Buenos Aires, 23/10/2017, edición Nº 1804

Contaminación acústica, una creciente amenaza para la salud de los porteños

Hace algunos años se manifestaba sobre todo en la zona de microcentro y algunas avenidas. A medida que creció el parque automotor el ruido también invadió los barrios.

Escribe Graciela Godoy de Sadorin 

(CABA) Gente de todo el mundo está tomando conciencia de una nueva forma de contaminación, la del ruido. El problema ha despertado considerable interés al descubrirse que algunos jóvenes sufrían una pérdida permanente de sensibilidad auditiva como consecuencia de largas exposiciones a música.

Hace algunos años la contaminación sonora de la ciudad se manifestaba esencialmente en la zona de microcentro y algunas avenidas. A medida que creció el parque automotor el ruido también invadió los barrios periféricos, que se los podía considerar como tranquilos y silenciosos.

Las estadísicas recientes son preocupantes, ya que en los últimos 30 años el nivel del ruido ha crecido un 70%. Es evidente que cada vez hay más contaminación sonora y el tránsito es el causante del 80% de la misma.

El ruido suele medirse en decibeles, un aumento de 10 veces en la fuerza de un sonido añade 10 unidades en la escala de decibeles.

Prohibido descansar

Hace un tiempo, a la hora de la siesta, la ciudad se calmaba, al igual que durante la noche. Actualmente, debido a la situación económica, en muchos casos los horarios de trabajo se han extendido provocando que el ruido se convirtiera en constante durante todo el día. Además, como la gente vuelve de su labor cada vez más tarde, continúan los ruidos hasta altas horas de la noche.

Buenos Aires es la cuarta ciudad más ruidosa del mundo después de Tokyo, París y Nueva York.
En más de la mitad de su superficie se soporta niveles de ruido superiores al máximo nivel tolerable que fija la OMS (55 decibeles), registrándose promedio de 80 dB y picos sonoros a 100 dB.

El cruce de una calle con una avenida produce el doble de contaminación sonora que cuando se cruzan dos calles. Camiones, colectivos y motos generan alta intensidad de ruidos pero al existir mayor proporción de autos, estos son los que más lo provocan.

Los lomos de burro que originan embotellamientos con frenadas y bruscos arranques; los accesos a la Avenida General Paz y rampas de autopistas; las calles angostas por donde circulan colectivos, todo contribuye a transformar la ciudad en una caja de resonancia que amplifica los ruidos.

Otra agresión para los oídos de los vecinos, que ha derivado en infinitas quejas por escándalos, son los locales bailables, restaurantes o lugares de reunión de jóvenes, donde no existen límites para los volúmenes en que se propaga la música, ni para la ruidosa salida de los concurrentes, en las que se mezclan gritos, bocinas y estruendo de motores. Es indispensable la educación de los ciudadanos, fomentando una cultura que evite los ruidos innecesarios, como los bocinazos por impaciencia.

El final puede ser la sordera

Una exposición, incluso breve, a un ruido intenso puede ocasionar pérdida temporal de sensibilidad auditiva. La exposición crónica a elevados niveles de ruido puede producir pérdida permanente de la audición. Intensidades de ruidos de sólo 50 a 55 dB pueden retrasar el sueño o interferir con él, y traer una sensación de fatiga al levantarse. También se comprobó que 90 dB pueden causar cambios irreversibles en el sistema nervioso.

El ruido puede ser el factor en muchas enfermedades relacionadas, como la úlsera péptica y la hipertensión, aunque las pruebas que se tienen son sólo circunstanciales. En cualquier caso, la contaminación acústica es una creciente amenaza a nuestra salud y a nuestra felicidad. También cabe mencionar trastornos del sentido del equilibrio que ocasionan vértigo, dolores de cabeza y vómitos. Por otra parte, el ruido produce una disminución del rendimiento intelectual ya que impide la concentración. Esta situación altera el carácter de las personas, las hace más irritables y aumenta su grado de estrés. Afortunadamente este problema es más facil de resolver con ayuda de la tecnología, con imaginación y con determinación, que la mayoría de los demás problemas de contaminación. NR

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Graciela Godoy de Sadorin, Licenciada en Química (UBA)
División Educación MACN (CONICET)

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