Buenos Aires, 11/12/2017, edición Nº 1853

La iglesia de Balvanera que fue inaugurada por el papa Pío XII

La Santa Rosa de Lima fue inaugurada en 1934 con la bendición del entonces cardenal Eugenio Pacelli en homenaje a la Patrona de América.

Por Eduardo Parise

(CABA) Si se lo mira en perspectiva, el gran edificio tiene alguna semejanza con la famosa iglesia Sacré-Coeur, del barrio de Montmartre de París. En eso influye su estilo neoclásico de clara imagen bizantina, con esa gran cúpula central y dos laterales. El color, que contrasta con las paredes de ladrillo y piedra, se lo dan esas tejas de cobre que con los años se volvieron verdes. Ese revestimiento, elegido por Alejandro Christophersen (el arquitecto de nacionalidad noruega que diseñó la Basílica), tiene su razón: el cobre es liviano, no necesita mantenimiento, es durable (supera ampliamente los 100 años) y se oxida pero no se corroe, lo que lo hace casi indestructible.

La iglesia Santa Rosa de Lima fue inaugurada el 12 de octubre de 1934 con la bendición del cardenal Eugenio Pacelli (luego sería el papa Pío XII), quien estaba en Buenos Aires participando del Congreso Eucarístico Internacional. Pero su construcción se inició en 1926. De todas maneras, la inquietud de los vecinos por tener un lugar para venerar a la Patrona de América, Filipinas e Indias Orientales (proclamación del Papa Clemente X, quien la canonizó en 1671), estaba presente desde antes. A tal punto que muchos ya se habían sumado a la campaña para juntar el dinero y comprar un terreno destinado a esa construcción. El metro cuadrado costaba 200 pesos y hasta se pagaba en cuotas. Hacia fines de 1913, la recaudación apenas superaba los 18.000 pesos. Entonces, fue clave el aporte de María Unzué de Alvear, quien donó el terreno de Belgrano y Pasco.

Mencionar los valiosos detalles arquitectónicos de la Basílica llevaría mucho espacio. Pero alcanza con destacar la cúpula que está apoyada en dieciocho columnas de mármol cipollino (se lo llama así porque sus vetas verdes cruzan sobre el blanco y asemejan las capas de una cebolla) que se complementa con los zócalos y frisos realizados en mármol verde de tinos. Ambos son de origen griego. El piso es de mármol Napoleón (originario de la isla de Paros), así denominado porque se usó en la construcción de la tumba de aquel emperador francés. Las estatuas y los altares son de mármol italiano de Carrara, igual que el púlpito cuadrado, que tiene tallados arabescos y la imagen de ocho santos católicos. El templo recibe luz natural que llega a través de artísticas ventanas y la linterna que corona la cúpula.

Santa Rosa de Lima se llamaba Isabel Flores y Olivia. Había nacido en esa ciudad, que entonces era capital del virreinato del Perú, el 30 de abril de 1586. Integró una familia que tuvo otros doce hijos y desde chica mostró una inclinación por lo místico. A los 20 años tomó los hábitos de la orden de los dominicos y consagró su vida a los enfermos y los niños. Se cree que en esa decisión influyó el tiempo en que vivió en Quives, un pueblo andino y minero donde su padre trabajaba como administrador. Admiradora de la obra de Santa Catalina de Siena, tomó el nombre de Rosa al considerarse una rosa en el jardín de Cristo. El Congreso de Tucumán, realizado en 1816 la nombró Patrona Jurada de la Independencia Argentina. El día de su celebración se realiza cada 30 de agosto. Y su figura está vinculada también con una leyenda surgida en 1615. Cuentan que un grupo de piratas holandeses iba a desembarcar en en el puerto de El Callao, Lima, y Rosa encabezó una rogativa que luego desató una gran tormenta y los piratas no pudieron atacar a la ciudad. Para muchos devotos allí está el origen de la Tormenta de Santa Rosa, que suele darse en el Hemisferio Austral días antes o después de las fiestas de la santa. Pero esa es otra historia.

La iglesia Santa Rosa de Lima 3

Fuente: Clarín

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