Buenos Aires, 23/11/2017, edición Nº 1835

La ex central eléctrica que se convirtió en un palacio de la cultura en el barrio de La Boca

Una central eléctrica de principios del siglo pasado fue reinaugurada este viernes en el barrio porteño de La Boca, transformada en la Usina del Arte, dedicada a la música, al teatro y a las artes visuales. Construida entre 1914 y 1916 a pedido de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad por el arquitecto italiano Giovanni Chiogna, la vieja usina de ladrillos coronada por una torre había quedado casi olvidada, al...

Una central eléctrica de principios del siglo pasado fue reinaugurada este viernes en el barrio porteño de La Boca, transformada en la Usina del Arte, dedicada a la música, al teatro y a las artes visuales.

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Construida entre 1914 y 1916 a pedido de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad por el arquitecto italiano Giovanni Chiogna, la vieja usina de ladrillos coronada por una torre había quedado casi olvidada, al pie de la autopista que lleva a la ciudad de La Plata (63 km al sur).

Pero, en pleno barrio de La Boca, muy cerca del mítico estadio La Bombonera del popular club de fútbol Boca Juniors, este espacio brilla ahora bajo las luces de los proyectores.

Al mirar para arriba, se ve un haz luminoso de 10 km de altura del artista japonés Ryoji Ikeda, que parece expresar en medio de la noche todo el orgullo del resurgimiento del edificio.

“Luego de décadas de abandono que ha sufrido el sur de Buenos Aires, esto representa una esperanza”, dijo el alcalde de la capital, Mauricio Macri (derecha).

“Todo el gobierno se va a trasladar el centro al sur”, prometió, al expresar su deseo de que “Buenos Aires vuelva a ser una ciudad con equidad entre el norte y el sur”.

Casi todos los barrios residenciales de Buenos Aires están al norte, los del sur son los desheredados, largamente abandonados por las autoridades.

Esta estrategia de recuperación de la zona se apoya en una serie de museos y espacios de arte recientemente creados o renovados, como la Fundación Proa en La Boca o el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba) en San Telmo, el barrio de los anticuarios.

“En el ‘gran foyer’ hay algo de la Tate Modern de Londres, pero no habrá sólo artes visuales”, dijo a la AFP el secretario de Cultura de la ciudad, Hernán Lombardi, sobre la flamante Usina del Arte.

Lombardi apuesta al fenómeno urbano de aburguesamiento: “la gentrificación”, dice, tomando la palabra del inglés para explicar el proceso por el cual el perfil económico y social de los habitantes de un barrio se transforma.

“Queremos aprender de todas las experiencias”, explica al anunciar la próxima llegada de José-Manuel Gonçalves, director del Centre Quatre, un espacio de arte y diseño parisino.

“El modo de gestión será clave. La inversión total en este proyecto fue de 120 millones de pesos (26,7 millones de dólares) y queremos un marco que permita a su director, Ricardo Szwarcer, ser eficiente y libre a la vez”, aseguró.

Exdirector del Teatro Colón de Buenos Aires, exdirector artístico de la Opera de Lille y del Festival Griego de Barcelona, Szwarcer, un argentino de 64 años, parece feliz de retornar a su país con un proyecto tan ambicioso.

“Es un centro cultural del siglo XXI”, resumió. “Un lugar cambiante, un proyecto multiforme abierto a todos los géneros, con irreverencia y desprejuicio en cuanto a los valores consagrados. Y a todas las músicas, incluida la electrónica”.

“Uno de nuestros objetivos es el rescate de las tradiciones populares como el fileteado”, subrayó en referencia al arte decorativo nacido hace un siglo en las fábricas de carretas de Buenos Aires para luego llegar a los autobuses.

Detrás del director de la Usina, algunos niños se cuelgan de una ventana muy alta y quedan suspendidos en el vacío… están jugando en “El Edificio”, una fachada colocada en el suelo que se refleja en un espejo, un ‘trompe-l’oeil’ técnica pictórica que busca engañar la vista jugando con la perspectiva.

Se trata de una obra de Leandro Erlich, un argentino de 39 años que ya sorprendió en París.

“Toda mi obra tiene un carácter participativo”, dijo, y destacó: “se trata de usar el arte como factor de integración”.

ATP

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