Buenos Aires, 24/09/2017, edición Nº 1775

La contracara de los “ni-ni”: jóvenes que se esfuerzan por progresar

Apuestan a una "trayectoria" para ser incluidos en la sociedad con herramientas competitivas. Los sociólogos ya los denominan los "sí-sí".

(CABA) Pensar a la juventud como un todo homogéneo sin entenderla como una multiplicidad de historias y realidades, entre contradictorias y afines, es recortar un tema en sí mismo complejo.

Y si además dentro del grupo socioetario “juventud” hacemos hincapié en los sectores vulnerables, se pone más en evidencia que una mirada estrecha dificulta el merecido debate que aún tiene pendiente la sociedad argentina sobre este grupo.

La juventud por definición se redefine permanentemente por el efecto de época; y hoy en la Argentina se tiende a limitar la problemática de los jóvenes vulnerables a la concepción del grupo llamado “Ni-ni” (aquellos jóvenes entre 15 y 29 años que no estudian, ni trabajan ) y de vuelta el análisis se vuelve parcial. Los jóvenes “ni-ni” no son un fenómeno excluyente de la Argentina. Ocurre en varios países del mundo, al punto de que existe un proyecto para incorporar el vocablo “ni, ni” al diccionario de la Real Academia Española.

Según el último Censo Nacional del Indec, realizado en 2010, en la actualidad, en la Argentina, los jóvenes entre 15 y 29 años constituyen una cuarta parte de la población total argentina (de 40 millones de argentinos). Más exactamente son cerca de diez millones (9.972.725) de jóvenes entre 15 y 29 años. Y sólo la provincia de Buenos Aires concentra el 40% de estos jóvenes.

Si juntamos las cifras y las ponemos en contexto, es probable que dentro de los jóvenes de grupos vulnerables y de menos recursos, los “ni-ni” sean la franja más visible que emergió y se consolidó en los últimos diez años; teniendo en cuenta que el 74% de los 566.000 que no estudian, ni trabajan en la Provincia de Buenos Aires son mujeres y un 41% de ellas tiene hijos.

A la vez, lo que se advierte es que existe otro grupo dispuesto a “torcer” su destino pauperizado, con herramientas competitivas para insertarse laboralmente y progresar en la sociedad. Los sociólogos ya los denominan los “sí-sí”. Son jóvenes que apuestan a una “trayectoria” de vida que los deje incluidos en la sociedad con herramientas competitivas y genuinas.

jovenes si si

Historias próximas

Melany tiene 18 años y vive en Del Viso con sus padres, sus cuatro hermanos y un sobrinito. Su papá es vendedor ambulante de tortillas y la mamá trabaja desde hace muy poco como empleada doméstica. “Muchas veces ayudé a mi papá en el puesto, encargándome del café”, cuenta Melany a Infobae. “Y a los diez años salía con mi mamá casa por casa a vender rosquitas y pan”.

En diciembre del 2014 terminó la escuela secundaria sin llevarse ninguna materia y se anotó en el Programa Empujar. “Me pareció una buena oportunidad para conocer lo que es el ámbito laboral en una empresa. Ahora, estoy haciendo una práctica en una empresa de logística. Aprendí lo que es trabajar en una empresa y sobre todo a relacionarme con otra gente y asumir responsabilidades. Me gustaría conseguir un trabajo y anotarme en la facultad para estudiar Administración de Empresas”, resume Melany sobre su experiencia que ya la convierte en una joven “sí-sí”.

Trayectorias juveniles

Un medular informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), “Recomendaciones integrales de Política Pública para las juventudes en la Argentina”, presentado a fines del año 2014 puso el tema de la juventud y la Argentina sobre la mesa y profundizó sobre los jóvenes en contextos vulnerables y cómo sobre ellos aún predomina una mirada estigmatizante.

Los autores del informe Fabián Repetto, politólogo UBA y director del programa de protección social y salud de CIPPEC y Gala Díaz Langou, licenciada en estudios internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), plantearon que: “Hoy los jóvenes en la Argentina son especialmente vulnerables a la marginación en el mercado laboral. La visión dominante sobre los jóvenes que provienen de sectores vulnerables está asociada a la visión de los jóvenes “ni-ni”, jóvenes sin futuro y a la deriva”.

Desde la perspectiva de lo que se denomina la sociología de las transiciones, que estudia la trayectoria de los jóvenes que luego se convertirán en adultos y serán la fuerza económica de la sociedad; el estudio de CIPPEC identifica con claridad cuatro dimensiones relevantes, que sirven de marco para comprender las decisiones que toman los jóvenes según los recursos que les brinda la sociedad.

La primera es la “terminalidad educativa”; cómo es la salida del joven del sistema educativo. La segunda es la “inserción laboral“, evalúa la obtención de un empleo y de su calidad. La tercera es el “acceso a la vivienda”, como variable determinante en dos hitos: la salida del hogar de origen y la formación de un hogar propio y la cuarta es la “tenencia del primer hijo”.

En diálogo con Infobae, Gala Díaz Langou explica: Los jóvenes no son un bloque homogéneo de identidades …son mucho más que “ni-ni”. El estudio puso el foco en la problemática de la provincia de Buenos Aires, pero ocurre lo mismo a nivel nacional. Esta visión que se tiene de los “ni-ni” está aún muy vinculada al delito, la pereza y el narcotráfico. Lo nocivo de estas ideas es que se parte de la premisa de pensar a la juventud como un todo homogéneo”.

Refuerza Díaz Langou: “Hay muchas juventudes porque hay muchas identidades. Las formas que tienen los jóvenes de insertarse en el mundo laboral por ejemplo o en la esfera sociocultural de pertenencia son heterógeneas y ya no funcionan como antes: de una sola manera. Hay canales diversos y nuevos”.

“Homologar a los jóvenes de contextos vulnerables o pobres sólo bajo el estigma de los “ni-ni” es una mirada errónea, parcial y estigmatizante para entablar luego un vínculo pleno con la sociedad. Se convierten más en víctimas que en victimarios. Y por eso no emerge la cuestión central que es el debate en torno a los jóvenes y a conformar una sociedad habilitante para que posean capacidades y libertades para elegir su propio futuro”.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) del año 2014, los jóvenes en la actualidad son especialmente vulnerables a la marginación en el mercado laboral al carecer de experiencia profesional, redes sociales, habilidades y recursos financieros para la búsqueda de trabajo.

Plantea el estudio de CIPPEC que en la Argentina de hoy existe un bono demográfico: una baja carga de población dependiente (niños y adultos mayores) y un alto porcentaje de población activa y población joven. Esta realidad cambiará en veinte años en favor de la población adulta mayor y en detrimento de la población joven y activa.

programa empujar

Programa Empujar, jóvenes con sueños

Julio tiene 20 años y cuatro hermanitos a su cargo. Su papá alcohólico los abandonó apenas nació el último de los hijos y eso obligó a su mamá, Clarisa, a salir a trabajar por horas para que no falte la comida en casa. Julio trabaja haciendo changas hace bastante tiempo, es ayudante de albañil y hasta manejó un remise.

Su mamá trabaja muchas horas fuera del hogar y logró conseguir un terreno donde viven, en una casa muy precaria, pero no pasan frío y tienen comida. Julio sueña con comprarle una heladera a su mamá y a sus hermanos. Con ese objetivo, se anotó en el Programa Empujar, una iniciativa que brinda capacitación y oportunidades para la inserción laboral a jóvenes de bajos recursos. Promueve un fuerte intercambio entre el mundo empresario y la comunidad y genera un impacto positivo hacia adentro de las empresas; transfiriendo hacia los jóvenes herramientas y saberes que apuntan a recuperar la cultura del esfuerzo y el trabajo.

A esta altura una pregunta resuena como un latiguillo ¿Cuáles son las mejores estrategias de intervención para mejorar la calidad del empleo juvenil?

El Programa Empujar resulta al respecto un caso emblemático en la Argentina. Una iniciativa que desarrolla la Fundación Pléroma y que promueve la integración entre empresas y jóvenes con pocas posibilidades de conseguir empleo o en vías de empleos pauperizados. Allí un grupo de empresarios comprometidos desarrollan valiosas tareas de inclusión y capacitación para jóvenes de 17 a 20 años que se encuentran cursando el último año de la escuela secundaria pública.

En diálogo con Infobae Mariana Frenkel, directora del Programa Empujar, detalla cómo funciona: “En la capacitación les brindamos a los jóvenes herramientas y conocimientos que les suman valor para su inserción laboral. La mayor parte de los contenidos tienen que ver con el desarrollo de competencias “blandas”. El objetivo de los talleres que brindan numerosos voluntarios, es poder estimular a cada uno de los jóvenes para que logre desarrollar su máximo potencial, elevar su autoestima, su capacidad analítica y expresiva, fortalecer habilidades para que logre sentirse un sujeto libre con capacidad de decidir y generar su propio proyecto de vida”.

Agrega Frenkel: “Son los propios empleados de numerosas empresas quienes les dictan clases y les cuentan historias acerca de sus inicios laborales. Allí los jóvenes pueden encontrar analogías con sus propias historias, generando una motivación en la búsqueda de trabajo para poder progresar en la vida”.

El estudio de Cippec advierte que las políticas públicas dirigidas a la juventud en nuestro país no poseen un marco normativo sólido. “Por ejemplo. la Argentina no adhirió a la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, y el país no tiene una ley nacional de juventud, como sí sucede en otros países de la región”, concluye Repetto de Cippec.

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