Buenos Aires, 17/10/2017, edición Nº 1798

La inflación y las crisis aumentan la obesidad en mujeres

Ese es el resultado del análisis realizado por expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). El aumento del desempleo femenino a nivel mundial y el consumo de productos más baratos y menos nutritivos para ajustar la economía doméstica a los ingresos son algunos de los factores responsables del incremento de la obesidad entre las mujeres.   (Ciudad de Buenos Aires) Las últimas estadísticas mundiales sobre obesidad sitúan a...

Ese es el resultado del análisis realizado por expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). El aumento del desempleo femenino a nivel mundial y el consumo de productos más baratos y menos nutritivos para ajustar la economía doméstica a los ingresos son algunos de los factores responsables del incremento de la obesidad entre las mujeres.

 

(Ciudad de Buenos Aires) Las últimas estadísticas mundiales sobre obesidad sitúan a la mujer en el foco de esta epidemia del siglo XXI, algo que se refuerza en el informe “Generación XXL”, publicado recientemente por la compañía IPSOS (especializada en identificar las conductas, actitudes y opiniones de la sociedad).

La convergencia de los efectos psicológicos de las crisis, y los cambios económicos conllevan a una mayor ansiedad y depresión, convirtiéndose esto en el motor de este aumento de casos de obesidad en las mujeres.

En general, las mujeres son más propensas a sufrir depresiones y ansiedad, y estas situaciones de crisis e incertidumbre afectan en un alto porcentaje a su forma de comer. Hormonas como los estrógenos, opioides endógenos, la hormona de la juventud, la sulfato de hidro?epiandroestendiona, la progesterona y la testosterona, entre otras, forman un coctel que influye en la forma de comportarse, de sentir tristeza o alegría y de enfrentarse a la comida, y las hace “más susceptibles de ser comedoras emocionales que los hombres”.

Por ejemplo, en el caso de la serotonina, a veces conocida como la hormona de la felicidad, se ha observado que las mujeres producen un 52 por ciento menos en su cerebro que los hombres. “Este neurotransmisor es un peso pesado en el estado de ánimo, en los niveles de ansiedad, en la percepción del dolor, el sueño y la conducta alimentaria, y si disminuyen sus niveles aumenta la sensación de tristeza y desánimo”, explicó el Dr. Ravenna.

“No es casualidad, agregó el reconocido especialista, que cuando estamos tristes o desanimados, nos den ganas de comer un helado de chocolate, ya que los alimentos dulces y con altas concentraciones de azúcares aumentan las concentraciones de serotonina produciendo un efecto antidepresivo y ansiolítico momentáneo”.

 

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