Buenos Aires, 11/12/2017, edición Nº 1853

La excéntrica redacción del diario Crítica

El palacio de Natalio Botana.

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(CABA) Ahora es una dependencia de la Policía Federal. Pero sus paredes guardan los ecos del eco de la voz de gente valiosa en la cultura de la Ciudad y del país. ¿Qué gente? La lista puede ser interminable, pero se puede citar a Ulyses Petit de Murat, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Conrado Nalé Roxlo, los hermanos Raúl y Enrique González Tuñón, Homero Manzi, César Tiempo y Francisco Loiácono, un hombre que empezó como ascensorista y en poco tiempo se convirtió en periodista y figura de la noche y el tango. El edificio está entreverado en medio de la rica arquitectura de la Avenida de Mayo, es un símbolo de lo que los especialistas llaman Art Deco y fue creado en 1926 como sede de Crítica, aquel diario fundado en 1913 por el uruguayo Natalio Félix Botana Miralles, que llegó a vender más de 300.000 ejemplares por día.

Lo inauguraron en septiembre de 1927 y su entrada principal está en el 1333 de la Avenida de Mayo, aunque también tiene acceso por Rivadavia 1330. Son siete pisos y la superficie construida ocupa más de 1.000 metros cuadrados. La obra fue pensada por los hermanos Jorge y Andrés Kalnay, dos arquitectos de origen húngaro que llegaron a Buenos Aires en 1920, cuando el barco al que subieron en Nápoles, creyendo que los llevaría a Estados Unidos, atracó en San Nicolás, a unos kilómetros de esta Ciudad en la que luego desarrollarían su talento. Dicen que Jorge proyectó el gran diseño y que Andrés aportó su creatividad para la espectacular fachada.

Lo cierto es que esa construcción fue desarrollada con un criterio moderno para los cánones de aquel tiempo. Y algunos afirman que la intención era hacer un contrapunto con el edificio del diario La Prensa, de estilo más clásico, que estaba a metros de Plaza de Mayo. En la planta baja del edificio de los Kalnay, de mayor altura que las demás, estaban las rotativas. Luego, en el primer nivel, se ubicaban los salones del directorio y en el siguiente la oficina de Botana, la biblioteca, el archivo y el salón de actos. En los otros pisos estaban las áreas de redacción, así como la administración y servicios complementarios tales como gimnasio, peluquería y un gran comedor. Hacia la calle Rivadavia se encontraban sectores públicos con consultorios médicos y jurídicos y hasta una biblioteca infantil. Eran de uso gratuito. Esto tenía relación con el criterio de Botana quien decía que ese “palacio” debía servir también para la gente común.

Tanto en el interior como en la lujosa fachada, se destacan figuras aztecas, incaicas y de origen precolombino. Se nota en las grandes estatuas que flanquean el imponente ventanal del frente y también en algunos pisos decorados con figuras del calendario azteca y de la Puerta del Sol de Tiahuanaco. Además, todo el interior estaba decorado con materiales de calidad como mármoles y maderas nobles. Y para remarcar su criterio moderno, el edificio tenía hasta un sistema para la detección y extinción automática de incendios. También se destacaban las gruesas puertas corredizas, hechas en bronce: dicen que evitaron alguna vez que el edificio fuera saqueado por cuestiones políticas.

Natalio Botana murió en 1941, tras un accidente automovilístico en Jujuy. Fue cuando su Rolls Royce cayó por un barranco. Tenía apenas 52 años. Desde aquel momento Crítica ya no fue lo que era. En medio de altibajos duró hasta 1962. De todas maneras quedó aquel “palacio” que él había soñado para ponerlo al servicio del pueblo, como repetía. Lo que también se mantuvo fue el prestigio de los hermanos Kalnay, quienes siguieron pensando y desarrollando otras construcciones que se destacaron y se destacan en la Ciudad. Como ejemplo se puede mencionar a otro “palacio” creado por Jorge Kalnay. Se denomina el Palacio de los Deportes y ocupa la manzana de las calles Lavalle y Azopardo y las avenidas Corrientes y Eduardo Madero. Para la gente es, simplemente, el Luna Park, monumento histórico nacional desde 2007. Pero esa es otra historia

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