librería donde solamente se puedan conseguir libros marcados. No importa si es de gente conocida o desconocida. La biblioteca de libros marcados. ¿Te gusta la idea?”.

Me encanta. Y con la compra de cada libro, regalamos lápices negros Faber Castell, jajá. Me parece que los libros marcados hablan de nosotros como lectores.

¿Cómo es tu relación con la Feria del Libro? Todos los años pasan más de un millón de personas por la Feria, pero es un monstruo donde pocas veces suceden cosas interesantes. Como concepto, la Feria me resulta completamente ajena. No sería público de esos lugares.

Se me ocurre que en diez años la Feria del Libro se convertirá en una feria de tecnología… ¡Espero que no! Yo soy tan del papel que no puedo conectar del todo con otros soportes. Asocio el libro al deseo. Leer es una manera de ir despacio, viste, es como que cuando le decís que sí a un libro le estás diciendo que no a otro montón de cosas.

Fuente: texto de Hernán Firpo en diario Clarín.

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