Buenos Aires, 24/07/2017

La interrelación entre el cerebro y la obesidad

Las personas con problemas de sobrepeso presentan alteraciones en las conexiones neuronales del sistema cerebral de recompensa.

(CABA) Cuando se plantea la problemática de la obesidad existe la tendencia a estudiar los procesos alimentarios y metabólicos. Entre ellos, el balance entre la energía incorporada y su gasto. Esto hace que el cuerpo engorde, se mantenga estable o adelgace.

También se piensa en las características psicológicas de la persona que padece problemas nutricionales. Estudiando las conductas normales, como también procesos que influyen en el apetito como la ansiedad o la depresión. Pero fundamentalmente patologías alimentarias como la bulimia o la anorexia.

Pero existe otra variable, modificadora de la nutrición, tan importante como las anteriores. Es la regulación que sobre la conducta alimentaria humana (normal o patológica) genera el cerebro. Así como las consecuencias que sobre el sistema nervioso produce el aumento excesivo de masa corporal.

Siguiendo este pensamiento se han desarrollado muchos estudios sobre la interrelación entre cerebro y peso corporal. Una de esas investigaciones se relaciona con los mecanismos neurológicos cognitivos implicados en la conducta nutricional.

Investigadores de la Universidad de Barcelona y del Consorcio Sanitario de Tarrasa han descrito en neuroimágenes la alteración de las vías de los sistemas de recompensa entre la corteza orbitaria (medial) y zonas subcorticales del deseo (núcleos accumbens, caudado y putamen).

Sabiendo que concomitancia no es sinónimo de causa, la pregunta aún no saldada es si esta modificación se encuentra asociada con el origen o si se desarrolla después, como consecuencia de la obesidad.

También se ha observado que el cerebro de los obsesos sufriría un achicamiento cerebral más precoz, a expensas de la sustancia que comunica los diferentes sectores del cerebro (sustancia blanca).

En un trabajo publicado en la prestigiosa revista científica Neurobiology of Aging se observó que los obsesos tienen un cerebro del tamaño de una persona diez años mayor. Es decir que se reduce mucho más rápidamente de lo que en general sucede con el paso del tiempo en el envejecimiento normal.

Se ha visto también inflamación y afección posterior del hipotálamo en personas con sobrepeso. Esto cobra importancia porque es una zona del cerebro regulatoria de muchas funciones, entre ellas el apetito. Existen áreas hipotalámicas que aumentan el hambre y otras que lo disminuyen. El consumo excesivo de grasas afecta esta zona subcortical en forma irreversible cuando se extiende en el tiempo la alimentación patológica.

Actualmente se han descubierto genes relacionados con la gordura y la diabetes (tipo 2, relacionada con la obesidad).

De los tiempos idos
Existe un gen que acumula grasas en tiempos de falta de ingesta, pero que predispone a la obesidad en la dieta actual, cargada de hidratos de carbonos.

Es un gen muy presente en la población, de ahí lo frecuente de la obesidad y de la diabetes en la comunidad, que además genera alteraciones vasculares en el cerebro, predisponiendo desde accidentes vasculares hasta un sufrimiento crónico.

Lo especialistas en evolución se preguntan por qué un gen tan malo perduró en la evolución natural. La respuesta es que fue útil en los momentos de falta de alimentos en la historia del hombre, siendo clave la acumulación de grasas rápida en ese momento. Es decir, es un gen paradojal que fue útil en un tiempo evolutivo de nuestra especie, pero que ahora genera grandes problemas.

Existen otros genes implicados en la predisposición a la obesidad. Hay personas que tienen clara susceptibilidad para engordar, por ejemplo, absorben más glucosa en el intestino o depositan más las grasas abdominales.

Esta situación lleva a tener mayor riesgo de sobrepeso. Pero esto no es independiente de las influencias sociales, alimentarias y conductuales como condicionantes del peso final de las personas.
El cerebro es entonces una caja de resonancia de la obesidad. Siendo a veces causa de los problemas conductuales de la alimentación, pero en otras padeciendo las consecuencias de la misma. NR

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