Buenos Aires, 20/09/2017, edición Nº 1771

La historia de los jugadores de rugby de una cárcel de máxima seguridad bonaerense

"Los Espartanos" son un equipo integrado por presos de la Unidad 48 de San Martín y jugaron un partido contra jugadores de distintos equipos.

(PBA) “Coco” patea. La pelota vuela alto, tanto que excede los límites de la cárcel. Abajo la esperan Los Espartanos para seguir el juego. Son las 13.00 de un sábado de sol, pero las corridas, el sudor, las arengas van a seguir hasta que el sol baje, hasta que alguien diga basta, hasta que tengan que volver a sus pabellones, a seguir con el cumplimiento de su condena. Hasta el próximo partido.

“La llego a contar ésta y no me la creen en la calle”, dice un preso, vestido para jugar al rugby. En una mano tiene una empanada, y en la otra una lata de gaseosa. Todo está listo para inaugurar la primera cancha de césped sintético dentro de una unidad penitenciaria. Es la Unidad Penal 48 de San Martín.

Los Espartanos son 78 hombres que están alojados en una cárcel de máxima seguridad del conurbano bonaerense. Y son jugadores de rugby. “Hoy termina algo, y empieza algo mejor”, dice Eduardo “Coco” Oderigo, creador y entrenador de Los Espartanos. Primero lo interrumpe una trompeta, y después un espartano: “Te llaman de allá, Coco”. Es que acaba de entrar a la cancha Gabriela Michetti, vicepresidenta de la Nación. Coco no quiere figurar, pero lo necesitan para el corte de cinta.

Entran, con ella, el ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires, Gustavo Ferrari, el secretario de Justicia de la Nación, Santiago Otamendi y el secretario de Deportes de la Nación, Carlos Mac Allister. Los Espartanos están al fondo de la escena, tapados por la gente y las cámaras que les dan la espalda.

“La jugada que pasó es inmodificable. Lo que es modificable es la jugada que viene de acá para adelante”, les dice Mac Allister a los jugadores, ahora sí de frente, subido a una tarima. Los invita a que cierren los ojos y piensen qué van a hacer cuando salgan. Ellos lo hacen.

Es el turno de Ferrari, que habla de estadísticas: “El 50% de las personas que pasan por nuestras cárceles vuelven”, dice. Luego compara el deporte con la vida: “Estos muchachos están jugando el partido de su vida. Y ¿saben qué? Van ganando”.

Y, en rigor, Los Espartanos ganarían el partido 21 a 17.

Un proyecto que crece

Julián Weich es el presentador del evento y forma parte del equipo de los visitantes, donde hay jugadores de rugby de distintos clubes de primera. A él le cuesta pensar que está en este momento en una unidad penal. La orquesta del Servicio Penitenciario toca el himno nacional. Desde las alturas, en lo que en un teatro sería el palco, otros agentes miran a lo largo de todo el perímetro. Un drone los sobrevuela.

“Es una emoción ver esto, cómo fue creciendo, cómo se nos fue de las manos”, dice Coco, que acaba de llegar de una visita a una cárcel en el exterior. Quiere instalar Los Espartanos en todo el mundo. El entrenador tiene el pelo blanco, lleva una camisa prolija, pantalón de vestir, zapatos. Ropa que cambiará en unos minutos por unos pantaloncitos blancos y la camiseta amarilla de Los Espartanos.

La cancha se llama, ahora, Bernardo Miguens. Para Coco, Miguens fue un referente como Puma por ir siempre para adelante. Y eso es lo que quiere que los chicos se lleven de todo esto. Para descubrir la placa que lleva ese nombre, lo acompañan Joaquín, uno de los 13 hijos de Miguens, y su mujer, Ana. Lloran. El papel que sostiene Joaquín le tiembla mucho. Lee: “Creo que el viejo diría esto: «Dejen todo en la cancha, porque después va a ser muy tarde»”.

Al final del partido, un hijo de Miguens le regalará su camiseta azul y negra, transpirada, a un espartano. “Esto es una reliquia”, le dice un compañero. Los dos se ríen.

Michetti cierra la inauguración. Antes de que empiece el partido, invita a todos a rezar un padrenuestro. Los Espartanos, abrazados, miran para abajo, rezan. Hay aplausos. Y entonces la banda del Servicio Penitenciario Bonaerense empieza a tocar “Despacito”.

Antes de que llegaran las autoridades, Los Espartanos se preparaban para el partido, rodeados por un cordón de agentes vestidos de negro. Alrededor hay un enrejado, y de ahí cuelgan fotos enormes con los jugadores en una cancha con barro. Atrás de una de las fotos, donde se ve una mano embarrada agarrando a otra mano embarrada, están los buzones, donde llevan a los presos a los que se quiere castigar. Ahora ahí no hay nadie.

Entrenamientos

El ocho es el pabellón de Los Espartanos. Pero también juegan presos de los pabellones 9, 10, 11 y 12. Hace dos semanas que empezaron a entrenar en esta cancha. Lo hacen todos los días de 11.30 a 14. Y todavía no lo pueden creer. No lo saben, pero la nueva cancha es mucho mejor que en la que, afuera, y en libertad, están jugando al fútbol 22 chicos.

Dentro del penal, custodiados por agentes penitenciarios desde abajo y desde las alturas, por perros y rejas, siguen jugando los diez internos contra los diez “externos”.

Santiago Nicolás, “el Enano”, arenga a sus compañeros. Grita: “¡Espartanos!” Una fila de veinte hombres responde: “¡Auhhh!” Un árbitro oficial de la Unión Argentina de Rugby (UAR) dirige el partido.

“Vamos paragua”, grita Carolina desde afuera. El espartano se acaba de tirar al piso para tacklear a su contrincante. Carolina es la entrenadora de las mujeres que juegan al rugby en la unidad 47. Son Las Espartanas.

-Ese es guardiacárcel -dice alguien que camina por el borde de la cancha.

-Adentro de la cancha somos todos iguales – le contesta otro.

Los requisitos dentro del penal para ser un espartano son reglas que ponen ellos mismos: salir a entrenar, rezar el rosario los viernes y, lo más importante, estar sano mentalmente, es decir, no consumir drogas dentro de los pabellones.

Pero más allá de estos 78, hay cerca de 500 presos en el penal ajenos a esta movida. Tampoco están con sus familias, como lo suelen hacer los sábados, días de visitas. Es porque por este evento se cortó la visita de ayer para todas las unidades de este complejo penitenciario, que comprende la 46, 47 y 48. Pero para los que están en la cancha, al menos hoy es todo sonrisas y golpes amistosos en las espaldas. Hoy, estos presos son los jugadores de rugby de Los Espartanos, los protagonistas.

MG

FUENTE CONSULTADA: LA NACIÓN

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