Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

La fuente de Las Tarascas en el barrio de Recoleta

La obra de tres figuras aborígenes con el torso desnudo es de Morelia.

La más famosa está en la ciudad de Morelia, capital del Estado mexicano de Michoacán. También hay réplicas en distintos lugares del mundo, Buenos Aires inclusive. Y aunque la ubicaron en uno de los lugares más transitados de la Ciudad, pasa tan desapercibida como una de las hormigas que circulan por la pequeña Plaza Dante, ese triángulo con árboles y algo de verde que está en la conjunción de las avenidas Del Libertador, Figueroa Alcorta y Pueyrredón, en el barrio de Recoleta. La obra tiene un nombre que, a los oídos porteños, hasta puede sonar jocoso: se titula Las Tarascas. Pero detrás, ese grupo escultórico tiene mucha historia.

La réplica instalada en Buenos Aires fue donada por la gente de Michoacán en 1998 y se inauguró el 17 de diciembre de ese año. Muestra a tres mujeres, de rodillas y con el torso desnudo, quienes con sus brazos sostienen una gran cesta donde se ven aguacates (paltas), elotes (choclos) y manzanas, entre otros frutos típicos de esas regiones mexicanas. Dicen que es una manera de simbolizar la abundancia americana. Realizadas en bronce, las figuras están asentadas sobre una base de piedra en medio de un espejo de agua. Esta réplica es obra del escultor y dibujante mexicano José de los Santos Sánchez Martínez.

Los conocedores cuentan que esas tres mujeres representan a tres princesas de una cultura conocida como tarasca. Sus nombres: Tzetzangari, Atzimba y Eréndira. De ahí la designación del monumento como De Las tarascas. Pero investigadores de la historia afirman que la cultura era la Purhépecha, una sociedad precolombina que existió en la región mexicana y que en 1530 fue derrotada por los conquistadores españoles. De religión politeísta, los Purhépechas vivían de la agricultura, la caza y la pesca, tenían como dios principal a Curicaveri (“el que surge del fuego”) y su ciudad capital era Tzintzuntzan (lo traducen como “lugar de los colibríes”). El término tarascos o tarascas es algo que, de manera despectiva, impusieron los conquistadores. Afirman que deriva de la palabra tarasqué, algo así como “mi suegro”. Eso era porque los españoles tomaban a las jóvenes como sus parejas. Y en el lunfardo porteño se considera a la tarasca como a una muchacha desenvuelta y de mala naturaleza.

La primera fuente en México estaba hecha con cemento y varillas de hierro, adornada con colores. La realizó Antonio Silva Díaz en 1937 y fue un regalo para el general Lázaro Cárdenas del Río. Pero aquellas imágenes de las mujeres con el torso desnudo incomodaron a muchas personas y en 1967 decidieron retirarlas hacia lugares menos transitados de esa ciudad. Sin embargo el reclamo popular consiguió que se realizara una réplica en bronce. La tarea estuvo a cargo de José Luis Padilla Retana, un artista que también se hizo famoso como torero. La que está ahora allí, en Morelia, se inauguró en mayo de 1984.

Como una manera de atenuar la connotación despectiva de su nombre, algunos llaman a la obra con una denominación más agradable: le dicenLa fuente de las Tres Gracias, aunque ese nombre no es el más popular. Es que esa imagen de mujeres con el torso desnudo siempre supo generar rechazo en gente que no tiene un buen concepto de lo humano y del arte.

Por supuesto que no es el único caso de una obra que recibe un reproche semejante. En Buenos Aires hubo un caso emblemático cuando la gran Lola Mora presentó su Fuente Monumental Las Nereidas. Realizada en mármol blanco, la fuente estaba destinada en su origen a la Plaza de Mayo. Pero las imágenes de Venus y otras figuras desnudas perturbaron a algunas personas moralistas. En 1903, la colocaron cerca del cruce actual de Leandro Alem y Presidente Perón. Como seguían los cuestionamientos, para disimular su presencia la llevaron a la Costanera Sur, donde aún permanece como uno de los más bellos símbolos de la Ciudad. Pero esa es otra historia. FB

Comentarios

Ingresa tu comentario