Buenos Aires, 21/11/2017, edición Nº 1833

La historia de la escultura del emperador romano de Plaza Lavalle

Fue colocada allí en 1961. Se trata de una réplica de la estatua de Trajano que se muestra en el Museo Popular de Nápoles.

Por Eduardo Parise

(CABA) El hombre está de pie, sobre un pequeño pedestal revestido en mármol, y viste la clásica armadura de los jefes de las legiones romanas. A un costado sobresale su espada y en la mano izquierda sostiene un pergamino. Dicen que eso simboliza lo que fue su victoria sobre los turcos para anexar la región de Dacia (actual Rumania) a su imperio, el mismo que gobernó entre los años 98 y 117 de nuestra era. La figura, de tamaño natural, está realizada en bronce y se encuentra en Plaza Lavalle. Recuerda a Marco Ulpio Trajano, un hombre que se convirtió en el primer emperador romano no nacido en Italia y es una curiosidad más de las tantas con que suele sorprender Buenos Aires.

La inauguración de la obra en la Ciudad se realizó el 11 de abril de 1961, cuando Arturo Frondizi era presidente. La instalación de la escultura formó parte de los festejos del sesquicentenario de la Revolución de Mayo (se había cumplido el año anterior) y contó con la presencia del demócrata cristiano Giovanni Gronchi, entonces presidente de Italia. Fue donada por el Centro de Acción Latina de Roma y es una réplica de la original que alguna vez estuvo sobre la Columna de Trajano, en la capital italiana, pero que en 1583 fue llevada al Museo Nacional de Nápoles, donde se encuentra actualmente.

Trajano, como se lo conoció durante los 19 años que estuvo al frente del imperio, había nacido el 18 de septiembre del año 53 cerca de la actual ciudad española de Sevilla, una zona que entonces estaba bajo el dominio romano. Su carrera fue muy trabajada, pero de rápido ascenso. Un ejemplo: a los 24 años comandaba una legión, esas fuerzas militares que integraban entre 4.000 y 6.000 hombres. Para entonces ya había sido cónsul y tribuno. Luego, por su capacidad militar, lo designaron como gobernador de la Germania norte, la frontera más complicada del imperio. Y en el año 98, cuando tenía 45 años, fue elegido emperador.

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Cuenta la historia que su estilo abierto para gobernar lo hizo una figura muy popular y querida en Roma. Es que en esos años, Trajano no sólo bajó los impuestos sino que generó trabajo realizando mucha obra pública como acueductos, edificios y hasta un nuevo Foro, cuyas ruinas aún se mantienen en la capital italiana. Además fue el creador de un gran mercado con unos 200 puestos, lo que fomentaba el comercio. Otra obra suya, la famosa Columna (fue realizada en mármol en el año 113 y mide 38 metros de altura) también quedó como símbolo de aquellos tiempos victoriosos. Es que durante su gobierno el imperio romano alcanzó su máxima expansión, calculada entonces en unos seis millones de kilómetros cuadrados, custodiados y dominados con unas 30 legiones.

El emperador Trajano murió el 9 de agosto de 117, después de una campaña militar en Oriente. Su cuerpo fue cremado y las cenizas, colocadas en una urna de oro, se depositaron en un hueco de su columna. Dicen que años más tarde esa urna fue robada por los visigodos que invadieron Roma. De todas maneras, su figura de buen gobernante siempre es recordada, como lo prueba ese monumento en la Plaza Lavalle, en cuyo pedestal se destaca la sigla SPQR, símbolo de las legiones romanas y del imperio. En latín, son las iniciales de Senatus Populus Quirites Romae (El Senado y el pueblo de los ciudadanos de Roma) y estaban grabadas en todos los estandartes. Claro que el de Trajano no es el único monumento en esa plaza histórica que alguna vez se conoció como “el hueco de Zamudio”, el nombre del primer propietario de esas tierras. En 1822 ya se llamaba Plaza del Parque de Artillería. Pero en 1878 se la designó con el nombre actual. Es que para 1887 allí se instaló una columna dórica de 18 metros de alto donde se colocó una estatua realizada por el escultor uruguayo Pietro Costa. La figura, hecha en mármol, es en homenaje al general Juan Galo de Lavalle. Pero esa es otra historia.

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Fuente: Clarín

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